El cura guay

Ante todo sigo diciendo que no hay nada más citado y menos leído que los documentos del concilio Vaticano II. Hoy me he releído el decreto Presbyterorum Ordinis, sobre el ministerio y la vida de los sacerdotes para recordar lo que es esencial en la tarea específica del presbítero.

Lo he leído harto de la presentación del cura “guay” como la esencia del ministerio presbiteral para el día de hoy. Curas “guays” cercanos, simpaticotes, campechanos, metidos en todos los charcos. Curas guays situados frente a la jerarquía, en un intento vano de creer que por estar en contra de sus obispos la gente los va a aplaudir y seguir sin dilación. Curas en ocasiones disparatados, inventando lo absurdo en vana pretensión de estar con la gente, como si la gente fuera mema. Curas que se creen que cuanto menos se note lo que son en vestido, palabras, pensamiento… mucho mejor.

Dice el decreto Presbyterorum Ordinis que las funciones de los presbíteros son tres:

  • Ministerio de la Palabra de Dios. “El Pueblo de Dios se reúne, ante todo, por la palabra de Dios vivo, que con todo derecho hay que esperar de la boca de los sacerdotes. Pues como nadie puede salvarse, si antes no cree, los presbíteros, como cooperadores de los obispos, tienen como obligación principal el anunciar a todos el Evangelio de Cristo, para constituir e incrementar el Pueblo de Dios, cumpliendo el mandato del Señor: “Id por todo el mundo y predicar el Evangelio a toda criatura”.
  • Ministerio de los sacramentos y de la Eucaristía. “Dios, que es el solo Santo y Santificador, quiso tener a los hombres como socios y colaboradores suyos, a fin de que le sirvan humildemente en la obra de la santificación. Por esto congrega Dios a los presbíteros, por ministerio de los obispos, para que, participando de una forma especial del Sacerdocio de Cristo, en la celebración de las cosas sagradas, obren como ministros de Quien por medio de su Espíritu efectúa continuamente por nosotros su oficio sacerdotal en la liturgia. Por el Bautismo introducen a los hombres en el pueblo de Dios; por el Sacramento de la Penitencia reconcilian a los pecadores con Dios y con la Iglesia; con la unción alivian a los enfermos; con la celebración, sobre todo, de la misa ofrecen sacramentalmente el Sacrificio de Cristo.
  • Los sacerdotes, rectores del pueblo de Dios. En la edificación de la Iglesia los presbíteros deben vivir con todos con exquisita delicadeza, a ejemplo del Señor. Deben comportarse con ellos, no según el beneplácito de los hombres, sino conforme a las exigencias de la doctrina y de la vida cristiana, enseñándoles y amonestándoles como a hijos amadísimos, a tenor de las palabras del apóstol: “Insiste a tiempo y destiempo, arguye, enseña, exhorta con toda longanimidad y doctrina” (2 Tim., 4, 2). Por lo cual, atañe a los sacerdotes, en cuanto educadores en la fe, el procurar personalmente, o por medio de otros, que cada uno de los fieles sea conducido en el Espíritu Santo a cultivar su propia vocación según el Evangelio, a la caridad sincera y diligente y a la libertad con que Cristo nos liberó.

Nosotros los sacerdotes estamos para esto. Para anunciar la Palabra, para celebrar los sacramentos y especialmente la Eucaristía, para conducir a la gente a Cristo.

 Mucha gente rechaza esta forma de ser sacerdotes, la que nos pide la Iglesia y nos recuerda el Concilio. Por eso aplauden al cura guay, ese que da palmadas en la espalda, cuenta chistes, es campechano con todos, dice que hay que ayudar a los pobres y no tiene ese mal gusto de recordar el evangelio, la doctrina de la Iglesia y la necesidad de conversión.

 Nosotros los curas estamos para otra cosa. Para predicar incansablemente, para formar en la fe, para anunciar a todos los hombres la salvación en Cristo. Estamos para celebrar los sacramentos, y de manera muy especial la Eucaristía. Estamos para crear comunidad, atender a la gente, ayudar a los pobres, corregir, exhortar a la vivencia del misterio de Cristo. Aunque caigamos, aunque nos equivoquemos. Pero estamos para eso.

 Ya sé que para mucha gente eso no es guay. Que joroba recordar que la vida sin Cristo es vida perdida. Que es molesto eso de que a uno le recuerden la necesidad de cumplir los mandamientos. Que no se entiende que tengamos necesidad de salvación en Cristo, pero es lo que hay.

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11 respuestas a El cura guay

  1. Jose Antonio dijo:

    ¿No es “in persona Cristi” o algo así? ¿No es la piedra angular? ¿No es “la casa sobre la roca”?
    Yo creo que es a Dios, por Cristo, y es “a las personas con los ojos de Cristo”, y no a Cristo con los ojos de las personas.
    Bien dicho.
    Lo de las palmaditas está bien, pero es más bien el abrazo de Cristo, y es también el lazo de cuerdas de los cambistas en el Patio del Templo cuando es preciso. ¿No fué a precio de Getsemaní, de latigazos, de espinas y de clavos?
    Esta vida no es para tomársela a broma, creo yo, sobre todo por lo que viene detrás.

  2. Gracias por el post D. Jorge. Hay que seguir poniendo los puntos sobre las “ies”. Ahora me viane a la memoria el Santo Cura de Ars, que era de lo menos guay que pueda pensarse, y ya ve usted…Un abrazo. Sigo su Blog y, con frecuencia, le copio en mis Blogs.

  3. Blanca dijo:

    Saludos Jorge,
    Dices que hay curas que se creen que cuanto menos se note lo que son en vestido, palabras, pensamiento… mucho mejor.
    Es posible que haya curas que quieran disimular su condición de sacerdotes en algunos sitios. El que quiera pasar como que no es cura en todos los sitios es RARO, porque parece como arrepentido de la opción que tomó.
    Ayudar a los pobres, es cosa de todos, compartir con el que lo necesita, también, no es exclusivo del Ministerio Sacerdotal, pero todo aquello que no puede hacer más que el Sacerdote: Celebrar la Eucaristía, perdonar los pecados. Eso es UNICAMENTE misión del Sacerdote
    Hoy 2 tendencias: Algunos no quieren vestir de sacerdotes, ni que se les note en la vida de la calle y otros jóvenes recién ordenados estos últimos años que es todo lo contrario…..No se quitan el clerman nunca y las camisitas negras de manga corta ni en verano los días de calor van con el alzacuellos
    …..Yo pienso que es secundario. Son como movimientos pendulares. Yo conozco uno que parece un niño, ordenado hace 3 años que no pertenece a nada que le obligue a llevar sotana y a que le llamen Padre Vicente…..Pero así es y así sale a veces en el periódico el PADRE VICENTE organizando alguna excursión en su pueblo.
    Estos integristas de última hora son muy pocos porque no hay vocaciones. Pidamos mucho por las vocaciones sacerdotales. Es trágico el que no haya casi relevo… ¡¡ En mi Parroquia tomó posesión el nuevo Párroco de 65 años, el coadjutor tiene 80 y el sacerdote que ha sido párroco también 80 y muy mal del corazón. Los 2 octogenarios se quedan para orientar y ayudar al párroco.
    Gracias,Jorge , por esta entrada.
    Un abrazo
    http://www.isladesentimientos.es/

  4. Inés María dijo:

    Gracias!!!!
    Me encanta leerte…tienes una forma de estar en lo cierto, y de alimentar nuestras almas como realmente debe ser!!!
    Cuántas veces confirmo mis pensamientos acudiendo a tu blog y me doy cuenta que no tengo nada de rara y lo que tengo de loca…será por El!!!
    Un abrazo allende los mares!!!
    Inés María

  5. Ana Azul dijo:

    Es que confundimos lo que hay que hacer con lo que quieren algunos que hagamos. Si tú lo tienes claro, y sabes cual es tu cometido, así debe ser, mas que nada porque no incumples para nada los preceptos a los que prometiste seguir un día. Besos
    Ana

  6. karmenfl dijo:

    Con una tarea tan extraordinaria y especial, hay que estar un poco confundido para preferir ser “guay”, una característica tan superficial y sujeta a las modas que viene a ser cambiar el oro por aquello que empieza por eme….

    Por favor, que los sacerdotes nos hablen de Dios, y que nos hablen mucho, a tiempo y a destiempo. Que no se difumine la verdad ni se desdibujen los valores.
    Que ya me dirán qué pinta un cura en “Gran hermano” …

  7. Carolina dijo:

    Conozco varios sacerdotes, que sin dejar de hacer lo que la Iglesia pide de ellos, sin dejar de ser esa piedra angular, sin dejar de recordarme que mi vida sin Cristo no tiene sentido, para mi son guays, porque me son cercanos, y porque en ellos puedo ver el Amor de Cristo; personalmente creo que es cuestión de sentido común.

    Un abrazo

  8. Maria Teresa Molina dijo:

    Me llama la atención lo de las palmaditas en la espalda. Curiosamente conozco a un joven sacerdote que solía darme esas palmaditas tan fuertes que dos veces casi me caigo al suelo. Tuve que alejarme un poco porque no nos entendíamos en algunos cosas y hasta nos enojámos uno con el otro: yo le hablaba de lo que dice el padre Jorge: “Nosotros los sacerdotes estamos para esto. Para anunciar la Palabra, para celebrar los sacramentos y especialmente la Eucaristía, para conducir a la gente a Cristo.” pero él lo hacia a su manera: no le gusta confesar, se dirige en sus homilias a aquellos que él conoce porque para él los demás no escuchan, habla de lo que los filósofos dicen y cree más en eso que en lo que el Magisterio de la Iglesia dice, no le gusta que le digan “bendición padre” ni que lo llamen padre, niega la existencia del infierno y del demonio y no apoya las apariciones de la Virgen y las revelaciones de Jesús de la Divina Misericordia(esto me preocupa mucho) La última vez le dije que no valía la pena seguir ayudandolo porque no se deja ayudar, no escucha; al final empezó a confesar con frecuencia, a tener más fervor en la celebración de la misa, a enfocarse más en el evangelio y a hablarles a todos los que necesitamos oir de Jesús. No dejo de rezar por él, es lo único que puedo hacer. Yo no entiendo padre Jorge, lo más hermoso del sacerdocio es esa cercanía con Cristo con su Palabra, con su presencia sacramental pero muchos se olvidan de esto y se enclaustran en los libros, en los estudios, en lo que dicen los “sabios de este mundo” y se olvidan que lo más importante de ser sacerdotes es SALVAR ALMAS. ¿Será de esa clase de cura que usted dice? tiene buen corazón pero no lo entiendo.

  9. Maria dijo:

    “Lo cortés no está reñido con lo valiente” se puede ser “guay” y cercano sin dejar de ser buen sacerdote, de testimoniar a Dios con su ejemplo y con su anhelo de santidad, con su simpatía personal y el cuidado de cada una de las almas que se les ha encomendado. Mi párroco no va vestido de sacerdote, pero es una clara imagen de Cristo (y llevo muchos años dentro de la Iglesia, ví muchos vestidos con cleriman que no le llegan ni a la suela del zapato), a todos los que le conocen les gusta, el pobre no da abasto para atendernos a todos. Yo le he conocido poco antes de estar enferma y doy gracias a Dios por ponerlo en mi camino porque ha sido para mí de gran ayuda y encuentro todo tipo de facilidades para poder continuar con mi vida espiritual que si siempre fué importante ahora lo es aún más, ya que si no fuera por la fuerza que me da la Presencia de Dios en mi vida no lo habría podido soportar, me habría hundido moralmente.

  10. Alvaro dijo:

    Recuerdo a un cura que defendía el ir de paisano, inidentificable como cura, porque si salía vestido de sacerdote había “jóvenes” que le llamaban “cuervo”: como no era cosa de ir “provocando enfrentamientos inútiles”, optaba por ir “camuflado” de seglar, y así nadie le decía nada (cualquiera diría que vivimos en los años 30, cuando se decía aquello de: “Acertó a cruzar por allí un sacerdote y ante tal provocación…”).

    Poco tiempo después, vi la excelente película “La Última Cima”, donde se contaba una anécdota del Padre Pablo: en el metro, al ver un macarra al sacerdote vestido como tal, le dijo: “¿Qué passa, cuervo?”, a lo que D. Pablo contestó jocosamente en el mismo tono: “¿Qué passa, macarrilla?”. Tras la sorpresa del macarra por tan desinhibida respuesta, empezaron a charlar y tan amigos.

    ¡Qué dos formas de vivir tan diferentes, uno avergonzándose de su ministerio, el otro orgulloso del mismo!

    Un saludo.

  11. Betsi dijo:

    ¿Que quiere decir “guay” en españa?

    Algo así como chévere, padre, chido, cool, buena onda…

    Por estos lares una noticia rompió el celofán: El “cura motero” (http://goo.gl/BmQvg). Se trata del Rvdo. Juan Molina, sacerdote que ejerce su ministerio en la diócesis de Barcelona y está participando en el reality show “Gran Hermano”. El superior general de los religiosos, Mark McDonald, declaró la suspensión del “cura motero” que ingresó en la casa de Gran Hermano, desobedeciendo la “orden explícita” de su superior provincial. Por aquì el “Gran Hermano” es nuestro presidente.

    El “cura motero” se ha mimetizado en la vida común de los hombres y ha dejado de ser un fermento transformador. Es justo que el sacerdote se inserte en la vida, en la vida común de los hombres, pero no debe ceder a los conformismos y a los compromisos de la sociedad.

    El sacerdote debe aceptar la impresión de estar en medio de la gente, como uno que parte de una lógica y habla una lengua diversa de los otros (“no os conforméis a la mentalidad de este mundo”). El no es como los otros. Lo que la gente espera de él es precisamente que no sea como los demás.

    Jorge, Dios bendiga tu andar por la vida !!
    Betsi.

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