A humildad no me gana nadie

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Y mandó Dios al hombre, diciendo: de todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás. (Génesis 2,16-17).

Es Dios quien sabe lo que es bueno y malo. Es Dios quien va educando al hombre para que conduzca su vida según sus mandatos y así viva y viva en abundancia.

Pero desde el principio el hombre se ha dicho que él no necesita que nadie le diga qué es lo bueno y qué lo malo. Lo sabe él solito. Se olvida de Dios, se convierte el hombre en Dios, desprecia sus mandamientos y se marca los suyos.

Dios no nos ha abandonado a pesar de todo. Y cuando llegó el momento envió a su propio Hijo. Y Dios nos dijo: “Este es mi hijo, mi elegido. Escuchadle” (Lucas 9,35). Pero seguimos sin hacer caso al Evangelio. Somos autosuficientes.

Cristo nos dejó la Iglesia, y en ella, a su cabeza, Pedro. Y la Iglesia nos sigue orientando para que caminemos en verdad por el camino de la vida.

Pero ahí aparece la soberbia, como ocurrió al principio. Nos creemos dioses, y en consecuencia no necesitamos que nadie nos diga lo que hemos de hacer. Es sencillito:

a. Una posibilidad es negar la existencia de Dios y de cualquier verdad objetiva. Por tanto, haga cada cual lo que personalmente vea conveniente.

b. Otra, afirmar a Dios, pero diciendo que no da normas y que las normas las sabemos cada uno

c. Peligroso leer la Biblia sin la ayuda del magisterio eclesial. Leo la Biblia pero la interpreto a mi entera conveniencia.

d. Hay gente que se cree tan en la verdad que se considera capaz de criticar el magisterio de la Iglesia y, en consecuencia, acepta de este magisterio sólo lo que considera conveniente de forma personal.

Formas en definitiva de soberbia.

Las lecturas de la misa de hoy hablan de soberbia y humildad, de gratuidad y generosidad. El soberbio todo lo sabe, todo lo conoce, todo lo juzga. El humilde aprende, calla, se deja guiar por quien de verdad puede hacerlo.

Yo conozco, yo sé, yo decido, yo critico, yo juzgo… Y además soy humilde, que a mí a humildad no me gana nadie.

Feliz domingo.

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9 respuestas a A humildad no me gana nadie

  1. Carmen dijo:

    HOla Jorge, ya estoy por aquí de nuevo, despues de unas largas vacaciones.La humilda, es tan bonita, si la tuviésemos a menudo en nuestras vidas todo iríamucho mejor.Saludos JorgeCarmen

  2. Pablo dijo:

    Bien está la humildad como principio, mas no la confundamos con el conformismo y la falta de juicio. Por otra parte, hoy mismo hacía un comentario en el espacio de Maria Luisa Braconi sobre algunas incoherencias que hacen daño a la vista, pues si oído y vista no se conjugan terminamos con ese sentimiento de que hay algo que no funciona :)Un abrazoPablo

  3. Betsi dijo:

    •♥•La humildad tiene nombre, es María !!Se le anuncia que será Madre del Mesías. Ese habría sido el sueño dorado de toda mujer en Israel, particularmente desde los dìas de Samuel.Dijo María: "He aqui la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra."Posiblemente, son las palabras más bellas de la Escritura.Madre del silendio y de la Humildad,tú vives perdida y encontradaen el mar sin fondo del Misterio del Señor.•♥•

  4. PAQUITA dijo:

    Me ha gustado mucho esa entrada Jorge.Y me he reido con el título de la misma: "A HUMILDAD, NO ME GANA NADIE"Un abrazoPaquita

  5. Myrian dijo:

    Yo creo que hay más gente soberbia que humilde y lo que más me llama la atención es que si ven a uno humilde…¡a por el!! a machacarlo vivo, en cambio si uno planta cara y se les hace frente, a veces dan marcha atrás, retroceden. A mi me ha pasado. Se abusa de la debilidad..y luego no dudan en comulgar y creerse mejores y más humildes que nadie…

  6. Myrian dijo:

    ..van de listillos, nadie les pone el pie delante y hasta tienen la suerte de que todo les sonríe, aunque sean como el fariseo…mejor para ellos. Con todo es mejor mirarse en el espejo de los humildes, como ha escrito Betsi, ahí tenemos a María como ejemplo..Saludos

  7. Maria luisa dijo:

    Lo malo e incongruente son los soberbios que se creen humildes , como lo definiste muy bien en el último párrafo. El yoísmo disfrazado de humildad. Un abrazo Jorge y que tengas una nueva semana bendecida. María Luisa.

  8. Embruxo dijo:

    Si quieres ser grande, comienza por ser pequeño; si quieres construir un edificio que llegue hasta el cielo, piensa primero en poner el fundamento de la humildad. Cuanto mayor sea la mole que se trate de levantar y la altura del edificio, tanto más hondo hay que cavar el cimiento. Y mientras el edificio que se construye se eleva hacia lo alto, el que cava el cimiento se abaja hasta lo más profundo. El edificio antes de subir se humilla, y su cúspide se erige después de la humillación. besos

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