La eutanasia de doña Angustias

Doña Angustias tiene cumplidos unos hermosos noventa y cuatro años. Espléndida cabeza, y achaques propios de su edad. Llegó el invierno, y un catarro que acabó degenerando en neumonía, y que derivó como es natural en ingreso hospitalario que tuvo como inicio un box de urgencias de doce camas, donde acabaron ingresados veintidós pacientes.

Doña Angustias, con unos problemas respiratorios gravísimos, lo único que decía era que la dejaran morir en paz, que era muy mayor y que sólo deseaba terminar de una vez. Incluso le pidió al médico que le diera alguna cosita y acabar ya.

Se estaban dando las condiciones justas para aplicar la eutanasia a un ser humano: persona mayor, una enfermedad muy grave y molesta, y petición libre del enfermo en plenas facultades mentales. Ante esta situación, un médico partidario de estas cosas no es descartable que hubiera optado por la sedación y el entierro. Hoy Doña Angustias estaría criando malvas como suele decirse.

Pero junto a ella estaban un médico con una ética intachable, y unos parientes que creen en la vida más que en la muerte. Mire, señora, los médicos estamos para curar, no para que se muera. Así que lo que vamos a hacer es ponerle un tratamiento para que se cure y esté cómoda.

Pues vaya si se curó. Hoy está en su casa, con su cabeza perfecta y disfrutando de sus hijos, nietos y bisnietos. Si hubiera tenido cerca un médico más “misericordioso” hoy estaría con el Padre eterno. Que no es mal sitio, pero sin prisas, cuando Él quiera, no cuando le apetezca al médico.

El gran problema de la eutanasia es que se le plantea al enfermo en un momento en que está muy limitado para decidir, y posiblemente en términos confusos. Si tenemos un enfermo grave, lleno de dolores, y le decimos que no hay remedio y que la familia se cansa y sufre, pues quizá diga que venga la inyección y acabamos. Si le decimos que hay tratamientos paliativos del dolor, que su familia está feliz de permanecer juntos hasta que Dios quiera, pues dirá otra cosa.

Acabo esta reflexión copiando lo que el Catecismo de la Iglesia dice sobre la eutanasia y el respeto a la persona en el fin de la vida:

La eutanasia

2276 Aquellos cuya vida se encuentra disminuida o debilitada tienen derecho a un respeto especial. Las personas enfermas o disminuidas deben ser atendidas para que lleven una vida tan normal como sea posible.

2277 Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable.

Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre (cf. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Iura et bona).

2278 La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el “encarnizamiento terapéutico”. Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla. Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad o si no por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses legítimos del paciente.

2279 Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable. Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados.

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27 respuestas a La eutanasia de doña Angustias

  1. Ana dijo:

    Te contaré mi experiencia.
    Mi abuelo Rafel murió hace casi 18 años con 90 años y después de haber vivido todas las cosas que vivieron los de su época, guerra, cárcel y penurias.
    Con 80 y 85 años vió morir a su mujer y su hija, y eso es literal. Mi tía se cayó delante de él con un infarto fulminante.
    Era un hombre presumido y muy metódico, todos los días se levantaba a las 9 de la mañana, se lavaba, afeitaba y vestía solo y se marchaba a pasear o a la asociación de ancianos, y a la 1 en punto de la tarde volvia a casa de mi madre a comer, luego siestecita, un poco de tele y a cenar a las 8 y media que a las 9 había que estar en la cama. Hasta el último momento tuvo su conciencia al 100%, y murió por desgaste.
    Cuando tuvimos que ingresarle, porque le dejó de funcionar todo, enseguida le estabilizaron y una doctora sin corazón le dijo a mi madre que o le quitaban todo o que se le llevara a casa, y mi madre la contestó:
    “Mi padre ha trabajado toda su vida, y ha cotizado como cualquiera, y ahora necesita respiración asistida y comida a travñés de la nariz, su suero y su vigilancia, pues bien, así no me le llevo a casa y tendrá sus cuidados médicos, todos los que necesite hasta que Dios quiera”.
    La doctora en cuestión dudó de que mi madre ke quisiera ya que llegó a insinuar que lo que quería era dejarle ingresado para quitarselo de encima.
    Mi madre la dijo que quien quería quitárselo de encima era ella.
    Por supuesto pusimos una queja contra ella, que no sabemos si sirvió para algo, pero consideramos que nos trató fatal y con total descortesía.
    Mia buelo, aguantó 15 días más y murió placidamente un día antes de mi cumpleaños. Tuvo a su familia junto a él, y nunca nos arrepentimos de la decisión que tomamos.
    Pos supuesto, tengo que decir que el resto de los médicos fueron muy profesional y amables.
    Perdón por la extensión pero quería contar lo que vivimos. Desde el día que murió, nunca he dejado de acordarme de mi abuelo Rafael, un hombre sabio y bueno, que estuvo haciendo cuentas de multiplicar hasta el úñtimo día antes de su ingreso, porque no quería perder la memoria.
    Besos
    Ana

  2. Isaak dijo:

    Su relato es una invención, supongo. A partir de un texto ficticio, Ud. inventa y plantea como cierto “qué haría un medico partidario de la eutanasia” en el caso de su personaje teatral.

    Llegado el caso, la eutanasia no se aplicaría, desde luego y Ud. lo sabe, a enfermos con gripe o bronquitis. En todo caso a enfermos terminales o con muerte cerebral diagnosticada.

    Si lo sabe, que lo sabe, lo que ha hecho con este artículo constituye una inmoralidad impropia de lo que la Iglesia publicita que debe ser un sacerdote. Falacia e intento de manipulación de la opinión pública, como haría el propio PSOE.

    • Jorge dijo:

      No. No es una invención. Es un caso real. Lo único que he cambiado es el nombre, porque doña Angustias es una feligresa a la que yo he ido a vistar al hospital.
      La medicina no es una ciencia exacta. También dijeron que Rosa, ochenta y cuatro años, con una hemorragia cerebral masiva, no tenía solución y que sólo era esperar… Hoy ha recibido el alta médica y se ha marchado a su casa. Y tampoco es inventado.
      Una pregunta: ¿qué es un enfermo terminal? ¿quién lo decide? ¿el enfermo? ¿la familia? ¿el médico?
      Lo que pienso sobre la eutanasia es lo que dicen los números 2276 a 2279 del catecismo de la iglesia católica que he copiado a continuación.

  3. Gangrol dijo:

    Antes de nada decir que yo soy partidario de la eutanasia, para dejar las cosas claras ya de buenas a primeras.

    pero siempre con sus limitaciones. No estoy a favor de una eutanasia “impuesta” por un tercero, sólo de aquella que la propia persona desea (o deja escrito que desea).

    Sobre los textos que pone sobre casos reales, decir que ningún médico que conoza (y conozco muchos, pues yo mismo soy profesional sanitario) aboga por la eutanasia ni por su aplicación coercitiva (como parecen los casos que comenta), sino por aquellos en los los que el final es definido (y sí, estoy hablando de términos científicos, no religiosos, pues los “milagros” no entran dentro del concepto “ciencia”) y se sabe que el dolor y sufrimiento de la persona serán tan grandes que es más “piadoso” y “humano” otorgar la posibilidad de que la persona tenga una muerte digna y en paz. Pero la decisión SIEMPRE es de la propia persona (o de familiares directos, en caso de que ésta no pueda decidir por sí misma).

    No se asesina a nadie, esa es una gran mentira. No se mata. Se adelanta algo que iba a pasar de todas formas, en un plazo corto de tiempo. O en casos de muerte cerebral y vegetales, es algo que ya había pasado (la persona está muerta a todos los efectos), y que se mantiene viva artificialmente.

    por lo tanto cuando en su catecismo se habla de:
    “2276 Aquellos cuya vida se encuentra disminuida o debilitada tienen derecho a un respeto especial. Las personas enfermas o disminuidas deben ser atendidas para que lleven una vida tan normal como sea posible.”

    Una vida normal… ¿cómo se puede definir normal? Una persona que no está viva ni muerta, que sólo ocupa sitio… ¿eso es vida? y peor aún ¿es vida normal?.
    Una persona a la que le quedan un par de meses de vida, que empezará a inchar, a caer el pelo, a sufrir constantes dolores por todo el cuerpo mientras por dentro se está pudriendo… ¿eso es vida? o peor aún ¿es vida normal?

    “2277 Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable.”

    ¿Es moralmente aceptable disfrutar del dolor ajeno? ¿Es moralmente aceptable hundir en la miseria a la familia de una persona que ya no está viva ni muerta y a la que no se le da el consuelo final?

    Será que la “moral” tiene muchas acepciones que no conocía, algunas incluso antónimas entre sí.

    En los dos siguientes, 2278 y 2279, resulta que se me da la razón… ¿No es un poco incongruente que en los dos anteriores se hable de esto con tanta saña y en los dos siguiente se diga que hay “excepciones”?

    Yo soy un profesional sanitario. Sé lo que es la vida, la muerte y el “intermedio”. Sé lo que es el sufrimiento. He visto a muchas familias, que por culpa de las ideas inculcadas por la religión católica han hecho sufrir durante años y años a familiares (los cuales eran vegetales a todos los efectos), al tiempo que ellos mismos sufrían también. Y también he visto como familias (católicas ellas) querían tomar cierta decisión, pero que no lo hacían por el problema religioso asociado.

    La vida y la muerte no pertenecen a nadie más que a la persona, y es en ella misma en quién hay que confiar para este efecto. Nadie va a “matar” a nadie por un catarro, por una bronquitis o por un esguince. Pero sí se va a eliminar sufrimiento por algo que no tiene cura.

    Un Saludo Felino
    Miau

  4. David dijo:

    Buenas tardes Gangrol.

    Mucho ha escrito usted, y larga sería la respuesta.
    El tema de la eutanasia no es moco de pavo, y no creo que se pueda tratar así como así en unos comentarios. Pero es un tema bien interesante, ya que no es una frivolidad el hecho de que alguien muera o no, se le mate o no. Con lo que deberíamos echarle un buen rato para hablarlo.

    Un saludo.

  5. Felipe dijo:

    El otro dia en television hablo un sacerdote muy cuerdamente a mi entender. Dijo que la vida no había que cortarla, pero tampoco prolongarla artificialmente. Una persona, por ejemplo, de 90 años o antes incluso, con un cancer avanzado, o un corazon infartado, que sigue produciendo infartos, o tantas otras cosas… creo que merece que le dejen morir en paz, aunque muchas veces la familia quiera retenerlo mas tiempo a costa del sufrimiento del enfermo. La agonía no está de moda, es angustiosa para la familia y seres queridos, pero es natural y necesaria. Es el “paso”. El que no se crea en otra vida no anula el hecho de que hay que “pasar”, unos mejor que otros, este puente.

  6. David dijo:

    Buenas Felipe.

    Aquí te dejo, os dejo, un artículo donde se habla del tema de la eutanasia, donde por ejemplo se dice algo como lo que dices:

    “Si bien estamos obligados moralmente a nunca matar directamente a un inocente, sino a respetar su vida siempre; esto no implica que debamos mantener su vida a toda costa y con cualquier medio”

    Aquí el enlace:

    Espero me cuentes cuando lo leas.

    Un saludo.

  7. ANITA dijo:

    Buenas tardes. Soy profesional sanitario y mi especialidad es la geriatría. Llevo años trabajando con enfermos mayores de 65 años porque son los que trato y cuido.
    JAMÁS, ME ENTIENDE ,JAMÁS he visto que ningún médico religioso o no, opte en un caso como el que describe por la eutanasia, usted supone y de una suposición no puede afirmar que el caso de esta señora si da con un médico de ética diferente la ayuda a morir.
    Usted calumnia sin darse cuenta (eso espero) a los profesionales sanitarios. El caso que cuenta no es para nada comparable con lo que quiere decir vamos con lo que directamente ha dicho. JAMÁS, JAMÁS he visto familias religiosas o no pedirlo.
    No se equivoque, este caso no precisa lo que dice ni se haría. Una persona por muy mayor que sea en plenas facultades con una neumonía se le trata e intenta sanar siempre. No diga que por un problema respiratorio a una señora tenga la edad que tenga la van a dejar morir.
    Otra cosa es que el médico te diga ante el inminente fallecimiento: Señores si la conectamos durará unas semanas si no la conectamos unas horas. Esto no es eutanasia es alargar la vida y el sufrimiento. ¿Porque se lo cuento? Para que vea la gran diferencia de lo que usted escribe.
    Y referente a las preguntas que le hace a uno de los comentaristas ¿que es un enfermo terminal? Una persona que debido a una enfermedad y agotadas todas las vías de curación y tratamientos no se puede curar y la muerte es inminente. Gracias a la ciencia y la experiencia médica se sabe de sobra cuando un enfermo es terminal e inicia el camino a la muerte y cuando puede acontecer. No se puede hacer nada y créame que vivir en algún caso conectado a una maquina es alargar un sufrimiento y yo no pienso en la familia pienso en el paciente. Y misma tengo mi testamento vital donde dice en caso de accidente o enfermedad donde pierda todas mis facultades no me alarguen la vida. Eso no es eutanasia es dejarme morir en paz.
    Lo decide el enfermo con testamento vital si lo requiere, la familia si no lo hizo y no es recuperable el conocimiento. El médico da el diagnostico y lo que precede, por su cuenta nunca desconectaría a nadie.
    Le rogaría no ponga en entredicho a los sanitarios y profesionales de la sanidad solo porque es cura y todo lo ve mal si no lo dice la santa madre iglesia. Y repito este caso no es ejemplo valido para intentar demostrar “asesinar” como propone.
    Saludos

  8. pepa dijo:

    Si partimos de la base de que la vida es propiedad del que la posee, entonces apaga y vámonos. Los que tomamos como pauta de vida el Catecismo, asumimos que la vida el propiedad de Dios, nustro Creador y Redentor. Si no lo entendemos así, jamás nos pondremos de acuerdo. (Ni entenderemos nada, claro).

  9. Isaak dijo:

    David, al contrario que Ud., estoy convencido que el tema eutanasia es muy simple:

    a) En primer lugar está el paciente que, no peligrando su vida por motivos naturales, opta por morir si sus condiciones de vida no le resultan satisfactorias. No hagamos extrapolaciones extrañas a este respecto, que lo veo venir. Hablamos de enfermedades postrantes que apenas le permiten a uno parpadear.

    b) En segundo lugar, enfermos que padecen enfermedades tipo cáncer terminal, estados de muerte cerebral, etc.

    c) En tercer y último lugar, los estados de coma indefinidos.

    En el caso a) y casos muy prolongados de c), sí se podría hablar de eutanasia, ya que se trata de provocar la muerte a petición del enfermo (nunca por prescripción facultativa, por supuesto), ya sea porque lo permita su nivel de consciencia o por testamento vital.

    El a) sería, básicamente, el único con potencial suficiente para generar polémica.

    En el caso b), se trataría únicamente de cuidados paliativos, suministrar drogas que minimicen el dolor hasta que sobrevenga el fallecimiento por las causas patológicas y, en caso de inactividad cerebral progresiva o no, la decisión de desconexión de los sistemas artificiales de mantenimiento de vida. Se excluirían, en términos generales, los estados comatosos comunes.

    El médico que cita el autor en el caso de la paciente “Angustias” se haría acreedor de la expulsión del cuerpo médico, inmediatamente.

  10. Isaak dijo:

    Quiere Ud. decir, Pepa, que si todos no entendemos la vida como la entiende el Catecismo, no nos pondremos de acuerdo?

    Se me ocurre una solución más adecuada: Cuando yo contraiga una enfermedad definitiva, que vaya a causarme la muerte en breve, decidiré qué han de hacer los facultativos con mi vida, bien habiéndolo dejado por escrito, bien si en esos mismos momentos si mis facultades me lo permiten.

    Estando Ud. en idénticas circunstancias (ojalá que no en muchas decenas de años), ordene a médicos y familiares regirse por las enseñanzas de Catecismo en lo que a su vida y salud respecta.

    Creo que el acuerdo no es tan difícil, sin que suponga que Ud. se someta a mi ética, ni yo a la suya. ¿No lo cree así?

  11. Alfonso dijo:

    La cultura del miedo, el dolor y los métodos que lo provocan están hondamente asentados en la historia social del cristianismo, y especialmente arraigado en lo más profundo del imaginario de la iglesia católica. Para el cristiano no existe angustia más horripilante que estar por toda la eternidad sufriendo el inenarrable dolor de ser constantemente quemado vivo en el infierno. Por eso, la iglesia, enseña que si quieres evitar ese dolor extremo e interminable en el más allá, has de sufrir otros dolores, físicos y psíquicos en el más acá, que servirán, convenientemente encauzados, para purgar las faltas y pecados que se cometan según su muy particular canon moral. Por eso, desde los púlpitos, sobre todo, se proclama la manera de reconducir el fenómeno del sufrimiento humano como un mal necesario, de ofrecimiento a Dios, por la imitación de la pasión de Cristo que, como la misma iglesia sostiene, se entregó al suplicio en remisión de los pecados de la humanidad, pasados, presentes y futuros. Y es comparado como el cordero que llevan al matadero: “este es el cordero de Dios que quita los pecados del mundo” dice usted por ejemplo durante el “sacrificio” de la misa, antes de proceder al acto de teofagia.

    En el delicado debate de la eutanasia y sus repercusiones sociales, subyace ese criterio asumido culturalmente por parte de ciertos sectores de la representación eclesial, y no pocos feligreses que fueron formados en esos conceptos. Si el enfermo terminal, irreversible en su patologia, sufre porque mantienen su vida a toda costa, están “obligados” a asistirlos de manera que ese dolor y sufrimiento “no caiga en saco roto”, que sirva para algo, que sea ofrecido para mayor gloria de Dios, pues esa es su voluntad. No importa, entonces, tanto lo que se sufre, sino si ese sufrimiento como expresión inevitablemente vital está encauzado dentro de los valores del sacrificio y la resignación que secularmente el judeo-cristianismo ha ido exigiendo a sus fieles, como ejercicio de purificación grato a los ojos de Dios ante la creencia de que con ello no sólo gana puntos para su alma sino que también libera a otras por la reducción de las penas del purgatorio. Casi todas las religiones se han dotado de esas prácticas y en el catolicismo no es ninguna excepción. El santo sacrificio de la misa requiere del ara del altar como elemento propiciatorio para llevar a cabo lo que modernamente se llama el “sacrificio incruento”, donde el animal a sacrificar se ha cambiado por las especies de pan y vino que se convertiran en el rito mágico de la transubtanciación en el cuerpo y sangre de un dios que después será comido por sus seguidores. Nada nuevo bajo el sol.

    Hay que ser por lo tanto muy lerdos para creer que la práctica de la eutanasia, sin el control de la moral católica, se convertirá en un ingente proceso criminal masivo legalizado de personas sin posibilidades de cura. Creo que, en general, la deontología médica aplicará, como ha hecho siempre, criterios de racionalidad en ese sentido teniendo en cuenta todos los aspectos que rodean la realidad de la situación, aunque siempre, como viene sucediendo desde tiempos inmemoriales, van a tener enfrente la oposición de los que abogan por la prolongación de una vida en sufrimiento (no solo físico) porque esa es la voluntad de Dios, ya que es Él el que da la vida y nos la quita. Con todo, no deja de ser una singular paradoja de justificar ese atributo que se deja en manos exclusiva de la divinidad proclamada por quienes, durante siglos, han estado disponiendo de las vidas y haciendas de miles de personas. Muchos de ellos creyentes en el mismo dios de sus verdugos pero que sostenían matices doctrinales diferentes.

    Si es cierto que somos semejanza de Dios y por tanto podemos otorgarle de alguna manera cierta cualidad emocional humana, creo que estará avergonzadísimo de la cantidad de crímenes de toda laya que se han cometido en su nombre.

  12. oceanida dijo:

    Me alegro infinitamente de que Dona Angustias este de nuevo en casa. Que alegria por favor…

    Que Dios os bendiga.

  13. Myrian dijo:

    He visto que hay muchos comentarios y aun no los he leído, antes quiero exponer que estoy en contra de la eutanasia y en defensa de la vida incluso cuando esta se vuelve muy dificil debido a cualquier enfermedad muy grave y siempre angustiosa, porque es innegable que afecta al enfermo y también al resto de la familia que estamos a su lado. Solo Dios sabe cuando es el momento de morir y solo El debe disponer de nuestra vida. No a la eutanasia. Saludos.

  14. Maria Luisa dijo:

    Bendiciones Jorge!
    Quien no tiene fe, y ve la vida desde un punto de vista meramente utilitario, considera al hombre como un ser puramente material, y obviamente se desespera ante el dolor y la muerte y prefiere optar por la eutanasia . A todos nos consta que soportar los trances de un enfermo terminal, se torna con frecuencia más difícil para los que acompañan y rodean al enfermo, que para el enfermo mismo; Entonces, seamos sinceros: ¿a quién se pretende ayudar practicando la eutanasia?; ¿al enfermo, o a los que deciden su muerte? ¿Alguien se ha puesto a pensar acaso, qué consecuencias trae en una persona tomar conciencia de su responsabilidad en la muerte de un ser querido? ¿A los defensores de la eutanasia les importa? Se supone que no….por ahora.
    El reto a esta práctica homicida, está en el desarrollo de una Medicina Paliativa eficaz, que admita la condición doliente del ser humano, que procure el control del dolor y el alivio del sufrimiento. Y las hay… es una nueva área de la medicina,¡ pero claro! es más fácil optar por la eutanasia que invertir en el presupuesto provincial o nacional, los gastos para que todos los enfermos terminales, sin esperanza de vida, sean atendidos en forma igualitaria y no haya discriminación entre pobres y pudientes.
    Un abrazo Jorge.

  15. pepa dijo:

    En efecto, el Catecismo rige para cristianos, que entendemos la vida de una forma distinta. No tenemos miedo a un sufrimiento eterno entre fuegos y azufres. No es eso. Creemos, sin embargo, que Dios tiene planes para cada vida que concede y nadie, repito nadie, puede interferir en esos planes, ni a las tres semanas de su creación ni cuando sólo quedan tres semanas para su fin. Es lo que pienso.

  16. Alfonso dijo:

    “Quien no tiene fe, y ve la vida desde un punto de vista meramente utilitario, considera al hombre como un ser puramente material, y obviamente se desespera ante el dolor y la muerte y prefiere optar por la eutanasia.”

    Estas sentencias tan “obvias” es lo que hace sentir un cierto “repelús” a todo lo que huela a justificaciones por la fe. Hasta que no entendáis que un no creyente en ese dios de diseño que vuestra iglesia ha ido fabricando durante siglos pueda tener las mismas sensibilidades espirituales que vosotros, seguiréis creando un muro de presunto exclusivismo que seguirá impidiendo que podamos dialogar en igualdad de condiciones.

    Lo que usted llama vida “utilitarista” no es exclusividad del ateo, del agnóstico, o simplemente, de quien no comparte su fe católica. En el catolicismo ganan por goleada todos los bautizados a quienes su fe no les impide ser rabiosamente “utilitaristas”. Y usted lo sabe. Pero a pesar de ello, prefiere alimentar la idea de que todos los descreídos que nos asomamos por aquí somos meros autómatas de carne y hueso. Porque no tenemos fe. Porque no tenemos “su” fe. Porque su sectarismo ideológico así se lo hace imaginar. Y después de imaginarlo, lo “obvía”. Y punto y final ¿no?…

  17. Betsi dijo:

    Bendiciones Jorge !!

    La vida humana tiene un sentido transcendente más allá de la muerte. Cristo murió en la cruz para dar sentido al sufrimiento. El sufrimiento desde entonces, tiene un sentido redentor, que no pueden entender los ateos, agnósticos o vividores. El sufrimiento es un tesoro que nos puede acercar más a Dios y madurar espiritualmente. Hay un dicho muy antiguo que dice: Quien no sabe de dolores, no sabe de amores.

    Un gran promotor de la eutanasia fue Ernest Haeckel (1834 – 1919).
    Decía: ¿Qué utilidad aporta a la humanidad mantener y criar a los miles de cojos, sordomudos, idiotas etc., que nacen cada año con la carga hereditaria de una enfermedad incurable? Me exaspera ver cientos de miles de incurables, lunáticos, leprosos, personas con cáncer etc., que son mantenidos artificialmente con vida sin que eso suponga el más mínimo bien ni para ellos ni para la sociedad en general… La muerte voluntaria mediante la cual un hombre pone fin a un sufrimiento intolerable es en realidad un acto de redención. Ningún ser dotado de sentimientos que profese un verdadero amor cristiano hacia su prójimo, podrá negar a su hermano sufriente el descanso eterno y la libertad frente al dolor.

    ¿Es que el ser humano no vale nada por sí mismo? ¿Es que hay vidas que valen más que otras? ¿Es que puede uno decidir vivir o morir? ¿Es que los familiares pueden decidir la muerte de uno por propia comodidad? ¿Acaso el Estado tiene autoridad para matar a quien está en coma o con enfermedad incurable?

    El 8 de junio del 2007 salía una noticia a nivel internacional. En Polonia un obrero se estaba recuperando después de haber estado 19 años en coma. Jan Grzeb-ski recibió un fuerte golpe en el cráneo en 1988, quedando en estado de inconsciencia permanente. Los especialistas le dieron dos o tres años de vida. Sin embargo, su esposa Gertruda mantuvo la esperanza y se ocupó de cuidarlo.

    Doña Angustias, Dios la bendiga al igual que a todos los que la cuidan con amor !!
    Betsi.

  18. Betsi dijo:

    ¡Cuántas veces al legalizar la eutanasia se ha dado carta blanca para matar sin escrúpulos a familiares molestos, competidores peligrosos o testigos incómodos; e incluso se ha dado pie a que muchos médicos y enfermeras puedan decidir por sí mismos quién debe vivir o morir!

    En Holanda, en 1987, una enfermera asesinó a 23 ancianos sin su consentimiento.

    La enfermera austriaca Waltraud Wagner, “la enfermera de la muerte”, en seis años, eliminó a 50 ancianos, aunque algunos dicen que fueron trescientos.

    El tristemente célebre doctor Jack Kevorkian, “el doctor de la muerte”, inventó un aparato en 1983, llamado Mercitron (algo así como máquina de misericordia) que se convirtió en la primera máquina del mundo para suicidarse. Su primera víctima fue Jane Adkins, de 54 años, con enfermedad de Alzheimer. Desde 1990 hasta 1998 admitió haber ayudado a unos 130 seres humanos, incluyendo a algunos que sólo padecían depresión. En el juicio que le hicieron admitió que el suicidio de personas minusválidas, en su opinión, constituía un bien para la sociedad y, si se les extraían sus órganos, podían contribuir también al bien de otros.

    etc.etc.

  19. Alfonso dijo:

    Pepa, perdone que insista, pero es que a mí se me crea una gran contradicción cuando usted afirma: “que Dios tiene planes para cada vida que concede y nadie, repito nadie, puede interferir en esos planes, ni a las tres semanas de su creación ni cuando sólo quedan tres semanas para su fin”.

    ¿Quiere usted decir que cuando esa mismas iglesia, cuya fe usted profesa y que mantiene el mismo cuerpo y canon doctrinario de siglos pasados, prendió, encarceló, extorsionó, torturó y quemó en la hoguera a miles de personas simplemente por pensar diferente, estaba en los planes de Dios de que sus representantes se dedicaran a aplicar la eutanasia aunque los reos estuvieran pletóricos de salud?

    No me vengan conque eso son hechos pasados, que en aquella época los “derechos humanos” brillaban por su ausencia y que la iglesia se equivocó, como hombres que eran, realizando tamañas barbaridades.

    Mire que le diga, la iglesia no se equivoca nunca. La iglesia hizo, convencida en aquellos tiempos, hasta hace poco menos de 200 años, lo que creía que tenía que hacer. La prueba es que sus fieles la siguen en cada época, tanto si quemaban herejes porque eran contrarios al catecismo, como si prohiben hoy usar el condón porque también es contrario al catecismo. El catecismo es un manual de instrucciones que es manejado por la jerarquía eclesial a su antojo, de manera que lo que ayer era blanco hoy es negro, y viceversa. Y piden perdón cada 300 o 400 años para que los creyentes borren de sus conciencias aquella opresiva y horrible realidad. Estoy convencido, y viví de lleno el nacional-catolicismo, que si la iglesia hoy no puede, no digo quemar herejes, sino inducir con violencia la vivencia de la fe para aplicarla a lo político-social, es porque no la dejan. Y que siga así.

    No dudo que muchos curas de hoy sean buenas personas, comprometidos de buena fe con aquello que consideraron vocacional (no profesional). Hoy, es impensable, aunque puede que aun suceda entre bastidores, que se dediquen a maltratar a niños como lo hacían muchos de los curas de mi infancia. No son las crencias ni la fe los que imponen mejores métodos pedagógicos, sino el devenir de los tiempos en una mejor y más completa formación personal. Y lo digo, porque maldita la gracia que me hace haber estado toda mi vida sordo del oído izquierdo de las hostias sistemáticas que un tal padre Escudero me propinaba hasta hacerme sangrar. ¿El motivo?, no dejarme acariciar la nuca y el lóbulo de la oreja mientras veíamos la televisión sentados en los bancos del colegio donde estaba internado. Las sotanas, entonces, no eran motivo de seguridad y acogimiento, se lo puedo asegurar. Viví el abuso y la pederastia en primera persona. No conmigo, que no pudieron, pero sí con otros críos que veía desfilar de noche desde su módulo-dormitorio hasta el cuarto de un tal hermano Paino (aun no había sido ordenado sacerdote) que dormía en una habitación contigua. La rabia y la vergüenza no me dejaban dormir muchas noches oyendo los ayes y sollozos de aquellos niños, así como las imprecaciones y amenazas en voz queda de aquél hijo de puta sinvergüenza.

    ¿Alimento por eso odio y resentimiento? No. En absoluto. Me siento muy tranquilo a ese respecto. Pero prefiero usar el “catecismo” de mi propio criterio y ser responsable de mis propias decisiones. Si hay vida después de la muerte y un juicio final, éste no lo impartirá ningún dios, no nos hace falta, porque no existe juez más implacable que nosotros mismos ya desnudos de todo disimulo. Al margen de las justificaciones de la fe en cualquier creencia.

  20. Isaak dijo:

    Bien, Pepa. Pero, ¿qué ocurre con quien no tenga esas mismas convicciones? ¿ha de someterse a ellas? ¿ha de sufrir de forma innecesaria, aunque no profese la misma fe de Ud.? ¿no resulta más lógico que cada cual decida en función de sus convicciones o criterios, y que nadie oblilgue a nadie?

  21. lourdes dijo:

    Simplemente gracias

  22. Gangrol dijo:

    Yo tengo una duda, y me gustaría una respuesta, si no es mucha molestia.

    He leído que “La vida pertenece a Dios y es Él quién la da y la quita”, por lo tanto no existe eutanasia. Cuando alguien muere, sea por su mano, sea por el médico, sea por enfermedad, sea por asesinato, sea por X, es porque Dios así lo ha querido, de no haberlo hecho, no moriría.

    De forma que, cuando un enfermo dedice morir y su médico (o familia, o amigos) lo ayuda, en realidad está obrando bajo la mano de Dios, pues de no ser así, da igual lo que haga, que no moriría hasta que “le llegue la hora”.

    Y no, no se trata de un sofisma o una paradoja, sino de una sincera pregunta.

    Un Saludo Felino
    Miau

  23. pepa dijo:

    Tal vez sin pretenderlo , Isaak ha contestado a Alfonso. Cuando se usan los criterios propios proliferan los Paino y Escudero que desdichadamente conoció Alfonso. Las interpretaciones personales nos pueden llevar a aberraciones de todos conocidas. La libertad es la que permite que elijamos:”Ante ti están puestos fuego y agua, echa mano de lo que quieras; delante del hombre están muerte y vida: le darán lo que él escoja.” (Sirácida, 15)

  24. Alfonso dijo:

    Pepa ¿que quiere decir que cuando se usan los criterios propios proliferan los Paino y Escudero? ¿que tiene que ver el alegato que Isaak ha hecho al derecho de la libertad individual en la toma de cualquier decision, con la brutalidad de ciertas personas, sean curas o no?

    Las interpretaciones personales, necesariamente, no tienen por que conducirnos a ninguna aberracion. Los codigos morales y de conducta no son exclusivos del catecismo catolico, si asi fuese la iglesia y sus integrantes habrian conseguido convertir fraternalmente a todo el mundo despues de 2.000 años de estar intentandolo, pero el ejemplo propio no fue su fuerte y de ahi que hoy en dia no solo no sigue expansionandose sino que esta en claro retroceso.

    No mezcle las cosas de manera interesada, Pepa. Se muy bien lo que ha dado a entender Isaak. El uso que se hace de la libertad no depende de ningun credo religioso, ni de ninguna ideologia politica, sino que se fundamenta en el pricipio del respeto al oponente, de sus ideas y decisiones, que se mezclan unas con otras como una urdimbre, pero no se imponen unilateralmente por mor de un sentido moral pretendidamente superior, como si presuntamente emanase de un ser divino.

  25. A mi hace ya 10 años ,me dijeron que me moría que no tenia solución. Fui en busca de otra opinión y aquí sigo,con achaques pero VIVA. Un abrazo amigo

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