Y al día siguiente fue su entierro

Dejas una parroquia y acabas volviendo sobre todo para funerales. El miércoles regresé a Guadalix. Unos días antes había fallecido M.L. y su familia me pidió que presidiera el funeral. Y no podía negarme. Había mucho cariño y hasta éramos medio familia. Y se agradece en esos momentos estar como sacerdote cerca de la familia. Un gozo orar por ella con los suyos.

A la salida de la misa muchísimos saludos. Casi un año sin pisar el pueblo y los afectos surgían por doquier. No sé cuántos abrazos y besos pude repartir en unos minutos. Pero cuánto afecto y qué alegría volver a estrechar de verdad tantos corazones. Poco me imaginaba yo que al día siguiente tendría que regresar a celebrar el entierro de uno de los que abracé al salir de misa.

Una llamada al día siguiente. Eran poco más de las 12. Y no me lo podía creer.

– ¡Pero si ayer mismo nos dimos un abrazo al salir de misa!

– Un infarto. El entierro esta tarde a las ocho.

Un buen hombre en el sentido más pleno de la palabra. Y una familia a la que me siento muy unido. He casado a dos de los cuatro hijos y bautizado a sus ocho nietos. De esa gente de misa de cada domingo, de estrecha unión con su parroquia, disponibles para todo. Tanto los padres como sus hijos. Y yo tenía que estar con ellos.

Estas cosas te hacen pensar. La vida se acaba cuando menos se piensa. Y es Dios quien llama cuando quiere. Quién nos iba a decir, quién le iba a decir al bueno de E., al salir de misa el miércoles, que al día siguiente sería la de su entierro.

La vida es lo que es. Y justo por eso no puede vivirse de cualquier manera. Parece en ocasiones que vivimos creyendo que siempre quedará tiempo para reconducir esas cosas que no van del todo bien, que algún día podremos sacar tiempo para hacer tantas cosas que aún quedan pendientes. Para dar esos besos que nos faltan, para decir te quiero, para sonreír a alguien, para leer por fin ese libro que me espera, para decirle a Dios con la vida entera que estoy con Él para siempre.

No es el caso de E. Tiene la satisfacción de dejar en este mundo a una esposa creyente, practicante, buena, generosa. Deja el deber cumplido en cuatro hijos “casados como Dios manda”, buena gente, trabajadores, creyentes, cariñosos. Y en ese montón de nietos –ocho, me parece- a los que ha visto bautizar y que están creciendo como cristianos.

Y la muerte le ha llegado en medio de una vida cotidiana colmada con el afecto de los suyos, el cariño de sus vecinos y la amistad de tantos y sobre todo la amistad de A., que es como el hermano que nunca tuvo.

Buena vida la de E., y buena muerte. Acababa de estar en misa, acababa de comulgar, y vivía la fe como se respira, con naturalidad y con hondura.

En la misa de exequias por su eterno descanso pude abrazar a los suyos. Descanse en paz el bueno de E.

Yo le pido a Dios hoy por él. Y le pido también vivir la fe como él hacía: con naturalidad, con sencillez, pero con toda la hondura y la verdad del mundo. Cuando se vive así es fácil aceptar la muerte y la VIDA.

 

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2 respuestas a Y al día siguiente fue su entierro

  1. Betsi dijo:

    Bendiciones Jorge !
    La vida y la muerte, cada cual en su extremo respectivo, motivo de alegría al inicio y de pesar al final y en medio mucho por decir, los recursos son joyas preciosas tan deslumbrantes como ellas solo saben serlo, envolviendo los sentires entre bálsamos de esperanza.
    Están a la vuelta de la esquina, con sus alientos de continuidad, llenas de enseñanzas, de amor, de entrega, de reflexiones, resulta que es bueno sentirlas a cada cual en su debido momento y disfrutarlas a plenitud, que al llegar al final de la jornada, cuando en la búsqueda de renovar energías, al sumergimos en la profundidad de los sueños, pronunciemos ¡Vida, nada me debes, estamos en paz!
    No sé cuando terminarán mis días en este mundo, está en manos de mi Dios y constante surge a mis labios "Hágase tu voluntad", tampoco no sé desde cuando empezó mi empeño en llegar al final del día haciendo un recuento de cuánto hice por Jesús, ni mucho menos el decir constante "te quiero.. un beso y un abrazo", por supuesto que en más de una oportunidad me he metido en tremendos líos por mi afán de ayudar, de dar, de amar y de regalarme sin reparos, motivo de angustias y de cuidados de mis padres cuando estaban en vida, ahora están en el cielo, así que a portarme muy bien porque feliz espero el día del reencuentro, en que con Jesús me reciban con los brazos abiertos.
    Para los familiares del buen hombre, el calor de mi corazón y para él que ha entrado en el misterio del silencio, que desde lo alto prodigue de bendiciones a sus seres queridos con la esperanza, de un hasta pronto.. que no es un adios !!
    Que dios te bendiga por ser como eres, por ser sacerdote y por ser tan amigo por encima de todo!
    Con afecto,
    Betsi.

  2. Celia dijo:

    Has traído aquí hechos emotivos y tristes que forman parte de nuestra vida.
    La vida no la tenemos comprada, por eso a veces se esconde tras la cortina el azote de la muerte.
    Pero lo importante es que cuando llegue ese momento…no tengamos las manos vacías.
    Gracias por estar aquí y tu testimonio.
    Abrazos
    Celia
     
     

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