Feliz el cura que tiene su Betania

He tenido la oportunidad de celebrar misa en dos ocasiones en Betania. Betania era ese lugar en el que Jesús se retiraba alguna vez para descansar y disfrutar de la compañía de sus amigos Marta, María y Lázaro. Suerte la de Jesús que tenía su lugar de serenidad, ocio, descanso. Suerte la suya.

Los curas necesitamos algo así. Una casa de confianza, unos amigos, un lugar donde poder acudir ese día que no puedes más, ese momento de cansancio o agobio, en esa oportunidad que todo se hace cuesta arriba. Pero también necesitamos ese lugar como espacio donde vivir siendo Jorge, siendo un amigo, donde puedes dejar de ser “el cura”, donde eres uno más, donde puedes estar sin tener que medir palabras o gestos, sabiendo que nadie te va a mal interpretar y que tus desahogos quedarán en el silencio y la discreción de los amigos.

Betania no es en absoluto esa familia que tiene al cura casi prohijado y con la que come, cena, pasea y hasta se va de vacaciones. Creo que no es bueno. Vaya pesadez el cura todo el día en casa. No te casas con una mujer y te casas con una familia. No es bueno.

Tampoco es Betania esa señora o señor o matrimonio que no salen de la parroquia, todo lo hacen, todo lo mangonean, obligan, insisten, organizan, manipulan, crean filias y fobias y son los omnipresentes. Ni mucho menos.

Las Betanias buenas evidentemente son personas, y personas muchas veces colaboradoras, disponibles, de esas que siempre están ahí. Pero su gran cualidad es la de saber acoger al sacerdote, escucharle en sus malos momentos, dar un consejo de amigo y hermano, y dejarle la casa abierta para que sepa que tiene un lugar donde estar y acudir.

Betania no obliga, no manda, no condiciona, respeta el ritmo y la vida llena de manías del sacerdote, pero está. Es esa casa en la que te invitas a comer en la cocina y dejas salir las lágrimas porque algo te rompe el alma. Son esos amigos que saben respetar tus silencios y ausencias y te aceptan como eres simplemente porque te quieren de corazón.

En Betania hay un plato de comida siempre, una cerveza fresca, un saber escuchar, un no te preocupes, un llorar y reír juntos.

Hay pocas, no nos confundamos. Uno en la parroquia tiene feligreses, amigos, colaboradores, voluntarios, amiguetes… pero no siempre Betania.Y si hay es una o dos… no abundan.

Siempre tuve mi Betania. Hoy la tengo. Feliz el sacerdote que encuentra algo así. No es un amigo sin más, no es el director espiritual que es otra cosa, ni el cura de al lado. Es, como pasaba con Cristo, una casa a las afueras de Jerusalén, fresca, con su parra cubriendo la entrada, un cántaro de agua fresca, unos amigos felices de poder compartir la charla y la mesa.

Ojo, amigos y hermanos sacerdotes. Una Betania no se improvisa. Si se elige mal en lugar del lugar de descanso será la fuente del cotilleo, una manera de demostrar a los demás que soy más amigo del cura que nadie, una forma de tocar poder en la parroquia, o una fuente de reproche de esas que acaban diciendo fíjate con la de veces que vino a casa el cura y mira ahora…

Cada cura tiene la suya. Don Fulano paraba bastante en casa de Juan. Pero don Mengano se encontraba estupendamente con Pepe y María, así como don Jesús acudía donde la señora Petra. Nada que reprochar ni a los curas ni a Juan, Pepe, María o la señora Petra. Gracias a esas buenas familias que supieron acoger a aquel sacerdote y comprender que otros se encontraban más cómodos en otro lugar quizá la vida del sacerdote pudo ser fructífera y la vida parroquial más rica.

Gracias Betanias de los sacerdotes por vuestra generosidad. Que Dios os pague ese saber ofrecer la parra, el cántaro y el estar juntos.

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La beata Teresa de Calcuta no va a los talleres de espiritualidad de Manresa

Ni sus hermanas tampoco.

Aunque alguna vez ya lo he dicho, es de esas cosas que de cuando en cuando merece la pena recordar. Un servidor hace tiempo que tiene como criterio para su personal vida cristiana y su acción pastoral hacerse la siguiente pregunta: ¿la beata Teresa de Calcuta se apuntaría a algo así? ¿Enviaría a sus hermanas a un curso de este tipo, a unos ejercicios de esta forma, o les invitaría a leer libros de tal autor o tal espiritualidad? Si la respuesta no es claramente positiva entonces lagarto, lagarto, no es propuesta de fiar.

Acaba de llegar al correo de la parroquia la propuesta de actividades de la Cueva de San Iganacio de Manresa, un centro jesuita que se presenta como centro internacional de espiritualidad. Merece la pena conocer las ofertas, para acudir o salir huyendo, depende ya de la idea de cada cual.


Las ofertas quizá fueron originales en los años sesenta. Hoy ni eso. Pero nos ofrecen, por ejemplo, “un camino de oración basado en la quietud postural, la respiración y la repetición de una invocación o mantra mediante una sucesión pautada de meditaciones en común. La dieta es vegetariana”. También tiene su gracia la propuesta de “una introducción intensiva a la oración contemplativa, mediante el aprendizaje de la postura corporal, con ejercicios de yoga, de respiración y de visualización para conducir al umbral del silencio”.

No se pierdan bajo ningún concepto una cosa que consiste en “Un camino práctico, vivo y actual de madurez humana, inspirado en el Zen japonés y en San Juan de la Cruz, que nos permita vivir un encuentro interior y exterior. Se tendrá en cuenta una buena postura para calmar el cuerpo, calmar la imaginación y tomar como base la Atención, Concentración y Respiración. Regularemos el cuerpo, la mente y la respiración para poder vivir la calma necesaria y vivificante”.

Interesantísimo “El Taller Base de Enneagrama, en su 16º año de edición, consta de tres fines de semana dedicados al descubrimiento y profundización de la teoría enneagràmica… La metodología incluye presentaciones y discusiones de la teoría, ejercicios individuales y en grupo, así como la identificación de enneatipos a través de personajes de películas”.

No. No acaba ahí la cosa. Porque tampoco es manca esta otra posibilidad: “técnicas corporales en el campo de la espiritualidad, especialmente de la postura y la danza contemplativa. Asimismo se busca establecer la conexión danza y espiritualidad a nivel experiencial”, aunque también es provocativo apuntarse a “nuevos aprendizajes clave para disfrutarlo y acceder a lo que llamamos espacio interior: atender, respirar, rendirse, visualizar, sentir, posturas, hablar, energetitzar y fluir…” especialmente lo de energetizar… que debe ser la leche.

Pueden seguir. Encontrarán cursos para entender el simbolismo de los sueños, practicar la conciencia plena, o una impactante actividad que de describe como “Qi (energía) Gong (ejercitar, cultivar), permite ejercitar nuestra energía vital, en el contexto de la Energía Universal. Cultivar y experienciar el Qi propio y el Qi que configura el Universo, la Creación, como una unidad de lo visible y lo invisible, de lo tangible y del misterio inefable. Se practicaran ejercicios dinámicos, suaves, armónicos y meditaciones, dejando que la Energía pura divina, Dios, haga en, con y por nosotros”.

Yo de estas cosas ni entiendo nada ni ganas de hacerlo. Pero imagino cosas y me entra la risa floja.

Imaginen conmigo, no se corten. Vean a la beata Teresa de Calcuta reunida con sus hermanas y programando días de retiro y de ejercicios espirituales para todas ellas. De repente se levanta una y dice que le apetecería mucho eso de la postura corporal y el yoga. Otra pide permiso para avanzar en la madurez con el zen y San Juan de la Cruz. Esa de allá dice que necesita conocerse y quiere ir a unos cursos de enneagrama, mientras que esta otra lo que de verdad ansía es hacer danza contemplativa para energizarse mejor. Una hermana joven de repente pone los ojos en blanco para pedir que le dejen experienciar el Qi propio y el ajeno en la fusión con la Energía pura.

¿Qué piensan que diría la beata Teresa?

a) Esta encantadísima con sus hermanas, da permiso a todas y se va con ellas a Manresa para apuntarse a lo de adquirir la conciencia plena.

b) Pone cara de póker y les dice que ya verá, y que mientras mejor unas horitas de adoración al Santísimo.

c) Directamente les dice que si están tontas y que a trabajar y a rezar como toda la vida y que se dejen de bobadas.

(Si creen que la primera, me voy a Manresa. Si la segunda, sonreiré. Si la tercera, es que definitivamente conocen bien a Teresa, la de los pobres). No faltará quien diga que es que es una religiosa muuuuuuuuuuuuuuuuuuy antigua. Sí. Y más comprometida con los pobres que todos los del Qi y la danza juntos.

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Desde mañana una capilla menos en la universidad

¿O acaso lo dudan? La comunicación del rectorado de la Universidad Complutense de Madrid al arzobispado de Madrid de que mañana martes procederán a desmantelar la capilla de la facultad de Geografía e Historia es un punto y final.

La disculpa es de esas que parecen de justicia: “faltan aulas y ahí pueden colocarse cien estudiantes”, pero sabemos que en el fondo la razón es claramente otra. Hace tiempo que las capillas universitarias sufren todo tipo de desmanes y todos sabemos que a corto y medio plazo están destinadas a desaparecer en aras de la supuesta laicidad de la universidad que es capaz de admitir en el campus absolutamente todo excepto la religión católica.

Sería interesante conocer cuántos grupos, grupúsculos, asociaciones, kolectivos de esos con k, partidos o sindicatos poseen espacios exclusivos en cada facultad. Aquí todo bicho viviente tiene el privilegio de disponer de lo que es de todos, menos los católicos, a los que por ser tales, y a pesar de que pagan sus tasas como todo el mundo, se les niega el pan y la sal.

El capellán ha convocado una misa para hoy a las 13 h., que siendo tiempo de vacaciones no estará especialmente concurrida. Es verdad que acudirá incluso un grupo de gente y que entregarán firmas en algún lugar, firmas completamente inútiles por otra parte. Ya se sabe que los católicos somos buena gente, incapaces incluso de tirar papeles por la calle en una manifestación.

Si mañana el rector decidiera quitar un local a alguno de esos kolectivos no violentos, pacifistas, amantes de la universidad participativa, solidarios con los desfavorecidos y preocupados por lo social, lo menos que le pasaría es que okuparan las facultades, quemaran unos cuantos contenedores, llenasen de pintadas el campus y tuvieran que vérselas con un puñado de antisistemas capaces de pasar de la complutense a arrasar medio Madrid. Por tanto los locales de esos buenos chicos, ni tocarlos.

¿Qué van a hacer los católicos? Pues nada, rezar, decir que es injusto y tal vez presentar alguna querella en los tribunales que se resuelva en unos pocos años. Ná de ná. Quizá una nota de protesta del arzobispado denunciando que la universidad se cisca en los acuerdos con la Iglesia. Ná. Si acaso algo en ABC o La Razón. Y en últimísimo caso con decir el rector al arzobispado que se buscará una solución pues ya está. Luego ya la solución vendrá en dos meses o diez años… o no vendrá, pero seguro que la están buscando.

Cada día soy un poco más drástico. Rebelde porque el mundo me hizo así y porque al final te das cuenta de cómo te van tomando el pelo. ¿Quién celebrará hoy la misa? ¿El capellán? Hoy es de esos días para que aparezca por allí alguien con la mitra “mu bien atornillá”, celebre misa, y en lugar de desmantelar la capilla, monte en esa misma capilla un lugar de adoración perpetua al Santísimo Sacramento.

Y si aparecen unos cuantos operarios y tienen las santas narices (esas narices de la entrepierna) de pretender llevarse la custodia con el Señor, pues fotos, notario y una mitra en medio diciendo que pa narices las suyas.

Ya ven. Que me he levantado guerrero. Lástima de don Camilo sacando brillo a los candelabros de bronce.

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Los curas siempre poniendo pegas

Es que somos así, es como si en el día de la ordenación se nos transformara algún gen y desde ese momento adquiriésemos el vicio de poner pegas a todo y por todo. Es verdad que hay compañeros que lo superan y a todo dicen que sí, pero consideren el hecho como esa famosa excepción que confirma la regla: el cura, por ser cura, sufre permanentemente una irresistible inclinación a poner pegas a todo, a todos y por todo.

No necesito para demostrarlo acudir a historias y anécdotas de compañeros que lo explicarían todo. Me basta y me sobra mi propia vida para que comprendan esta maldición que arrastramos en nuestra condición de presbíteros. Ahí les van algunos ejemplos.

Víspera de boda. A media tarde llamada de teléfono de floristería “Gómez”:
– Buenas, que cuándo podemos llevar las flores mañana sábado.
– Pues miren, a primera hora, que tenemos un día especialmente complicado y luego tenemos que salir.
– Vale, ¿a las doce está bien?
– No. A primera hora… como tarde a las diez.
– Es que tenemos que colocar los centros antes, y claro, eso lleva su tiempo. ¿Usted no está en la parroquia todo el día?
– No pensaba… Tenemos un sábado complicado.
– Desde luego ustedes no facilitan nada las cosas.

Despacho parroquial.
– Que venimos a preguntar por los bautizos.
– Muy bien… ¿Por dónde viven?
– Ejem… por Plaza de Castilla (a tres o cuatro kilómetros de aquí)
– Lo normal sería que acudieran a su parroquia
– Sí… pero es que los días que bautizan no nos convienen, porque bautizan los domingos por la tarde y a nosotros las tardes de los domingos nos gusta pasarlas en el parque.
– Pero eso no es razón…
– Vámonos, cariño. Encima que queremos bautizar al niño nos ponen pegas.

Otra de bautizos.
Dos mamás. Niñas talluditas.
Primera comunión en perspectiva y los niños sin bautizar. Una de ellas, feligresa. La niña va a hacer la primera comunión en su colegio y hay que bautizarla. Pues nada, a ver cómo lo hacemos. En esto la otra mamá:
¿No podría de paso bautizar también a la mía?
– ¿Ustedes dónde viven?
– En una urbanización de la carretera de Burgos.
– Pues mejor que lo hable con su párroco.
– Bah, ganas de complicar la vida a los padres. No sé por qué para que hagan la comunión los niños hay que bautizarlos primero. Ustedes siempre poniendo pegas.

Ahora un expediente matrimonial. Tenemos despacho todas las tardes. Pero hete aquí que para los novios es imposible acudir a la parroquia en esa hora (el caso es que para ir al médico, al notario, al registro de la propiedad o a la delegación de hacienda SIEMPRE pueden arreglarlo para acudir cuando les dicen, lo de la parroquia parece que es distinto).
¿No habría la posibilidad de acudir en otro horario?
– Bueno, podemos quedar un sábado o un domingo al acabar la misa de la tarde, sobre las 20:15 h.
– ¿Y no podría ser más tarde? ¿Cómo a las 21 o 21:30? Es que los domingo, en verano, solemos ir a la piscina, y era por aprovechar un poco más el día.
– Pues no. Porque los domingos a esas horas tengo costumbre de sacar al perro.
– Jo, qué borde, encima que queremos casarnos por la Iglesia nos pone pegas. Luego se quejarán de que la gente no se case o lo haga por lo civil.

Templo parroquial. Mientras preparas la misa detectas que alguien, muy silenciosamente, está dejando cosas en el atrio del templo. Te acercas, y en ese momento observas que están dejando dos enormes bolsones de ropa, unos libros usados de texto, y un cajón con sartenes y cacerolas viejas.
– Hola, que traemos esto para Cáritas.
– Se lo agradecemos mucho, pero es que no sé si han visto el cartel abajo, que no recogemos ropa en la parroquia.
– Sí, pero hemos pensado que ustedes sabrían donde llevarla.
– ¿Y los libros estos?
– Son de hace años, pero a lo mejor le valen a algún niño. Y las cacerolas y las sartenes están usadas pero a lo mejor a alguien…
– Me temo que ninguna de estas cosas nos es de utilidad.
– Vale, vale, pero como dicen que hay tanta necesidad. Luego resulta que traes algo y encima te ponen pegas…

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Rafaela y la censura de D. Jesús

Decidió don Jesús aprovechar el verano para ofrecer a los fieles de su pequeña parroquia unas sencillas charlas de formación. Decía el buen cura que en cuaresma había cuatro en el pueblo, pero que ahora, con la cosa de los veraneantes, siempre se llegaba a más gente. Así que lo tenía como costumbre.

El caso es que el reverendo tenía buenos amigos sacerdotes que acudían a la parroquia sin demasiadas dificultades y aprovechaban para pasar un día en el campo y comer productos de la tierra.

El primer día acudió D. Francisco, aunque les dijo que le llamaran mejor Paco, por lo visto teólogo de campanillas y profesor de una prestigiosa universidad católica con sede en Madrid. Qué bien hablaba el profesor. Les explicó lo que era la Iglesia y cómo entenderla dese el Vaticano II. Una Iglesia de todos, donde todos fueran escuchados, nada de seguir dependiendo de los clérigos, abierta, participativa, donde fuera posible la libertad de expresión y de pensamiento, con un clarísimo protagonismo de los laicos y opción preferencial por los pobres.

Rafaela a nada dice que no. Su problema es que tiende a sacar conclusiones no siempre del gusto de los demás. Pero es lo que tiene razonar más de la cuenta, que puede acabar resultando muy molesto. Si a esta compleja cualidad se le une el no callar ni debajo del agua, más que molesta, Rafaela es una mosca de esas de salva sea la parte.

El caso es que Rafaela se acercó a don Jesús a decirle que había salido convencida de la charla de don Paco, manifestar su adhesión sin condiciones al concilio y ponerse al día de una vez. Porque mire usted, don Jesús, es que tenía mucha razón con eso de los laicos, la libertad de expresión y sobre todo que la Iglesia no es del papa ni de los curas, sino de todos, sobre todo nuestra, de los laicos que para eso somos más.

Por cierto, Joaquina, María, el señor Antonio y algunos más están de acuerdo con esto, tanto que ayer mismo tuvimos reunión en mi casa para tomarnos las cosas de otra manera y ver cómo ser más modernos y más conciliares.

Para empezar, hemos decidido que por qué tiene usted que programar las charlas y traer a la gente que quiera sin consultar con nosotros, los laicos, que además somos más. Porque mucho despotricar contra la jerarquía, pero siguen mandando ustedes como siempre. Así que se acabaron estas charlas. A cambio, hemos pedido a D. Ramón, ese primo de María que está dando clases en Roma, que viste de negro riguroso y dice unas misas que da gusto oírlas, que nos cuente él que es eso de la Iglesia, así tenemos las dos interpretaciones y por tanto somos una parroquia abierta a todas las opiniones, plural y casi hasta democrática. ¿Qué le parece?

Pero mujer, cómo vas a traer a la parroquia a alguien tan tradicional, al primo de María, que cada vez que dice misa pide el lavabo y la campanilla y encima se sienta a confesar un rato en el “kiosko”. Ese señor no habla aquí, mejor seguir con lo que teníamos preparado.

Comprendo, dijo Rafaela. Mucha democracia, mucha libertad de expresión, mucho la Iglesia somos todos y ya está bien de aguantar al papa y a los obispos, pero en mi parroquia mando yo, y en ella hablan solo los que yo digo. ¿Pues sabe lo que le digo? Que nosotros a las charlas no volvemos porque esto es una tomadura de pelo. Mucho bla, bla, bla pero al final estamos en las mismas.

De todos modos, como D. Ramón va a pasar unos días en el pueblo, nos reuniremos con él una tarde en casa de Joaquina y le preguntaremos por las cosas de don Paco, que tengo apuntes. Y otra cosa… ¿no decía usted el otro día, a propósito de no sé qué teólogo que según usted vale mucho, que era hora de acabar con la censura en la Iglesia? Si antes lo dice, antes le pone el veto a don Ramón.

Ay don Jesús, que se les pilla a la primera…

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Miren lo que nos acaban de regalar

la foto (5)No nos falta razón a los curas cuando nos quejamos de que a las parroquias nos llegan demasiados trastos. Cualquier compañero sabe de imágenes y cuadros infumables que alguien llevó a la parroquia convencido de que “todo vale”. Como tampoco extraña abrir las puertas del templo y encontrar cuatro bolsones de ropa, dos sillas a medio uso, un televisor obsoleto y un conjunto de sartenes con más uso y más grasa que el palo de un churrero que alguien generosamente donó en favor de los pobres, que ya se sabe que se muestran encantados de poder llevarse a casa la sartén con la que la señora María ha frito empanadillas en los últimos veinticinco años y si encima lleva la grasa incorporada, pues mejor.
La verdad es que a veces sí que te llevas sorpresas y de las buenas. Lo que pasa es que nosotros contamos los absurdos, que son mayoría clara, vamos a reconocerlo, y nos callamos esos regalos que también llegan, que sorprenden, emocionan y dejan sin palabras. Me van a permitir que les cuente el último regalo de esos tan especiales que nos ha llegado a la parroquia.
De cuando en cuando nos acercamos a llevar la comunión a un matrimonio de ancianos. Agradables, de buena conversación, la verdad es que cada vez que me acerco a su casa pasamos un rato muy agradable. Hace días decidieron enseñarme algunas imágenes que tenían en casa. Entre ellas, un preciso Cristo, una talla de unos sesenta – setenta centímetros, con muy buena pinta. ¿Le gusta, padre? Una preciosidad… ¿Le interesaría para la parroquia? Claro… No hay más que hablar, es suyo. Y si podemos, nos hacemos cargo de su restauración.
Pues en la parroquia está y andamos ahora con las primeras gestiones para su restauración. Ya nos hemos puesto en contacto con un taller madrileño con experiencia más que probada y a ver qué nos dicen.
No es el primer regalo de este tipo que nos llega. La talla de la Virgen que tenemos en la capilla de diario, de muy buena factura por cierto, fue donación de una familia que no deseaba para la imagen un anticuario o un museo, sino que tuviese culto. Igual pasó con el precioso cuadro de la Virgen con el niño que se encuentra en la capilla de la adoración perpetua. También es lo que me han pedido para este Cristo: que tenga culto.
Por supuesto que lo va a tener. En cuanto esté restaurado se colocará en la capilla de diario donde hoy tenemos un crucifijo que no está mal, pero que no deja de ser una cosita de escayola. Mendo cambio.
Y algo casi como post data. Cuando se habla de bienes de la Iglesia, rápido hay gente que nos tacha de expropiadores, timadores y no sé cuántas cosas más y que “exige” que se vendan los bienes y se dé el importe a los pobres.
Pues miren, en esta parroquia de un servidor tenemos una talla de la Virgen, un cuadro y ahora un Cristo, de un cierto mérito. No lo vamos a vender por varias razones. La primera, porque se han donado PARA QUE TENGAN CULTO, no para que acaben en casa de un señoritingo adornando un salón. La segunda, porque hace más por la caridad cristiana y por los pobres el culto a esas imágenes que las laicas soflamas reivindicativas de lo social. La tercera, porque los mismos que han donado esas imágenes, también dan para los pobres, cosa que a la inversa no pasa nunca. La cuarta, porque mucha gente a la que se ayuda prefiere no comer que hacerlo a costa de que una imagen salga de la iglesia para posarse en un casopón de papel couché. La quinta, porque hasta ahora, para atender a cien familias en el economato, y a quinientos usuarios en el programa de paro, no nos ha hecho falta.

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Te falta valor. Pero te quedas con unas ganas…

Lo de “te falta valor” era una de las frases favoritas de mi madre. La soltaba en esos momentos en que te quedas con ganas de decir o hacer algo que sería justo y necesario, y que aclararía las ideas de algunas personas, pero que a final prefieres callar por no liarla.

Miren que es pesadita la cantinela de la Iglesia a la sacristía y la fe algo estrictamente privado. Hace unos días lo volvía a recordar la consejera de educación de Asturias. Se repiten más que el ajo, la morcilla y el pepino juntos. Curas, monjas, frailes, católicos… a las catacumbas, a vivir su fe en el ámbito de lo privadísimo, y a dedicarse a rezar y a decir a la gente que sean buenos para que puedan llegar al cielo. Lo demás, ya se sabe, es cosa de la sociedad civil.

Cada vez me entran más deseos de que eso se hiciera realidad algún día. Me da por soñar y me imagino una sociedad española donde efectivamente curas, monjas y frailes se dediquen solo a rezar y a mantenerse dentro de los muros de sus iglesias y conventos, acompañados por los fieles que lo deseen en la misa, el rezo del rosario, las devociones privadas y los dulces coloquios espirituales. Y nada más. La calle, lo público, en manos de la autoridad civil.

Una sociedad en la que de la noche a la mañana se cerrasen los 6.041 centros de enseñanza, con 1.370.000 alumnos gestionados por la iglesia, especialmente por órdenes y congregaciones religiosas, los 87 centros hospitalarios, 55 ambulatorios, 831 casas de ancianos y minusválidos y 433 orfanatos y guarderías. Mucho mejor que todo sea gestionado directamente por las administración. Costará muchísimo más dinero, pero será laico, que es de lo que se trata.

También sería bueno, en aras del triunfo de la laicidad, que los casi tres millones de personas atendidas en Cáritas cada año se dirigieran directamente a sus ayuntamientos demandando ayuda social. Se acabó eso de que la caridad sea monopolio de los meapilas. Un estado que funcione correctamente debe ser capaz de echar una mano a los más débiles sin que tengan que humillarse acudiendo a los despachos de Cáritas.

Como Iglesia, incluso, suprimiría todo tipo de culto público, desde la Semana Santa a la romería del Rocío, desde la ofrenda floral a la Pilarica al Corpus de Toledo. Todo laico.

A veces echo en falta cuando tantas cosas hay que negociar con el estado y además recibimos los católicos tantos y tantos escobazos de los lugares más insospechados, simplemente poner estas cosas sobre la mesa. ¿Qué hay problemas para entenderse, que cada día tenemos que ceder más? No pasa nada. Se pone una fecha y a cerrar colegios, ambulatorios, centros de Cáritas, y desde ese mismo momento todo el culto católico dentro de sus templos sin absolutamente nada en lo exterior. A ver si de una vez se dan cuenta de lo que sería eso.

No. Tranquilos. Jamás haremos nada de eso porque sabemos lo que es la fe, las necesidades de la gente, la responsabilidad de colaborar con un mundo más justo y el mandato del Señor. Pero seguro que me entienden cuando digo que nos falta valor, pero que te entran unas ganas…

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