¿Quieres ser santo? Obedece.

Ayer decía a mis feligreses que si alguien me preguntara qué hacer para ser santo le diría simplemente una palabra: obedece. Esto es lo que Jesús recomendó a aquél muchacho cuando le preguntó que qué debía hacer para alcanzar la vida eterna, es decir, para llegar a la santidad. La respuesta de Jesús fue simple: cumple los mandamientos. Es decir, obedece a lo que se te ha mandado.

La beata Teresa de Calcuta decía a sus hermanas: ¿quieren ser santas? Cumplan la regla. Cuanto más perfectamente la cumplan, más santas llegarán a ser.

Sé que la obediencia nos hace rechinar. Y sin embargo es la clave de la vida de un cristiano. El mal y el pecado entraron en el mundo por la desobediencia de Adán, por la obediencia de Cristo entró la gracia (Romanos 5).

Me atrevo a decir sin problemas que el mal y el pecado entran por la desobediencia a los mandatos de Dios. Y que la gracia y la vida vuelven cuando uno se conforma en obediencia a lo que Dios tiene que decirle. Así lo vimos ayer en el evangelio contemplando el sí de María.

¿Queremos ser santos, queremos un mundo feliz? Pues obediencia a los mandatos de Dios. La santidad y la gracia son honrar padre y madre, familia y amigos. Llevan consigo el no matar ni ser violento contra nada ni contra nadie. Ser santos es vivir la sexualidad como Dios nos enseña: hombre y mujer en pareja estable. Es ser honrados con los bienes. Es vivir la total sinceridad, es renunciar a todo tipo de calumnia, difamación o falso testimonio sobre mi prójimo. Es conformarse con lo que Dios te dio.

Y si queremos más, ser santos es practicar las obras de misericordia, tanto espirituales como corporales. Y es vivir como nos enseña la Iglesia: que tampoco nos vendría mal repasar sus mandamientos.

Lo de obedecer es molesto. Y sin embargo fue el gran título de Cristo: obediente hasta la muerte y una muerte de cruz. En la obediencia a Cristo y a la Iglesia me hago santo.

¿Y si un día el papa se equivoca? ¿Y si mi obispo me manda algo inconveniente? ¿Y si me superior me pide algo que siento va en contradicción de lo que entiendo la voluntad de Dios sobre mí? Pues entonces se aplica la reflexión del P. Germán, provincial de los agustinos que fue, cuando un religioso joven le dijo: “padre, ¿y si usted me manda una cosa y el Señor en el sagrario otra?” El P. Germán, sabio entre los sabios, repuso: “pues le dices al Señor que lo arregle conmigo, que tú tienes voto de obediencia”.

El que obedece no se equivoca. El capaz de anular su voluntad por obedecer a Cristo y a la Iglesia no yerra. Se hace santo. Así fueron los grandes santos. Obedientes a la Iglesia. Libres para expresar su opinión, pero obedientes.

Y al revés. El que no obedece con esos manidos argumentos de la libertad interior, la obediencia dialogada, la conciencia inviolable, la personalidad irrenunciable… no se hace santo. Se engaña. Obedecer a Cristo y a la Iglesia.

Y cuántas veces damos vueltas a las cosas para un acabar obedeciéndonos a nosotros mismos que disfrazamos de madurez creyente. Paparruchas.

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8 respuestas a ¿Quieres ser santo? Obedece.

  1. Danilo dijo:

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  3. Rafael. dijo:

    El que obedece no se equivoca. (Muy bien dicho)
    Todo juicio propio, todo pensamiento propio, deben desaparecer del que profesa la Iglesia de Jesucristo.
    También Él aprendió la obediencia al Padre (Hebreos)

  4. Blanca dijo:

    Saludos , Jorge. GRACIAS, como todos los dias por el regalo de la enseñanza quue nos dejas.
    “El que obedece no se equivoca”…
    Un abrazo
    http://www.isladesentimientos.es/

  5. Eugenio dijo:

    Miedo me da la obediencia ciega…
    Muchos oficiales nazis se escudaron en “la obediencia debida a sus superiores” para justificar todos sus crimenes.Obediencia total a Jesucristo,el único que no defrauda.
    Saludos.

  6. Betsi dijo:

    Hay que obedecer con amor y por amor !!

    El amor y la obediencia van íntimamente unidos. Y nosotros, porque debemos amar a Dios, debemos obedecerlo y respetarlo como buenos hijos. Aquí está el secreto de la santidad. No hay claves mágicas ni misterios escondidos. No hacen falta experiencias maravillosas ni grandes penitencias. Simplemente se nos pide amar y obedecer. Cumplir la voluntad de Dios en cada momento es la clave de la santidad.

    La santidad no se improvisa, no se consigue de un día para otro. La santidad es un camino de subida hacia la altura y supone esfuerzo y trabajo personal. Es sólo para esforzados que tienen fuerza de voluntad y saben perseverar sin volver atrás. Basta con cumplir fielmente las obligaciones de cada día con amor.

    Santo es el que ama a Dios y se abandona a sus planes y le puede decir en cada momento: “Señor, soy tuyo, aquí estoy para hacer tu voluntad”.

    Que sean santos. Es mi mejor deseo para todos.
    Saludos de mi ángel !!
    Betsi.

  7. Ana Azul dijo:

    Es que todo es mas fácil de lo que parece. No hay que darle mas vueltas. Besos
    Ana

  8. Lo que diferencia a un l der con los demás, es su carisma y esp ritu de lucha incesante con el fin de lograr un bien común o meta en la vida.

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