Desventuras de un párroco en urgencias

Soy de natural poco dado a médicos y remedios: controles de colesterol y las imprescindibles revisiones de bajos. Fuera de eso creo que la última vez que acudí al servicio de urgencias de un hospital debió ser hace más de veinticinco años por un esguince. Afición, lo que se dice afición, la justa.
El martes volví a un servicio de urgencias. Tras una noche toledana, con sensación de falta de aire y opresión en el pecho, y llamada a un amigo médico, pareció lo más conveniente.
Fue llegar, explicar lo que me sucedía y en poco tiempo me estaban realizando un electrocardiograma. Ahí comenzaron los sobresaltos.
¿Ha venido usted solo? Sí… ¿No habrá venido con su coche? No, en un taxi. ¿Pasa algo? No, nada especial, alguna cosita el electro. Vamos a hacer algunas pruebas.
Te llevas el primer sustillo, que se agudiza cuando la doctora, dirigiéndose a una enfermera le dice: este señor ha venido solo, así que en lugar de que se quede en la sala de espera, lo pasáis a un box por si necesitara algo, así me quedo más tranquila. ¿Una cosita en el electro y mejor en el box? ¿Pero aquí que pasa? Le digo: ¿hay algún problema, llamo a alguien? Porque se supone que me podré marchar ahora, ¿no? Respuesta: bueno, ya veremos..
Total, que ahí me veo en un box de urgencias, bien acomodado en un sillón y a la espera de lo que decidan hacer con un servidor. Al poco tiempo una enfermera: voy a hacerle una extracción de sangre para una analítica. Perfecto, pero cuando acaba veo que me deja puesta la vía en el brazo. ¿Y esto? Por si luego nos hiciera falta.
Vamos a ver, vamos a ver. Que un servidor hace nada y menos vino aquí tan tranquilo, bien es verdad que con una cierta sensación de falta de aire y molestias en el pecho y estoy en un box de urgencias, con una vía en el brazo, y me acaban de decir que el electro tiene alguna cosa. Antes de responderme, un auxiliar: nos vamos a sacar unas placas del pecho. Muy bien. Pero por favor, le llevo en la silla de ruedas. Es más prudente. ¿En silla de ruedas?
Total, que entras en urgencias casi hecho un chaval y a las dos horas te sientes una piltrafa, en silla de ruedas, con una vía en un brazo, la noticia de “algo” en el electro y pensando… como sigamos a este ritmo, en dos horas en la UVI y en cuatro en la capilla ardiente. Solo me faltó pedir confesor.
Afortunadamente no había nada especial. La analítica normal, parece que las placas sin problema y lo del electro un puntito sin más, pero hombre, que estas cosas acongojan. Lo que tengo, porque sigo en ello, es un catarrazo de campeonato con una congestión pulmonar que cuidar. Tanto, que cuando por fin conseguí salir a la calle otra vez como ser normalizado, fui a la farmacia a por las medicinas y el buen boticario me dijo: caramba, ¡menuda infección tiene usted!
Pero estaba en la calle. Otro taxi y a casita, a la parroquia, viva la tranquilidad del hogar. Eso sí, me dejé el teléfono en el taxi, que afortunadamente pude recobrar a las pocas horas. Ahora ando con antibióticos y mucolíticos. Pero ese rato de susto…
PD. Con mi agradecimiento a los profesionales que me atendieron.

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Ya va siendo hora de superar a Boff

Misa progre de BargalloA finales de los setenta, no digamos en los ochenta, no había parroquia, movimiento, asociación o grupúsculo que no tuviera como uno de sus principales libros de referencia para su “formación” cristiana alguno de los libros de Leonardo Boff, especialmente “Los sacramentos de la vida”. ¿Quién de nosotros no se sabe la historieta del sacramento de la colilla, el pan o la vela de navidad?

Aquel librito ayudaba a entrar en lo simbólico, pero poca cosa más. Porque la institución de los sacramentos por Cristo había que entenderla según y cómo y lo de los sacramentos como fuente de gracia pues cómo y según. Es decir, que se recreaba en lo secundario para pasar de puntillas por lo fundamental. Sigue leyendo

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Seguir los dictados de Gandhi

Rafaela se sentó en la primera fila. Habían organizado un par de charlas de formación para voluntarios de Cáritas abiertas a cristianos de toda la zona y pensó que podía ser una buena oportunidad de conocer cómo estaban las cosas y ver qué podía hacerse. El ponente, de campanillas: de la escuela de Cáritas, profesor, muchos títulos, muchas conferencias. La cosa prometía.

Bastantes oyentes, lo cual no estaba mal. Anunció que hablaría de la situación actual, de las causas y de posibles acciones. Al principio fue ofreciendo datos que quedaban un poco lejos: que si la India, que si número de ricos y pobres en el planeta, que si unos índices un poco raros… Rafaela hubiera preferido más bien datos de España, de Madrid o de los pueblos. Sigue leyendo

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Un problema de buena educación

Cuando ayer contaba esos bautizos surrealistas que me tocó sufrir en la parroquia, gente tuve que apelaba a la quizá insuficiente preparación de los sacramentos. Pero no es ese el problema. Porque claro, tienes una entrevista con los padres, primero individual, luego algunas charlas sobre lo que es el bautismo a las que en ocasiones asisten también los padrinos. Pero lo que no hay forma es de catequizar de paso a todos los asistentes.

No nos engañemos. Es un problema de mala educación, de no saber estar, de no comprender lo que significa vivir en sociedad. Sigue leyendo

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La que me montaron en los bautizos de ayer

Ustedes a lo mejor se piensan que las cosas de las parroquias son tediosas por corrientitas y siempre parecidas. Qué engañados están. Cuando todo parece que es dar vueltas a lo mismo de repente un día se lían las cosas y te encuentras con que te montan el numerito y sin saber muy bien por qué.

Ayer sábado tuvimos varias cosas en la parroquia: misa a las 9:30, primeras comuniones a las 12, una reunión por la tarde fuera de la parroquia, bautizos y la misa de la tarde. Los bautizos le tocaron a un servidor.

Bien, en principio como todos los bautizos. Bastante gente nada habitual en la iglesia, eso se nota pronto, y poco más. Al comenzar, los avisos de siempre. Una llamada al silencio: estamos en la iglesia, esto es una celebración dede fe, ahí esta el sagrario con el Santísimo y ademas servidor con una seria afonía, y un sugerir que sean discretos con las fotos. Así comenzamos. Sigue leyendo

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Donde está el abuelito, matarile, rile, rile

Lo dijo Einstein: “hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana”. Lo del universo me plantea algunas dudas, lo de la estupidez, cada día lo veo más corroborado.
Anoche un exitazo la presentación del libro “De profesión, cura”, aunque espero con auténtica ansia la crónica de Bruno. Pues eso, que al acabar, y mientras tomábamos un “rafaelesco” piscolabis, me contaron una anécdota de esas que te hacen afirmar que no somos más bobos por falta de entrenamiento.

Pues resulta que una familia sufrió la muerte de un abuelo. A ver cómo explicas al niño pequeño lo que ha ocurrido. Los creyentes lo tenemos facilito: creemos en la vida eterna y contamos a los niños que se ha ido al cielo, que se lo ha llevado Jesús, que ya está con Dios y con María. Los no creyentes supongo que les dirán que la vida de todos acaba alguna vez y que hay que aceptar esa realidad de la condición humana. Hasta aquí todo correcto: creyentes y no creyentes responden así. Sigue leyendo

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¿Donde comprar “De profesión, cura”?

 

Pueden hacerlo aquí, tanto en papel como en versión pdf: http://www.vitabrevis.es/2013/05/de-profesion-cura.html

Además la editorial me informa de que “Si hay cualquier problema con el pago o para que enviemos un ejemplar firmado por D. Jorge, basta enviarnos un mensaje a la editorial”. El correo de la editorial es info@vitabrevis.es

 

 

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