El amigo Pelagio

Era un buen tipo el tal Pelagio. Monje irlandés, tenía fama de hombre culto y austero, y denunciaba ya en su época (siglos IV –V) el abandono del auténtico cristianismo en la misma Roma. Nihil novum sub solis.

Pero una cosa es que fuera un buen monje, austero, lleno de buenas intenciones y de vida personal ejemplar, y otra que su pensamiento teológico estuviera radicalmente equivocado. De hecho, el mismo San Agustín, contemporáneo suyo y que llegó a conocerlo personalmente, admiraba su vida personal ejemplar, aunque teológicamente le sacudió estopa. Cosas diferentes. La santidad de vida no es garantía de la rectitud de doctrina. Uno puede ser un santo y patinar doctrinalmente, y puede ser un pecador y mantener un discurso teológico ejemplar. Cosas.

La gran tontería del amigo Pelagio fue la de llegar a afirmar que el hombre puede alcanzar la perfección en Cristo por sus propias fuerzas. Y ahí es donde San Agustín le zurra la badana: sin la ayuda de Cristo –la gracia- ni somos nada ni llegamos a nada. No sólo San Agustín. El concilio IV de Cartago (año 418) declaró el pelagianismo como una herejía y afirmó, entre otras cosas, lo siguiente:

· La gracia justificante no sólo vale para perdonar los pecados pasados sino que ayuda a evitar los pecados futuros.

· La gracia de Cristo no sólo permite conocer los mandamientos de Dios sino que también da fuerza a la voluntad para ejecutarlos.

· Sin la gracia de Dios no es tan sólo más difícil, sino absolutamente imposible, realizar buenas obras.

Es decir, que todo es GRACIA, que sin la ayuda de Dios no somos nada. Los católicos hemos aprendido en el catecismo que sin la gracia de dios es imposible vivir en cristiano. Y que la gracia de Dios se nos regala en la oración y la vida sacramental. Ambas dos.

Hoy resurgen veladamente errores viejos como la tos y más superados que el ábaco. Uno es una especia de neo-pelagianismo según el cual el hombre puede perfeccionarse a sí mismo, superarse, llegar a la plenitud de la vida en Cristo por su cuenta. Y así podemos encontrar a cristianos que no valoran el sacramento de la reconciliación, que van a misa cuando les viene bien, que comulgan sin más requisito que el que le apetezca en ese momento y que convierten la oración personal en meditar el último libro de sanación interior. Es caricatura lo que pongo. Pero no alejada de la realidad.

La vida en Cristo es vida de gracia. Es vida en la Iglesia. Es celebrar el sacramento de la reconciliación. Es celebrar la Eucaristía. Es comulgar dignamente el Cuerpo de Cristo. Es orar y meditar la Palabra de Dios.

Hemos sido rescatados al precio de la sangre de Cristo (1 Pe 1,19). Y es la gracia de Cristo la que nos hace vivir. Es cierto que en este mundo actual, que convierte al hombre en diosecillo de sí mismo, autosuficiente, parece infantil reconocer que todo es gracia y que todo se hace nada si no es en Cristo.

Lo de Pelagio es viejo. Siglo IV. Pero sigue coleando. Yo sé. Yo puedo. Yo soy capaz.

Pero nada somos sin Cristo. Nada sin Él. Nada sin su gracia. Nada sin los sacramentos. Nada sin la oración. Nada sin su Iglesia.

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7 respuestas a El amigo Pelagio

  1. Blanca dijo:

    Amigo Jorge: Tu lo has dicho: «Nada somos sin Cristo. Nada sin Él. Nada sin su gracia. Nada sin los sacramentos. Nada sin la oración. Nada sin su Iglesia». Un abrazohttp://corrientita.iespana.es/

  2. Embruxo dijo:

    Pero nuestro eterno pecado es considerarnos diosesun abrazo

  3. Myrian dijo:

    Yo sé. Yo puedo. Yo soy capaz. Yo…yo…yo..siempre yo..a veces pensamos que como nosotros no hay nadie, que somos los mejores en todo y por todo, que somos demasiado prepotentes y orgullosos, que nos sentimos Dioses. Y al final nada de nada. Sin Dios no somos absolutamente nada y pobre del que crea lo contrario, el tiempo va poniendo las cosas en su lugar. Gracias por tus buenas reflexiones Jorge.

  4. Myrian dijo:

    Oye Jorge, esto no viene a cuento de nada, pero se me ha ocurrido de repente y siento curiosidad por saber si en tu Iglesia seguís con la costumbre acaso muy antigüa de tener el agua bendita en la Pila a disposición de los devotos que así lo demandan o también eres un cura más progre como los míos…Pregunto, porque como yo soy muy arcaica, me encanta entrar en la Iglesia y santigüarme mojando los dedos en élla, pero en mi parroquia la pila está vacía desde muchos años atrás, ya se que no es importante pero a mi me gusta el agua bendita y pienso que se ha perdido o se está perdiendo este hábito y no entiendo el porque. Perdona esta intromisión, pero soy así de espontánea, no tengo remedio… Un beso.

  5. PAQUITA dijo:

    Gracias Jorge por las entradas que nos regalas.Y gracias por seguir sacando tiempo del poco tiempo que dispones, para escribirlas diariamente.Se que rezaras por tod@s tus hij@s espirituales VIRTUALES, entre l@s que tengo la suerte de encontarme.Un abrazoPaquita

  6. Maria luisa dijo:

    La gracia de Dios nos "basta y alcanza" para la autocomprensión del hombre. El hombre sólo puede entenderse como historia en marcha hacia la salvación, manifestada por la gracia en Jesusucristo. Es imposible tener noticia cabal del hombre, sin tener noticia sobre Jesús.Qién solo conozca al hombre o le atribuya poderes por sus propios medios, a través de la ciencia o de la filososofía, todavía no tiene la menor idea de lo que es. Conocemos a Dios, nos conocemos a nosotros mismos, conocemos la vida, la muerte únicamente por Jesucristo.Fuera de Él: NADA. Que errados están los que creen que pueden alcanzar la perfección sin la gracia, que es la presencia amorosa de Dios en nuestras vidas y en la iglesia, que es "sacramento" signo sensible de esa gracia que impregna el mundo y hace más eficaz la acción de la Gracia santificante. Bendiciones Jorge y gracias por esta edificante entrada. M.Luisa

  7. Betsi dijo:

    Bendiciones Jorge !!Nuestro Dios es desconcertante, porque es esencialmente gratuidad. Todo parte de El, la gracia y la gloria, el mérito y el salario. Nada se merece, todo se recibe. El nos amó primero. Nadie le puede preguntar por sus decisiones. Ningún ser humano puede levantarse ante El, reclamando, exigiendo o cuestionando. Todo es Gracia. Por eso sus caminos son desconcertantes y a menudo nos hunden en la confusión.Sin la Iglesia, la historia de la humanidad hubiera sido muy diferente y lo mismo podemos decir de nuestra propia historia personal. Por eso, decir: Jesús, sí; Iglesia, no, es olvidarse de que Jesús nos da su gracia, su perdón y su amor por medio de la Iglesia, de sus estructuras y personas, aunque sean imperfectas. Y “Cristo amó a la Iglesia y se entregó a si mismo por Ella” (Ef 5: 25).A todos:Jesús quiere llenar tu vida de alegría y paz. El es capaz de convertir tu hombre viejo en un hombre nuevo. Por eso, debes apostarlo todo por El. Vale la pena vivir y morir por Jesucristo. Precisamente, para ayudarte en tu caminar por el difícil camino de la vida, vino Jesús a la Tierra. Síguelo y serás feliz.Dios los bendiga !!Betsi. 

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