El Golfet

 

No, no voy a hablar del último sinvergüenza, sino del penúltimo descubrimiento.

Una de las cosas que más me hacen disfrutar en mis vacaciones es poder andar sin prisas, recorrer caminos, descubrir lugares nuevos. Estoy en Cataluña, en la zona norte de la Costa Brava. Una de las cosas que más me agradan, por mis aficiones, es lo que aquí llaman “Camí de Ronda”, itinerarios muy bien señalizados que te permiten recorrer la costa disfrutando de los más extraordinarios paisajes. Hay trozos de estos caminos sencillos, llanitos, con el firme impecable. Otros, más abruptos, incómodos, llenos de escaleras irregulares, complejos. Pero justo esos son los más impresionantes.

Ayer me lancé de nuevo al Camí de Ronda. Una zona abrupta, un camino que bordea acantilados de singular belleza, escalones irregulares, tiempo, sudar un poco. Y, de repente, al doblar en un recodo, encuentro al fondo la ensenada de El Golfet. Una playa casi sin gente, limpia, pulcra, en la que apenas ocho o diez personas disfrutaban del sol y el mar.

Mereció la pena el esfuerzo. Pero es que así es la vida. La mayoría de la gente, nosotros las más de las veces, nos conformamos con el camino más rápido y cómodo. Eludimos cualquier esfuerzo de superación. En la misma vida cristiana nos basta con un pobre “ir tirando” que en el fondo nos deja insatisfechos.

En mis paseos, solitarios como mis vacaciones, tengo tiempo de muchas cosas: rezar, alabar a Dios por la grandeza de lo creado, meditar… y algo que descubro es que todo lo bello, lo bueno, lo que salva y alegra, tiene un coste.

Con demasiada frecuencia nos quedamos en un lamento profundo: no siento nada, parece que no hay sentido, me falta alegría… No. Lo que nos falta no es alegría, sino decidirnos a tomar ese camino del esfuerzo, la coherencia, el evangelio, la fidelidad. Y en ese camino siempre, siempre, se encuentra la luz. Ayer me quedé impresionado al encontrarme con El Golfet. Pero cada día uno se queda impresionado al descubrir cómo Dios, cuando se le busca sin condiciones, con generosidad y entrega, nos va regalando de continuo un Golfet de luz que nos hace entender el por qué de darnos por entero.

Hay que salir del asfalto de la comodidad y la vulgaridad. Hay que tomar el Camí de ronda del esfuerzo, pero también de la belleza y la sorpresa constante.

Y hoy, a un par de días del regreso a Madrid, me voy a otro trozo del Camí de Ronda. Otra paliza de andar. Pero otra belleza que seguro no me decepciona.

 

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Una respuesta a El Golfet

  1. Betsi dijo:

     
    Bienvenido Jorge !!
     
    Fecunda y gratificante es la soledad buscada en pos de disfrutar de la hermosura de la naturaleza siempre viva. Radiante, esplendorosa y glamorosamente colorida nos habla de la imponente obra de Dios.Gracias por enseñarnos a que nada importante se logra sin esfuerzo y el que busca, halla; y al que llama se le abrirá. Luchar por proyectos basados en objetivos y metas da sus frutos. Cualquier esfuerzo empleado parecerá pequeño cuando al final logremos nuestros propósitos.
     
     
    GRACIAS POR EL NUEVO DIA
     
    Gracias, Señor, por este día que llega,por este día que, como un regalo, nos das a nosotros, hijos tuyos.Gracias por la luz y por el sol, que en la mañana empiezan a despertar.Gracias por el viento, por los aires, que nos permite de respirar.Gracias por las aves del cielo, y por los pájaros, que ya empiezan su canto. Gracias por la naturaleza entera con la que hoy, un día más, nos quieres obsequiar.
     
     
    Con afecto,Betsi.
     

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