Olé por los religiosos

 Profesé como religioso agustino en 1975. En la vida religiosa agustiniana me he formado y ordenado sacerdote. Y como agustino he vivido unos cuantos años de mi vida. Desde que me ordené la orden me dedicó al trabajo pastoral parroquial, que he vivido siempre con tal intensidad y con tal vinculación a la iglesia diocesana que un día pedí mi incorporación al clero diocesano de Madrid. Debo ser un caso curioso. Nacido en Madrid, formado en Madrid, siempre trabajando en parroquias de la diócesis madrileña… Hasta que un día te preguntas que haces fuera del clero diocesano.
Pero no soy ni mucho menos el ex fraile que se dedica a justificar sus opciones personales criticando a los que fueron sus hermanos o hablando de lo mal que está la vida religiosa. En absoluto. Fui muy feliz de fraile. Tengo grandísimos amigos religiosos e incluso me confieso alguna vez con ellos. Y los quiero de corazón.
Pero seamos claros. Entre clero regular y religiosos siempre ha habido sus "piques". Normal. Lo diocesano, con sus obispos al frente, es más digamos "totalizador". Y tiene unas estructuras firmes, sólidas y muy tradicionales en el mejor sentido de la palabra: Parroquias, sacramentos, dirección pastoral, gobierno. Y los religiosos, de siempre, son "otra cosa". Y porque lo son, han gozado normalmente de unas ciertas "exenciones" que les han permitido vivir un poco por libre, entendiendo con esta expresión, vivir sin tener que sujetarse a estructuras diocesanas o incluso en algunos momentos de la historia, realizar su misión incluso en contra del parecer de obispos que estaban mucho mejor sin que nadie incordiase o pusiese en entredicho su vida o ministerio.
Sé que exagero, pero el obispo -lo diocesano- es más derecho canónico, estructura, gobierno, ley, norma y busca da la exclusividad del título de eclesialidad. El religioso es carisma. Es Francisco de Asís predicando la pobreza y viviendo la austeridad y esa fe "naif" que nos sigue emocionando. Es Agustín que incluso siendo obispo, vive con otros hermanos para buscar cada día la verdad. Es Teresa de Jesús, empeñada en fundar en pobreza por más que la llamen loca. Claro que me dirán que de eso queda poco. Sí. Más o menos lo que queda de Pedro y Pablo en los obispos de hoy. Que todos somos pecadores.
Lo cierto es que los religiosos tienen que ser capaces de transmitir con su vida y sus obras institucionales que eso del reino de Dios, donde todo es amor y perdón, apertura a Dios, justicia y comunión, es posible. Y lo hacen. Por ejemplo, con una vida en común imperfecta, pero que es su gloria y su alegría. Y lo hacen con el desprendimiento que supone que cada cuatro o seis años se haga juego revuelto, se vuelvan a distribuir oficios y cargos, y asi nadie pueda pensar que es superior para siempre. Y con la libertad de espíritu del que vive desprendido de cargos o afanes de ascenso.
Es verdad que a veces molestan. Y que van por libre. Y que no hacen caso. Debe ser parte del paquete de la vida religiosa. Pero me encanta cada vez que incordian y llaman a una vida más evangélica, o simpemente aportan una reflexión distinta ante un problema de todos. Y me encantan los obispos cuando además de decir "ya está bien con estos religiosos, que no dejan de incordiar", saben hablar y decir… "vale, teneís vuestro carisma, pero ¿verdad que vamos a ir todos unidos en el anuncio del evangelio?".
Hoy, los religiosos españoles, han publicado una nota sobre la actual situación de la fe y la iglesia en España que es un buen signo de lo que la vida religiosa es y desea ser en este momento.
Os invito a leerlo:
 
1. Momento social. Estamos viviendo, en la sociedad española, un tiempo de crispación. Todo el mundo, en España, comprendemos de sobra lo que esta palabra recubre y expresa. Este estado de crispación se pone de manifiesto en las controversias vividas en los ámbitos de participación y decisión política (parlamento, senado, comunidades autónomas, ayuntamientos, etc.), en los medios de comunicación, – incluso en aquellos que, por su esencia origen y pertenencia, deberían ayudar a encontrar caminos de convivencia y relación respetuosa-, y también en buena parte de la sociedad española en general.

Se absolutizan los puntos de vista, disminuye la capacidad de autocrítica, se descalifica e incluso se insulta al que piensa diferente, se aceptan la mentira y las medias verdades como medio para defender la propia causa… De esta forma se nos está haciendo difícil el diálogo, la escucha del otro y la aceptación de su parte de verdad.

Nuestro país está, efectivamente, en un proceso de re-definición de realidades que afectan de lleno no sólo al mundo de la política sino también al de la convivencia social: una sociedad y un Estado laicos y plurales, los derechos de las personas de diversa orientación sexual, la defensa de la mujer y la lucha contra la violencia de género, el fenómeno de la inmigración masiva e ilegal, el Estado de las autonomías, la eliminación del terrorismo…, campos todos ellos abiertos a la controversia política y, por supuesto, social.

Somos un país formado por diferentes pueblos y culturas, con sensibilidades religiosas y políticas muy diferentes. No tenemos una tradición larga y profunda de democracia, de libertad de pensamiento y de respeto de las opiniones diferentes. Todo esto influye, sin duda, en la situación actual, en un momento en que la radicalización política se contagia a la población y se vive en los diversos ámbitos de la convivencia ciudadana, incluso en el seno de las familias.

2. Las comunidades religiosas

Las comunidades religiosas las formamos ciudadanos y ciudadanas, miembros de esta misma sociedad de la que estamos hablando. No escapamos en absoluto a las mismas influencias y respiramos el mismo aire que el resto de nuestros conciudadanos.

Sin embargo, y en función de la misma esencia de la vida religiosa, estamos llamados a presentarnos como «signo de un diálogo siempre posible y de una comunión capaz de poner en armonía las diversidades…», «entablando o restableciendo constantemente el diálogo de la caridad, sobre todo allí donde el mundo de hoy está desgarrado por el odio étnico o las locuras homicidas» (La Vida Consagrada, n° 51). De esta manera debemos cumplir con el «carácter profético de la vida consagrada» (VC, 84), ayudando, en nuestro mismo entorno y en el ámbito de nuestra influencia en las sociedades donde vivimos, a ir más allá de la justicia, viviendo el perdón y restableciendo ese mismo diálogo “siempre posible” desde actitudes de convivencia totalmente nuevas, conscientes de que «sin el espíritu de las Bienaventuranzas no se puede transformar el mundo y ofrecerlo a Dios» (VC, n° 33).

Estas frases, que todas las comunidades religiosas hacemos nuestras y reconocemos como esenciales a nuestra vida consagrada, parecen quedar al margen cuando se trata de diferencias políticas. El Evangelio parece que no tuviera vigencia -o bien se usa como arma arrojadiza– si se habla del perdón al terrorista o del rechazo a la venganza de las víctimas. El diálogo, la escucha, quedan con demasiada frecuencia fuera de las ideas o planteamientos políticos.

Hermanos y hermanas de comunidad, que se ayudan mutuamente en mil pequeñas cosas de la vida diaria y que llevan juntos adelante una misión común, se enfrentan o se ignoran cuando se tocan ciertos temas políticos que están presentes en los medios de comunicación. Si la sociedad civil está dividida, esa misma división puede encontrarse, más o menos manifiesta, en algunas de nuestras comunidades religiosas.

Como miembros de la Vida Religiosa, tenemos una responsabilidad ante el resto de la sociedad, Reconocemos ante todo el mundo que nuestro fundamento es Dios y nuestra única referencia Jesús de Nazaret y su evangelio. La Vida Religiosa se propone vivir a fondo el Evangelio, y qué puede haber más medular, más evangélico, que el perdón, el amor a los enemigos, el respeto profundo en la relación, la igualdad… Sin embargo, reconocemos que la crispación y la intolerancia entran en las comunidades al igual que en el metro o la oficina, dejando, en el terreno de nuestra vida, una parcela al margen del evangelio

Sentimos, pues, esta responsabilidad ante toda la sociedad porque, a través de nuestra misma vida y testimonio, de nuestras relaciones interpersonales múltiples, de nuestro trabajo en la formación de nuevas generaciones, en la pastoral, etc., somos muchas veces puntos de referencia a la hora de enfocar, tratar y tomar postura frente a muy diversas realidades.

En nuestra reflexión, como miembros del departamento de Justicia, Paz e Integridad e la Creación, de CONFER, nos preguntamos qué sentido tiene trabajar por la paz en el mundo y entre los pueblos por unas relaciones justas e igualitarias, acoger e integrar a los inmigrantes en nuestra sociedad respetando sus diferencias y ayudándoles a hacer ellos lo mismo y no ser, en cambio, capaces de mantener estos mismos valores con una parte de nuestra propia sociedad, nuestros propios vecinos, nuestros propios hermanos o hermanas de comunidad. ¿No es esto una incoherencia a nivel humano y evangélico?

En nuestra misma reflexión acogimos también las palabras de Monseñor Ricardo Blázquez en la manifestación de Bilbao, a primeros de febrero: «Porque queremos vivir como discípulos de Jesús, no podemos dejar de anunciar que Él nos enseñó a amar a los enemigos y murió perdonando, … a otorgar perdón quienes han sido ofendidos, limpiar de odio el corazón, reconocer como prójimo a toda persona que está caída al borde del camino, suplicar al Señor la reconciliación y orientar a ella nuestras actividades…» Y reconocimos con pena, por otra parte, que no siempre nuestra Iglesia habla con humildad y que difícilmente reconoce su propia parte de culpa en la crispación de nuestra sociedad española.

Por todo ello hacemos un llamamiento a todas las comunidades religiosas de vida consagrada y a cada uno o una de sus miembros, para que, fieles a nuestra vocación y desde la invitación del evangelio de Jesús, nos preguntemos sobre nuestros sentimientos, actitudes, posturas y conductas en este momento social, los contrastemos con el Evangelio y con la acción reconciliadora y no violenta de Jesús de Nazaret y hagamos un esfuerzo de conversión de actitudes en el seno mismo de las comunidades y en nuestras relaciones con la sociedad, privadas o institucionales, para ayudar a restablecer en todas partes una actitud de serena confrontación y de posible diálogo.

Comunicado del Equipo de reflexión del Departamento de Justicia y Paz de CONFER sobre la crispación social 

 
 
 
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4 respuestas a Olé por los religiosos

  1. Ángel dijo:

    Las reflexiones aquí compartidas traen un viento de aire fresco, el aire de quienes tienes la cabeza en el cielo y los pies en el suelo, de quienes buscan, trabajan y materializan el verdadero evangelio de Jesucristo.
    Esperemos que este viento penetre por las rendijas de puertas y ventanas cerradas que tanto daño hacen a una iglesia que debiera ser de todos y para todos y no el cantón de unos pocos que miran por encima al resto del mundo, sintiéndose poseedores de la Verdad. Cuando nadie posee la Verdad, sino que es ella quien te posee a ti. Y esta sólo se manifiesta desde la humildad; la humildad de una iglesia al servicio de los demás y no al contrario.
     Y en estos tiempos difíciles de crisis humana y espiritual es más necesario aún vivir con autenticidad el evangelio del amor sin "peros".
     ¡ Bienvenidos los "fray escoba"!, hay mucho que barrer…con Amor.
     
    Un abrazo de Ángel

  2. Lucia dijo:

     
    Tengo un Amigo/hermano que es Agustino Recoleto y no puedo decir otra cosa que está feliz en todo lo que ha hecho en su vida como religioso, unas veces le gustaba más otra menos. Pero llegamos siempre al mismo punto, LA DESCONFIANZA, y esa desconfianza la tenemos en DIOS, que no estamnos CONVENCIDOS de que nos da LO MEJOR en todos y cada uno de nuestros momentos de la existencia. Que somos nosotros con nuestro personalismo los que nos ponemos en frente y decimos NO, ASI NO, lo quiero de esta otra manera, que se me acomdoa más. Como los religiosos, los Sacerdotes normales, las casadas, los hijos de las casadas, las solteras, maestr@s, médicos…
    Yo por el momento, lo tengo claro, mi misión es la de crear armonía y Paz allá donde esté, que se note que Jesús viene conmigo, que se note que lo que predico hago yo también y con que FIRMEZA. Con Amor, con verdad, con buena compañía, nada te pesa, nada te cuesta, no ves si este o aquel lo hace mejor o más bien; Solo ves que todo está perfectamente ordenado y que tu tienes que seguir ese orden.
    ¿ No será que todo lo que nos ocurre en estos tiempos, lo necesitamos para ver si de una vez por todas, cambiamos de actitud, y dejamos de luchar con palabras bien o mal sonantes y luchamos con un ejemplar AMOR que aplaque toda situación aleccionadora?
    Nada más.
    Un enorme abrazo fraterno.
    QDTB
     
    Lucía.
     

  3. Blanca dijo:

    Saludos Jorge, cada día que vengo a tu Space veo que siempre saco algo que me sirve….El Espíritu se mueve en este lugar…Y en otros muchos también….Gloria al Señor, que a pesar de nuestras pobrezas sigue adelante la misión que El nos encomendó de ser INSTRUMENTOS de SU PAZ y de su AMOR….Qué entre TODOS, hagamos un entorno más fraterno a nuestro alrededor , ayudando a los demás y nosotros unos a otros, porque somos pura pequeñez y con frecuencia nos azotan los vientos de uno y otro lado  . Qué tengas buen día!! 

  4. Cristian dijo:

    Muy decidora la carta de los religiosos… tienen mucho que hacer, al igual, que nosotros como curas diocesanos. Bendiciones. 

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