El pecado de presunción (y II)

Hace unos días hablaba del pecado de presunción, del cual dice el catecismo de la iglesia católica: “Hay dos clases de presunción. O bien el hombre presume de sus capacidades (esperando poder salvarse sin la ayuda de lo alto), o bien presume de la omnipotencia o de la misericordia divinas (esperando obtener su perdón sin conversión y la gloria sin mérito).”

Algo dije de lo primero. Hoy quiero detenerme en lo segundo: “presume de la omnipotencia o de la misericordia divinas (esperando obtener su perdón sin conversión y la gloria sin mérito).”

Una idea demasiado extendida, a mi modo de ver, según la cual todo quisqui se salva haya hecho con su vida lo que sea. La verdad es que la base es buena: si Dios es misericordia, no va  a permitir que nadie se pierda. Lo cual me parece bien. Recuerdo las palabras de un anciano sacerdote que recordaban aún hoy sus feligreses: ¿Creéis que Dios, después de enviar a su Hijo a la muerte, después va  a perder el pleito? Bendita predicación de la gran misericordia divina.

Pero una cosa es que Dios llame constantemente al pecador a la conversión, no se canse hasta el último instante de vida de hacerlo, y lo haga de tal modo que el hombre se abandone en las manos del Padre, y otra que nos salve a la fuerza sin nada de nuestra parte.

En este sentido entiendo las palabras del sacerdote que os decía. Dios no se cansa de llamar, de invitar, de insistir, de mostrar su amor. Dios no ceja en su empeño de mostrar al hombre el camino de la Vida. Y el hombre, esperamos que todos los hombres, acaba, aunque sea en el último instante de su existencia, bendiciendo a Dios.

Lo que me asusta un poco más es esa idea tan generalizada de que como Dios es bueno, hagas lo que hagas, vivas como vivas, al final todos salvos. Pues digo yo que algo habrá que aportar. Así lo afirma San Agustín: “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Algo habrá que hacer. Por lo menos, algo.

Y ser un poquito más prudentes en las afirmaciones. Fallece alguien y ya se sabe: Fulanito ya está en el cielo… Pues hombre… Más prudencia, que la doctrina del purgatorio sigue estando vigente. Así la explica el catecismo: “Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo”.

Hace no mucho, a alguien que me decía una vez más que todos al cielo porque Dios es bueno le repuse: ¿todos, también Hitler, Pinochet, Stalin, Lenin, Maciel, los pederastas, los violadores, los narcotraficantes, los responsables de las hambrunas en el mundo? Me dijo… hombre, si se arrepienten… Vale. Estamos de acuerdo. Dios es misericordia. Pero al menos habrá que arrepentirse. Y cambiar de vida. Pues eso es lo de San Agustín: “Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”.

Y en cuanto a los difuntos, mejor que decir que ya está en el cielo, prefiero decir que está en manos de la misericordia de Dios. Me parece más exacto.

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6 respuestas a El pecado de presunción (y II)

  1. Rafael dijo:

    Esa forma de pensar hace que la injusticia que prevalece en este mundo del enemigo prevalezca sobre la voluntad de Dios
    Si todos se salvan
    ¿Para qué la libertad?

  2. pepa dijo:

    A mí lo que me preocupa es que, por que creo en la infinita misericordia del Señor, no me cabe duda de su infinita justicia. Y ahí es donde me da el susto.

  3. Ana Azul dijo:

    Hay mucha gente que cae en esa percepción. Y yo creo como tú, que el arrepentimiento debe ser sincero y demostrar al menos por el último segundo de vida que se está dispuesto a cambiar. Saludos
    Ana

  4. Creo que Dios quiere nuestra salvación, la de todos por lo que pagó tan alto precio. También creo que podemos aceptarla o no. El salvarse lleva en si el conocimiento profundo de quien somos a la luz de Dios y el empezar a cambiar para hacernos parecidos a Él. Entonces empieza la salvación que Dios intentó toda nuestra vida. Pero ¿que ocurre si yo decido creer que soy ya muy buena y no necesito conversión? ¿y si rechazo la forma de vida que Dios me propone? ¿y si vivo de espaldas a Él? Cuando cruce la puerta de la otra vida me encontraré que no quiero estar con Él y mi libertad es sagrada para Dios. Es admirable lo grandiosa que es nuestra libertad, Dios prefiere que nos condenemos antes de imponerse.
    Saludos y que Dios te bendiga
    Maribel

  5. Betsi dijo:

    “El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada”. (Jn 15,5)

    Son muchos los que manifiestan y sostienen la idea de una salvación general para todos, porque Dios es un papa bonachón, que quiere mucho a sus hijos y no va a consentir que eternamente se vayan al infierno. Existe una indudable voluntad universal salvífica de Dios, pero por encima de ella, está el respeto que Dios tiene a no quebrar nunca el libre albedrío del que nos ha dotado.

    “El hombre nunca puede ser redimido solamente desde el exterior…La ciencia puede contribuir mucho a la humanización del mundo….Pero no es la ciencia la que redime al hombre. El hombre es redimido por un amor incondicional”. (Benedicto XVI – encíclica Spe Salvi).

    Dios los bendiga a todos !!
    Betsi.

    • Betsi dijo:

      “Una locura bastante razonable” de Joaquín Garcia Huidrobo

      Fragmento:

      Una variante de la negación del demonio es la teoría de que, al final de los tiempos, Dios perdonará a todo el mundo. Es la “apocatástasis”, la negación de la eternidad del infierno. Aquí el diablo lo sería sólo por un tiempo, después cambiaría de papel y se transformaría en un inofensivo angelito. Para Papini y los demás creyentes que sostienen esta heterodoxia, escribí el siguiente: Anti-Papini . (Il diavolo es una de las últimas obras de Papini. En ésta, Papini explica cómo el amor de Dios al ser tan grande y magnífico, al llegar el Juicio Final, se compadecerá de todos los sufrientes, cerrará el infierno y redimirá a todos los pecadores, lo cual es incompatible con la doctrina de la Iglesia católica).

      Señoras y señores, informo a ustedes que desde el día de hoy Satán ha sido perdonado. He decidido no seguir sufriendo el clamor de los mortales que reprueban mi dureza. “Dios no puede ser tan injusto, severo, dogmático e inflexible”, dicen; “es necesario darle a la gente otra oportunidad. Todos tenemos derecho a rehacer nuestra vida”.

      Así las cosas, procedí a la “apocatástasis”, es decir, a vaciar el infierno por decreto. Junto con lo anterior, he decidido cambiar la historia. No que deje de existir lo que efectivamente ha sucedido, pues eso ni Yo puedo hacerlo, sino que desde hoy establezco que Auschwitz es irrelevante, lo mismo que Hiroshima, Pol Pot, Stalin y de paso también Calígula. El incendio de Roma se declara acción de arte y el Gulag patrimonio de la humanidad.

      link Antártica: http://goo.gl/hjggg

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