De incoherencias (o los pellizcos de sor Gertrudis)

Me apetece compartir con los lectores del blog algunas de las cosas que dije ayer en la homilía, por si a alguien le pueden ser de utilidad.

Dije a los fieles que estaban en misa que la gran tentación a la hora de confrontar visiones de las cosas o de discutir ideas, es la de tirarse a la cara las incoherencias de cada cual: “tú dices tal, pero luego…” Ante esto, hice algunas consideraciones:

PRIMERA. Ojo con tirarse a la cara incoherencias, porque aquí incoherentes todos, empezando por uno mismo y por la iglesia. Porque es verdad que afirmamos creer en Cristo, entregado por todos, reconciliación, amor, donación… y vimos cada cual bien instalado en nuestra comodidad sin importarnos demasiado el prójimo, pero atentos sobre todo a nosotros mismos. Pero no son menos incoherentes los políticos, por ejemplo, que nos piden austeridad y acaban de aprobar ¡por consenso universal! Comprarse teléfonos de última generación y tabletas ipad a costa de todos los contribuyentes. Ni la persona que se proclama solidaria y cuyo último gesto real de solidaridad es que una vez dio una limosna a un pobre.

SEGUNDA. Que la medida de la incoherencia nunca puede ser lo que diga un periódico, una emisora de radio, el último programa de la tele o esa señora de Albacete. Porque unos nos llamarán incoherentes por no vender el Vaticano y dar el dinero a los pobres, y si lo hiciéramos otros nos llamarían inconsecuentes por no guardar y cuidar un patrimonio que fue donado a la iglesia, y que no nos pertenece, sino que hemos de custodiar para entregarlo a la generación futura. No podemos levantarnos cada mañana, leer la prensa y decir: a Somalia, que ha dicho el periódico tal que somos unos no sé qué por no ir a Somalia con los pobres. Ojo.

TERCERA. Necesitamos vivir en constante revisión de vida frente a lo que nos dicen el evangelio y la doctrina de la Iglesia. Con el evangelio de ayer, por ejemplo, descubriendo cada día si nuestra fe y nuestra religiosidad nos están llevando a confiar en el Señor y a servir a los hermanos. Y eso en profunda oración ante el Señor, que es como mejor se revisa la vida. Porque qué quieren que les diga, pensar que por llamar al sacerdote padre Manuel, don Manuel o Manolo se juega uno la fidelidad evangélica, pues me parece una chorrada. Pero el vivir sirviendo, dando la vida, o vivir sin hacer nada por nadie centrado en el conocimiento de mi yo y en ser yo mismo, evidentemente que no es lo mismo. Darse es evangelio. Mirarse el yo, puro egoísmo.

CUARTA. Por supuesto que nuestra vida entregada, regalada, hecha evangelio, atrae a la fe a los no creyentes. Y que cuántas personas quizá se perdieron por nuestro mal testimonio. Ahora bien, dicho esto, y entre adultos, decir que si no creo es por los pellizcos de sor Gertrudis, porque en mi pueblo hubo un cura que se portó mal con nosotros, o porque se han dado casos de curas abusadores de niños, es una chiquillada. Y si uno ha perdido la fe o ha decidido abandonar la Iglesia, pues está en su derecho, pero hombre, a estas alturas, cuando todos nos proclamamos libres, de firme criterio, inasequibles a cualquier tipo de manipulación, de ideas claras y sólidas convicciones… justificar la no creencia por los pellizcos de sor Gertrudis…

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6 respuestas a De incoherencias (o los pellizcos de sor Gertrudis)

  1. Inés María dijo:

    Gracias, Don Jorge…
    Como siempre muy bueno!!!!

    Que Dios lo bendiga,

    Inés María

  2. Blanca dijo:

    Saludos, Jorge, …..” Ojo con tirarse a la cara incoherencias, porque aquí incoherentes todos, empezando por uno mismo “….¡¡Qué rázón tienes!!. Una vez más, gracias por las enseñanzas que nos dejas en esta entrada.
    Un abrazo
    http://www.isladesentimientos.es/

  3. Betsi dijo:

    Bendiciones Jorge !!

    Lección extraordinaria sobre el comportamiento humano.

    Dios nos llama a la coherencia, a la sinceridad de vida, a la entrega auténtica, a que nuestro sí sea sí, y nuestro no sea no, sin doblez ni meras apariencias.

    Uno sólo es el Maestro. Uno sólo el Señor, Cristo. El Concilio Vaticano II nos enseña que: “La misión del sacerdote no es enseñar su propia sabiduría, sino la Palabra de Dios, e invitar a la conversión y a la santidad” (Vat. II, P.O. 14).

    Nuestro modo de vivir ha de ser manifestación externa de que mantenemos un esfuerzo personal permanente por parecernos a Cristo, en el que nunca hubo doblez ni predicó nada que no viviera.

    ¿Hay honestidad en nuestras palabras? ¿Somos justos en la verdad?. No hablemos mucho. Que el testimonio sea la palabra de nuestra vida.

    “La humildad es en las virtudes lo que la cadena en los rosarios: quitad la cadena y todos los granos caen; quitad la humildad y todas las virtudes desaparecen”. Santo Cura de Ars.

    Jorge, gracias por la sana enseñanza !!
    Betsi.

  4. Ana Azul dijo:

    Pues sí, es lo que hay. Yo creo que vamos buscando la comodidad, lo que mas se acople a nosotros. Y en referencia a la religión católica, yo, por lo menos, conozco a mucha gente que la moldea a su conveniencia. Según sople el viento, o según se encuentren sus ánimos.
    Saludos
    Ana

  5. Rafael dijo:

    Son casi infinitas las “razones” que aducimos para sacar de nuestras almas la mala conciencia.
    Como el deporte mundial es, según el principio de Peter, echarle la cupa a otros ¡pues ya está!
    ¡Y así andamos tan ricamente, pero eso sí, yendo tanto al templo que parecemos el conserje!
    Si vas come; si no comes no vayas
    Y si vas lleva toda tu buena voluntad, y no para que te vean porque te conviene.
    En Cristo

  6. Hacía tiempo que entraba en tu blog y me he encontrado con esta entrada, magnífica (como todas). Sólo deseo que esa Coherencia de la que hablas sea de verdad el lema de todo cristiano.
    ¡Ojalá, un día podamos rezar juntos todos los cristianos! ¡Ojalá, algún día, todos los cristianos podamos hacer realidad el Mandato de Cristo: “Amaos los unos a los otros como YO os he Amado”!
    Gracias y felicidades, Jorge, por tan enriquecedoras palabras.

    Fernando, diácono.

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