Existo en la Iglesia

Siento que cada vez quiero más a la Iglesia y no me imagino al margen de su vida y su fe. Con el paso de los años cada vez me importan menos mis criterios, mis ideas, mis puntos de vista y necesito más olvidarme de mí mismo para ser de Cristo en la Iglesia.

Ayer, en una charla cuaresmal, leía con la gente un precioso texto escrito por el cardenal de Lubac, que también supo de silencios impuestos por la jerarquía y de sufrir en la obediencia. Y sin embargo no supo vivir sin amar de corazón a la Iglesia. Así dice ese fragmento:

“La Iglesia es mi Madre porque me ha dado la Vida, porque hoy mismo me está dando a Cristo. Ella es la que nos hace cristianos.
La Iglesia es mi Madre, porque no cesa de sostenerme y, a poco que yo me deje hacer, me hace revivir.
Yo existo en la Iglesia: ella me envuelve, me anima, me engendra y me alimenta.
Lo que yo le doy no es más que una ínfima restitución sacada por entero del tesoro que ella me ha entregado. Su Vida inmensa me envuelve y me desborda, me ha precedido y me sobrevivirá.
¡Todo lo he recibido de la Iglesia y en la Iglesia!
Y, si todavía en mí la vida es frágil y temblorosa, en los creyentes la he podido contemplar con toda la fuerza y la pureza de su pujanza”.

Sí. Reconozco que todo lo he recibido de la Iglesia. Y lo que yo hago por ella no deja de ser una ínfima restitución sacada del tesoro que me ha entregado.

Me fío de la Iglesia. Más que de mí mismo. Y en esa confianza encuentro la paz.

No quiero creer más ni menos que lo que la Iglesia así me ha transmitido. Ni ser sacerdote de forma diferente a lo que ella me indica. Mi fe, la suya. Mi moral, la que me enseña. Mis celebraciones, mi oración, como ella me muestra.

Mi personalidad, mi identidad, mi criterio, mi yo, mi madurez personal, mi independencia de pensamiento…  Todo se lo regalo a la Iglesia. Porque ella me está dando a Cristo: la Palabra, los sacramentos, la fe… Todo es un regalo que la Iglesia me hace llegar.

Mi Iglesia. Llena de pecadores y de santos. Salpicada por las pasiones humanas. Trigo y cizaña juntos, pero no seré yo quien se atreva a decir lo que es cada cual, ni a distinguir entre buenos y malos.

No quiero ser sacerdote si no es del todo en la Iglesia. No quiero servir a la gente si no es como la Iglesia me pide. No puedo predicar otra cosa que a Cristo muerto y resucitado según la fe de la Iglesia.

Acabo con una oración por la Iglesia escrita por el beato cardenal Newman:

Señor Jesús:

Que no olvide yo ni un instante
que tú has establecido en la tierra un reino que te pertenece;
que la Iglesia es tu obra, tu institución, tu instrumento;
que nosotros estamos bajo tu dirección, tus leyes y tu mirada;
que cuando la Iglesia habla, tú eres el que hablas.
Que la familiaridad que tengo con esta verdad maravillosa no me haga insensible a esto;
que la debilidad de tus representantes humanos no me lleve a olvidar, que eres tú quien hablas y obras por medio de ellos. Amén.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Vida parroquial, Vivir en cristiano. Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Existo en la Iglesia

  1. Ana dijo:

    Es importante tener claras las cosas. Si tu sentimiento es tan fuerte, seguro que te sentirás muy feliz sirviendo a la Iglesia a la que tanto amas.
    Feliz fin de semana
    Ana

  2. Me ha encantado leerte ,es como una especie de reflexión que en vez de pensarla la has plasmado en el escrito, Y es muy grandiosa era reflexión .Felicidades es maravillosa. Un abrazo amigo

  3. Blanca dijo:

    Saludos Jorge, he leído y releído tu entrada. Opino com tu y me ha gustado mucho el párrafo del cardenal de Lubac.
    Gracias por estas entradas en que nos das unas ideas que nos fortalecen en momentos en que a veces se tambalea el criterio por las muchas opiniones que hay en torno a la Iglesia en estos tiempos.
    Un abrazo

  4. maribelad87 dijo:

    Espléndido comentario que suscribo en su totalidad. Doy gracias a Dios por nacer y vivir en la Iglesia y le pido que cuando me llame me encuentre en Ella.
    Un abrazo
    Maribel

  5. Maria Luisa dijo:

    Yo me uno a la Iglesia porque Ella no puede separarse de Jesucristo, porque Jesucristo libremente se dio a sí mismo a Ella, porque no puedo encontrar a Jesucristo de una manera auténtica fuera de Ella. Esa es la respuesta a aquéllos que dicen: ¿”Por qué la Iglesia?” Toda búsqueda de Cristo fuera de la Iglesia es una quimera. Es sólo a la Iglesia, quien es su esposa, a la que Cristo dio las riquezas de su gloria para su distribución al mundo, por eso coincido contigo y con el texto del Cardenal de Lubac,Un abrazo y que el espíritu de Dios siga guiándote en temas tan necesarios en estos tiempos de confusión que atentan contra la VERDAD.
    Un fuerte abrazo: María Luisa

  6. Betsi dijo:

    San Francisco de Asís, sentía una especial reverencia y respeto por los sacerdotes.

    Bienaventuranzas por los Sacerdotes

    Bienaventurado ese hombre que dejo su hogar por dar su vida a los demás.
    Que no formó una familia para estar libre y bautizarte.
    Que causa tus burlas y es a quien acudes para que bendiga tu unión matrimonial.
    De quien dices los peores chistes y a la hora que pides la absolución, en nombre de Cristo, siempre te perdona.
    De quien vives mofándote y buscas para que bautice tus hijos.
    A quien siempre encuentras defectos y quien siempre disculpa los tuyos.
    A quien siempre has despreciado llamándole cobarde para afrontar la vida y es quien te da fuerzas para vivir tu existencia.
    Que a pesar de saberse despreciado, cuando le llamas con los ojos desorbitados por encontrarte frente a la muerte, siempre acude presuroso para abrirte las puertas del cielo.
    A quien menosprecias y criticas y siempre que le buscas, lo encuentras para darte paz.
    Que trata de ser mejor como hombre para ayudarte a ti, que le desprecias.
    Bienaventurado ese HOMBRE que ha sabido AMAR A TODOS, porque en todos ha encontrado sed de ser amados…
    Que a pesar de tus desprecios vive mucho mas feliz que tu y yo porque ha encontrado la maravilla de Cristo: “perdónalos, Señor, porque no saben lo que hacen”…
    Bienaventurado ese HOMBRE al que todos pedimos cuenta de su vida y el que jamás interviene en la tuya sino es por tus propios deseos, para darte PAZ y AMOR!.

    Gracias, Señor, por haber dado a Jorge el valor de seguirte hasta el sacrificio. Bendícelo, Señor, para que todos los días traiga el pan del cielo de la comunión y podamos encontrar en él un padre comprensivo y amable, que nos aconseje y nos guíe por el camino del bien.

    Betsi.

Los comentarios están cerrados.