Respuestas 2. Las dudas se resuelven leyendo, estudiando y preguntando a quien sabe

Preguntábamos una vez a un venerable sacerdote si él no tenía dudas de fe. Nos respondió que las había tenido sobre todo de joven, pero que la inmensa mayoría de las cosas que no comprendía o incluso le escandalizaban, las fue superando en la medida que avanzaba en sus estudios de teología.

Cuento esta pequeña anécdota porque me encuentro con cierta frecuencia con personas que me dicen que no encuentran sentido a muchas cosas de las que vive o hace nuestra Iglesia. En cuanto hablo un poco con ellas lo que descubro es una enorme ignorancia religiosa: teología, historia, liturgia, a la que se une un repetir sin pensar todos los tópicos y lugares comunes del anti catolicismo más rancio.

Me sé de antemano las cuestiones: cruzadas, inquisición, las riquezas de la iglesia, confesarse con un sacerdote, vestiduras de obispos y papas… Lo de siempre, argumentado con esa tesis irrebatible de que “a mí me parece una tontería”, y total “qué más dará” y “a ver si a Dios le va  a importar mucho”.

Ayer mismo me preguntaban por el sentido de los colores litúrgicos: qué más dará celebrar de blanco o de verde, con ornamentos o sin ellos… Pues todo tiene un sentido. La historia, la liturgia, la teología, el simbolismo de lo sagrado, la tradición, la pedagogía, la catequesis… El problema es que si uno quiere descubrir el sentido de las cosas tiene que leer, estudiar, pensar, buscar un buen maestro. Por eso es mucho mejor decir “es una bobada” y dedicarse a ver la tele. Tampoco estaría de más leer algo sobre las cruzadas, a ser posible de diferentes autores. Pero en ese caso nos quedaría poco tiempo para las revistas del corazón y el “Marca”. Y qué decir del sacramento de la penitencia y la necesidad del sacerdote y que tanta gente soluciona con un “original” es una bobada y yo me confieso con Dios. Habida cuenta de que en la iglesia la confesión individual es una práctica que tiene no menos de catorce siglos, es como si todos viviéramos en la oscuridad desde entonces y de repente la luz la hubiera descubierto doña Luisa. Pues a lo mejor hay que estudiar, leer, mirarse el catecismo, atender a lo que dicen los grandes santos y sacar conclusiones.

¿Y lo de las riquezas de la Iglesia? ¿No sería mejor vender todo y dárselo a los pobres? Un economista de primero de carrera sabe que sería un disparate. Porque la Iglesia no sólo está conservando un patrimonio valiosísimo, sino que gracias a ese patrimonio vive mucha gente. No me extiendo en esto. Lo expliqué en su momento en un post titulado “Para ver el Arlanzón me quedo en mi pueblo”.

La inmensa mayoría de las dudas se resuelven estudiando y preguntando. Otro problema es que uno no quiera preguntar y estudiar porque es más cómodo y porque así no se arriesga a que le lleven la contraria. Es su decisión.

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5 respuestas a Respuestas 2. Las dudas se resuelven leyendo, estudiando y preguntando a quien sabe

  1. Ana Azul dijo:

    A pesar de todas las explicaciones que das, quién te quiera entender, lo va a hacer y quién no, buscará mil excusas. Es así, y por desgracia hay muy poca gente que después de pensar de una manera cambia de opinión. Lo explicas con gran claridad y pienso que no hay mucho mas que añadir. Besos
    Ana

  2. karmenfl dijo:

    Ha dado usted en el clavo. Conciso y claro.

  3. Alvaro dijo:

    Completa y absolutamente de acuerdo con vd, D. Jorge: es increíble ver lo “originales” que llegan a ser a menudo tantas opiniones “independientes”.

    El caso es que esto, que parece una paradoja (¿Cómo puede ser que tanta gente cree que ideas ajenas son en realidad propias?) tiene en realidad todo el sentido: hay una frase que en cierto modo lo explica perfectamente: “el mayor logro del demonio es hacer que creamos que no existe”, frase que no sólo aplica al propio demonio sino a toda su destructiva obra, que se presenta ante los ojos de tantos en la forma de hechos “espontáneos”, “originales” o “naturales”.

    Así, las ideas anticristianas en general y anticatólicas en particular, que tienen su natural origen en el demonio, aparecen a nuestros ojos como huérfanas de autor, ya que el demonio y sus acciones siempre tratan de permanecer ocultos. Lógicamente, no pretendo afirmar que haya algún tipo de “hechizo” que nos incapacite para entender la realidad de esta situación, sino que la forma en que estas ideas flotan en el ambiente e impregnan prácticamente todo lo que no pertenece a Dios sino al Mundo tiene la intencional propiedad de influirnos inconscientemente, inoculándonos sibilinamente esas ideas que luego maduran dentro de nosotros y reconocemos y defendemos como propias, como huevos de cuclillo intelectuales puestos en nuestro propio nido durante un descuido.

    Así se llega a esa curiosa paradoja a la que asistimos a diario: legiones de personas de pensamiento supuestamente “original”, pero cuyas ideas y argumentaciones están prácticamente calcadas unas de otras. Que alguien calcule la probabilidad de que millones de personas lleguen a la misma conclusión mediante la misma argumentación pero de forma totalmente independiente.

    Por último, también de acuerdo con quien dice que más claro no se puede decir, pero que muchos no entenderán porque no quieren entender (“No hay peor ciego que el que no quiere ver”, dice el refrán). La Verdad está ante nosotros, en su infinita belleza y coherencia, pero nosotros nos empeñamos en mirar en otra dirección, hacia su caricatura, como relataba el “Mito de la Caverna” de Platón, en el que se describe cómo la gente sólo alcanza a ver las deformes sombras proyectadas por la realidad y no la realidad misma en todo su esplendor (la diferencia estriba en que en La Caverna, la gente no PODÍA ver la realidad, mientras que, en nuestra realidad cotidiana, la Verdad sí está al alcance de quien quiera buscarla, aunque nuestras limitaciones nos impidan aprehenderla en su totalidad, como explicaba a San Agustín aquel niño que, en la playa, quería meter toda el agua del mar en un agujero en la arena).

    Por cierto, para conocer de qué formas nos puede tentar y confundir el demonio, hay un ameno pero enormemente ilustrativo libro de C.S. Lewis (sí, el de las “Crónicas de Narnia”) llamado “Cartas del Diablo a su Sobrino”. Puesto que han debido caducar ya sus derechos de propiedad, el texto está accesible en Internet en diversos sitios, de los que enlazo uno:
    http://www.reinadelcielo.org/downloads/cartas.pdf

    Mencionar que existe un segundo libro, apócrifo, titulado “Nuevas Cartas del Diablo a su Sobrino”, escrito hace unos pocos años por D. César Alzola, sacerdote que ejerce de párroco en Alcalá de Henares. En este nuevo libro, D. César trata de actualizar el texto de Lewis con las tentaciones propias de los últimos tiempos, que no son exactamente como las de los tiempos de Lewis (hay que decir que el nivel literario del texto de Lewis es claramente superior al del de D. César, pero éste último sigue siendo una obra más que digna y de gran interés como aviso a navegantes, que no deja de ser de lo que se trata).

    Un saludo.

  4. Blanca dijo:

    Saludos, Jorge,
    No hay manera de poderte llevar la contraria…¡¡Para mí siempre tienes razón!!….

    …. Una “señora” que lo sabe todo y presume de ello….Dice que sus nietos no van a la Catqueis despues de la 1ª Comunión, porque los niños de hoy son diferentes, tienen que entrenar…. Y además hay cosas que ya no se llevan, como ” Pentecostés”….
    ¡¡¡¡ ¿¿¿¿Qué más quieres?????!!!!!!!!!
    Un abrazo
    http://www.isladesentimientos.es/

  5. pepa dijo:

    No puedo, ni quiero, callar que cada día, disfruto más entrando en este blog (¿se llama así?). No participo siempre ,ya que entiendo que las ideas que se me ocurren, ya están expuestas con más claridad y concisión que las que puedo aportar. Gracias, Jorge. Gracias también a los que últimamente aportan ¡Tantas cosas!.

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