Lo que tienen que hacer los demás

Una de las parroquias por las que he pasado funcionaba en un bajo de un bloque de viviendas. Al lado, un pequeño parque infantil, vallado, propiedad de una comunidad de vecinos. Recuerdo que un domingo, al acabar la misa de las familias, con bastantes niños, una catequista decidió que era vergonzoso que en ese parquecito pudieran jugar sólo unos pocos niños y decidió meterse en él con todos los chavales.

Al poco rato, el presidente de la comunidad: ¿Qué hacen aquí? ¿No saben que esto es una propiedad privada? La catequista, reivindicativa, respondió: no entiendo por qué no pueden entrar todos los niños que quieran, me parece que poner vallas es educar mal desde el principio, que estos columpios deberían poder ser disfrutados por todos.

El presidente, de nuevo, sereno, pero muy firme, siguió: Mire, señora, ¿usted cierra su casa con llave, deja abierto su coche cuando aparca, mantiene cerrada la puerta de su portal? ¿Por qué no se lleva a todos estos niños a jugar a su casa? Es muy bonito eso de cerrar lo mío con llave mientras reivindico que se abra lo de los otros. Esto es una propiedad privada y está cerrado y vallado porque así nos ha parecido a los propietarios. Eso sí, usted es muy libre de tirar las llaves de su casa y abrirla a quien quiera. Pero organice su casa, no la del vecino, ¿estamos?

Esto pasa mucho. Nos encanta decidir lo que hay que hacer con las cosas y la libertad de los otros: que se ocupen las casas vacías, que se venda el Vaticano, no a las fronteras, más compartir, arriba parias de la tierra, que vengan a Europa todos los inmigrantes que quieran…

A mí me parece fatal que haya gente sin casa. Pero ya dije que en mi casa no meto a cualquiera. Lo de vender el Vaticano me parece tanta estupidez como si alguien me dijera ahora que para salir de la crisis en España vamos a vender el museo del Prado, la sagrada Familia de Barcelona, la catedral de Sevilla y la Alhambra. Y de la misma forma que tengo en mi casa la frontera de un cerramiento y una llave entiendo que un país necesita unos controles. Y creo que hay que regular de alguna manera la inmigración, y que eso de abrir las puertas tiene más de leyenda buenista que de solución real.

Ahora, no tengo nada que objetar, y además me parece encomiable, que alguien ceda su casa a los sin techo, venda la cadenita de oro, el reloj, el ordenador y el DVD y se lo dé a los pobres, deje sin cerradura su casa por si alguien necesita algo, invite a comer a un indigente cada día, renuncie a las vacaciones por generosidad con el hambriento y acoja en el salón a cuatro inmigrantes desvalidos. Esa persona tendrá toda la fuerza moral para hablar de pobreza y escucharé con todo respeto.

Pero lo que no cuela es decir a los demás lo que tienen que hacer mientras yo sigo con la llave en el bolsillo, la comida caliente, una casa cómoda, mis pequeños o grandes caprichos y un vivir lleno de comodidades.

A un cura conocido mío le soltaron algo de esto y ha aprendido. Era de los que se pasaba el día hablando de inmigrantes, pobres, generosidad e incluso de vender el Vaticano. Me contaba que un día al salir de misa alguien le dijo: de momento venda su coche, acoja a algún sin techo en la casa parroquial, y si ceda parte de su sueldo a caritas. Y no sea tan paliza.

Pues normal.

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5 respuestas a Lo que tienen que hacer los demás

  1. Ana Azul dijo:

    Si se`pide, hay que dar en la misma medida, e incluso que la balanza se incline más en lo que se da. Es muy fácil pedir, pero ¡ay amigo! cuando se trata de compartir, ya no digo de dar, es muy distinto.
    Saludos(gracias por tu interés)
    Ana

  2. Maria Luisa dijo:

    Claro que está muy mal, usurpar los bienes de los demás, usar u ocupar las propiedades privadas, meterse en terrenos ajenos. Lo bueno sería “que el que tiene dos capas , regale una”, el que tiene un parque privado lo comparta con otros niños, el que tiene una manta de más, la lleve a Cáritas, el que tiene una casa desocupada que albergue de motus propio, a los que pasan la noche a la intemperie. Lo que está mal es resguardar “la propia llave” o “sus llaves” y exigir que se usen las de los demás.
    ¡Así es más fácil hablar de caridad!!! Aprendamos primero a dar de lo nuestro y no precisamente de lo que ya no nos sirve, sino de lo que nos duela dar….. y la recompensa vendrá de lo alto, Dios no se olvida ni de un vaso de agua que le hayamos dado al sediento. Un abrazo:M.Luisa

  3. Blanca dijo:

    Como Ana, pienso que es más fácil dar que compartir…..
    Un abrazo

  4. Betsi dijo:

    El socialismo del siglo XXI, por estos lares, abre las puertas “legalmente”.

    CARTA ENCÍCLICA DEUS CARITAS EST
    BENEDICTO XVI

    Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres necesitados de auxilio. La Iglesia es una de estas fuerzas vivas: en ella late el dinamismo del amor suscitado por el Espíritu de Cristo. Este amor no brinda a los hombres sólo ayuda material, sino también sosiego y cuidado del alma, un ayuda con frecuencia más necesaria que el sustento material.

    El deber inmediato de actuar en favor de un orden justo en la sociedad es más bien propio de los fieles laicos. Como ciudadanos del Estado, están llamados a participar en primera persona en la vida pública. Por tanto, no pueden eximirse de la « multiforme y variada acción económica, social, legislativa, administrativa y cultural, destinada a promover orgánica e institucionalmente el bien común ».

    Link: http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est_sp.html

  5. Carmen Hidalgo dijo:

    “Las personas son irracionales, inconsecuentes y egoístas. Ámalas de todos modos.”
    Madre Teresa de Calcuta

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