Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa

Una de las oraciones más clásicas de los católicos, y que hoy recitamos frecuentemente al comenzar la misa: “Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión. Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa…”

Traigo esto aquí por esa corriente new age y supuestamente nueva y liberadora de desterrar de la vida todo sentimiento de pecado y de culpa, que es lo mismo que decir que se haga lo que se haga, se viva como se viva, todo es correcto.

Es más, se propone como una de las metas clave del crecimiento personal el conseguir eliminar de la vida todo sentimiento de culpa. Es fantástico. Tú no tienes la culpa de nada, tú no eres responsable de nada, hagas lo que hagas es correcto, guíate por tu yo interior y a vivir que son dos días.

Lo que nos hace crecer y madurar es la capacidad de compromiso, de tener unas metas. De revisar si somos capaces de vivir según los compromisos adquiridos, y de reconocer que los fallos no son imputables a la conjunción astral, los biorritmos, el péndulo, la energía positiva, el papa, la incomprensión pública o el capitalismo salvaje.

Resulta curioso que mientras clamamos por ser libres, es decir, capaces de tomar nuestras propias decisiones, luego no queremos asumir las culpas en lo mal hecho. Para lo que nos conviene somos libres, para lo que no, por ejemplo la culpa, todo es fruto de vaya usted a saber qué, pero desde luego servidor responsable para nada. Usted libremente tomó estas decisiones? Pues si causaron mal, la culpa es suya.

Los católicos tenemos una forma de vivir que es el evangelio según lo presenta la doctrina católica. Y si uno libremente decide saltarse sus normas a la torera, pues la culpa será suya, como no puede ser de otra manera. Lo que no vale es decir yo vivo al margen de la doctrina y de la moral pero la culpa es del papa, de la iglesia, de la sociedad, del sacerdote, de la monja del colegio, y de una señora que conocí que iba a misa pero era muy mala. Eso no es crecer. Es pura y simplemente inmadurez, incapacidad de asumir los propios errores.

Los católicos tenemos nuestras normas. Y tratamos de aprender que si fallamos y faltamos a Dios y a los demás de pensamiento, palabra, obra u omisión, es básicamente por nuestra culpa, y dejémonos de sandeces. También nos han enseñado cuando reconocemos el pecado, a pedir perdón sacramentalmente y a reconciliarnos así con Cristo y con la Iglesia.

¿Invento fantástico? Soy libre para decidir, pero si me equivoco la culpa no es mía. Pues a mí me parece que eso es sólo una forma de vivir en permanente inmadurez, de justificarnos a nosotros mismos y a tratar de convertir en virtud y madurez –fuera culpa- lo que no es más que una actitud infantil: mamá yo rompí el jarrón pero la culpa es de Fulanito que me empujó…

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Celebrar la fe. Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a Por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa

  1. Esa es la regla general y muy general _ECHAR LA CULPA A OTRO_
    Hay en todo el mundo una tremenda falta de responsabilidad.
    Somos más buenos que Dios mismo.
    Somo estupendos y bla bla bla.
    Y eso cuando la culpa no se la “endiñamos” a Dios.
    En Cristo
    Rafael.

  2. Gracias…. extraordinara reflexión!!!

  3. Blanca dijo:

    Saludos Jorge,
    Oportuno el tema de la entrada de hoy.
    Los cristianos católicos que viven su fe y conocen la Doctrina de la Iglesia no dicen esas muy bien llamadas «sandeces» que dices tú.
    Son inmaduros que quieren ser cristianos echando la culpa de sus fallos al mal comportamiento de otra persona…..Yo trato con gente así….Pero no dejan de ser cristianos por eso, solo lo que quieren es JUSTIFICARSE, como dices en el ejemplo INFANTILMENTE….«Yo no lo hice, fue sin querer porque me empujó fulanito»
    La Iglesia con la JMJ ha dejado bien clara la visión del cristiano en esa semana que hasta se celebró el Sacramento del Perdón a lo largo de muchos días en varias lenguas y hasta por el mismo Papa que también confesó a unos que resultaron ser unos privilegiados a pesar de sus pecados, ¡¡precisamente por eso!!….Que maduremos en la fe, y contagiemos nuestra vida….Que no se nos enfríe el recuerdo de la juventud que con tanta alegría vivieron esos días ante nosotros y….¡¡Firmes en la fe!!….Lo demás son excusas impropias de quien quiere vivir en cristiano.
    Un abrazo
    http://www.isladesentimientos.es/

  4. Myrian dijo:

    Pues asi es Jorge esa nueva corriente que está ahí en la que todo se justifica y todo es correcto. Yo creo que no, que bueno es saber cuando hacemos bien las cosas y cuando somos incorrectos, o mejor, saber cuando pecamos en cualquier nivel que lo hagamos, ser conscientes de ello y sobre todo tenemos que saber ser consecuentes con nuestros ideales y con nuestra fe. Saber reconocer cuando obramos mal y arrepentirnos, pedir perdón a Dios y a la persona que ofendemos consciente o inconscientemente. Es que por esta regla de tres que está tan de moda el pecado ni tan siquiera existe y todos somos perfectos, todo está bien.¡ ojalá fuese verdad! pero la realidad no es esa, al menos servidora siempre peca, siempre tengo que arrepentirme de algo, no soy perfecta pero tampoco me justifico porque sencillamente a veces no hago las cosas como debo y como Dios quiere que las haga. Lo normal es reconocer nuestros pecados y arrepentirnos de ello si así procede. Y reconocer nuestra culpabilidad, no darsela al vecino. Un abrazo.

  5. Ana Azul dijo:

    Es algo que suele pasar. Echarle la culpa a los demás. Es algo innato en el ser humano. Saludos
    Ana

  6. Betsi dijo:

    “La incapacidad de reconocer la culpa es la forma más peligrosa imaginable de embotamiento espiritual, porque hace a las personas incapaces de mejorar”.

    “Dios y el mundo” (Ratzinger)
    Es cierto que cuando Dios desaparece del campo de visión del ser humano, lógicamente también el pecado pierde su sentido. Porque si Dios no me interesa, si Él no se interesa por mí, tampoco puede existir una relación perturbada con Él, porque no existe ninguna en absoluto. Con ello, el pecado parece en principio eliminado. Y en un primer momento cabría pensar que la vida volverá a ser muy divertida y fácil, adoptando, valga la expresión, dimensiones de opereta.
    La culpa sólo puede superarla de verdad el sacramento, el poder pleno procedente de Dios.

    El sentimiento de culpa por algo que hemos hecho mal es como un aviso, igual que lo es, por ejemplo, el dolor físico, que nos avisa de que algo en nuestro cuerpo no anda bien.

    Jorge, que Dios te colme de bendiciones !!
    Betsi.

  7. Maria Luisa dijo:

    Lo malo no es “no sentir culpas”sino el autoengaño de no tenerlas..Excelente y necesario tema.¡Hay que difundirlo y ser agentes multiplicadores de la doctrina de la Iglesia!!!!!
    Abrazos:M.Luisa

Los comentarios están cerrados.