Estar con los pecadores. Cómo y para qué

Observo que con una cierta frecuencia se nos olvidan fragmentos del evangelio.

Por ejemplo, en el pasaje de la adúltera. Todos sabemos que Jesús no condena a la mujer. Pero se nos olvida la segunda parte: “en adelante, no peques más”. Algo parecido ocurría en el evangelio de ayer sábado. Todos sabemos que Jesús no tenía reparos en acercarse a los pecadores y a le gente de mala vida. Pero se nos puede olvidar el sentido de ese acercamiento: “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan”.

Hartito estoy de escuchar que Jesús no condenaba. Hasta las narices de que se rodeaba de pecadores. Pero sobre todo estoy harto y muy harto de que se escamotee el sentido de sus palabras y de su estar con todos.

Porque pudiera parecer que ese “yo no te condeno” pudiera estar camuflando un todo vale, o quizá alguien pensar que lo de estar con los pecadores es irte de copas, recorrer antros, hacerte amigo de corruptos y narcotraficantes, y pasar el día con agnósticos, ateos, creyentes de otras religiones, y pasar de tus propios hermanos de fe con la cosa de estar con los pecadores.

Jesús no condenaba, como Dios no condena. Pero eso no quiere decir que fuera ferviente partidarios del adulterio o como mínimo que no tuviera importancia: “en adelante, no peques más”. ¿Qué a usted le encanta rodearse de prostitutas, estafadores, adúlteros, narcotraficantes, asesinos, etc.? Pues esperemos que sea para hablarles del evangelio y que cambien de vida, como hizo Jesús con María Magdalena, Zaqueo o el evangelista Mateo sin ir más lejos.

Lo malo es cuando te encuentras a alguien que ante el pecador te dice que no vamos a condenar y que no estamos para convertir a nadie. El otro día leía que un obispo misionero había estado cuarenta años entre indios yanomamis y se jactaba de no haber bautizado ni a uno. Pues que servidor sepa lo que mandó el señor fue “Id por todo el mundo y haced discípulos bautizándoles y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”. Otro que andaba quizá despistado. Porque lo de hacer discípulos, bautizar y enseñar no lo manda Roma, sino el mismo Señor.

Estar con los pecadores tiene sus riesgos. Hace falta gente muy formada para que no se contamine de sus vidas. Y si alguien se acerca a ellos no es para pasar el rato, sino para que se conviertan al evangelio y vivan.

Ya sé que vendrá algún purista diciendo que pecadores somos todos. De acuerdo. Pero no es lo mismo el pecado de doña Rosario, que se distrae en la oración, el de Manolo, que el domingo no vino a misa, o que fray Bernardo no haya rezado hoy las completas y haya faltado a la caridad con el superior, que vidas metidas en el adulterio, la corrupción, o graves faltas a la ley de Dios. Con estos, cuidadito para no contaminarse, y si estamos con ellos no es para justificar, sino para que se conviertan y vivan.

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15 respuestas a Estar con los pecadores. Cómo y para qué

  1. pepa dijo:

    Creo que se nos olvida con harta frecuencia que el Señor es misericordia pura, pero también es infinita su justicia. Me deja encogida la respuesta de algunos “cristianos” que ante el reproche que se les hace de la vida que han escogido te responden eso de que “tú que sabes de mi relación con Dios”. Es cierto: todos somos pecadores. Tal vez por eso podemos hablar de pecado y de Redención.

  2. pepa dijo:

    La respuesta es “tú qué sabes….” Perdón.

  3. El Obispo misionero, con todos los respetos
    ¿Que puñeta hacía allí?
    A los sitios se va a edificar o a que te edifiquen
    Si no, pasar ampliamente.
    La clave es apartamiento
    Y resplandecer como luminarias, y que se note la diferencia
    Claro que hay que estar en el “Mundo” “Cosmos”, pero no hacer las obras del mundo
    Nos tendríamos que salir del mundo
    Y reprenderlas como dice Pedro con mansedumbre y reverencia.
    ¿Cuantas veces nos hemos reído de un chiste vergonzoso por no ponernos en contra del que nos lo cuenta?

    Si no fuera así, los enemigos serían nuestros mejores amigos.
    Lode

  4. Martina dijo:

    Me ha gustado mucho el artículo,montón para reflexionar.Muchas gracias.
    Precisamente anoche, leyendo el evangelio del humilde librito que nos regalaron en la Parroquia Evangelio 2012,una frase me llamó la atención,siempre me había pasado desapercibida:”He venido a llamar a los pecadores.”
    Al pie de la hoja una oración,la copio::hoy me das una palabra de ánimo y de esperanza,cuando escucho de tus labios que has venido a buscar,no a los que se consideran justos,sino a los que somos y nos vemos pecadores como yo.Cuento contigo para mi camino de conversión que recorreré esta Cuaresma,hacia la Pascua,donde harás que participe de tu vida nueva!
    Que esperanzador es,me da un impulso para ser mejor y buscar a Cristo,quisiera imitarlo pero esto es muy dificil,si El me ayuda quizás lo podría conseguir.
    Un saludo Jorge,y que Dios te bendiga.

  5. BRUJA dijo:

    No puedo creer que alguien piense como usted a estas alturas de la vida y con los años de formación que seguramente tuvo. Es que acaso usted se cree mejor persona porque hace las completas o porque reza un rosario y va a misa??? El tal pecado tiene su raíz en un vacío muy profundo que hay en el corazón humano y su consecuencia es el desorden emocional que conlleva a actos contraproducentes como el asesinato y el hacerce daño a uno mismo pero eso no hace a la persona mala, más bien la hace digna de compasión y ayuda. Por eso se están quedando sin fieles en la Iglesia Católica porque la gente se cansó de su separatismo entre los buenos y los malos y lo peor, que ustedes los curas se crean los buenos. Que Dios lo bendiga!

    • Jorge dijo:

      Me temo que su razonamiento hace aguas por sitios diferentes.
      No se puede razonar a base de tópicos no contrastados como eso de afirmar que la iglesia católica se queda sin fieles. Según el CIS aumenta el número de españoles que va a misa. Pero es que además, según datos del miisterio de hacienda, en el ejercicio de 2011 las declaraciones del IRPF con crucecita a favor de la iglesia católica han aumentado en 200.000 con relación al año anterior. Por tanto eso de que cada vez menos no es verdad. En diversas entradas en mi blog de los últimos días puede consultar estos datos. Si tiene otros informes que demuestren lo contrario, agradecería nos lo hiciera saber.
      Pero es que mal andaríamos como Iglesia si sólo nos preocupase conseguir fieles a cualquier precio. Lo que nos preocupa es tratar de ser fieles al evengelio.
      Arriesgado juzgar sobre lo que cada uno cree en su interior, si se cree mejor persona, si los curas nos creemos buenos. Muy arriesgado.
      En cualquier caso, gracias por venir y dejar su opinión.

    • Alvaro dijo:

      Imagino que convendría empezar por entender la entrada del blog.

      Lo que nos viene a decir D. Jorge es que somos entes “porosos” en los que se produce una suerte de “ósmosis” (una permeabilidad que permite un intercambio en ambos sentidos) entre nuestro interior y lo que nos rodea. Así, si en nosotros está la Gracia, transmitiremos Gracia a nuestro alrededor, y si contenemos Pecado, degradaremos nuestro entorno, queramos o no. Como esa “ósmosis” opera en ambos sentidos, también “queramos o no” sucederá que si nos rodeamos de cosas y personas virtuosas, nuestra virtud crecerá, y si nos rodeamos de pecado, nos impregnaremos de él.

      A partir de este efecto de impregnación mutua, entiendo que D. Jorge hace varias consideraciones:

      1.- Que el mandato divino es de evangelizar, y para cumplirlo debe acudirse a quienes necesiten ser evangelizados y no a quienes ya lo están, de quienes puede suponerse que son prácticamente autosuficientes para alcanzar la salvación.

      2.- Que, por ello, si acudimos a quienes necesitan del evangelio, a los “gentiles” y pecadores (empleo “gentiles” en el sentido de quienes están fuera de la Iglesia), debe ser para “impregnarles” del Evangelio y no para quedarnos cruzados de brazos y dejarles como están (como hizo el obispo “misionero” que cita D. Jorge), ya que así tal acercamiento resulta completamente estéril.

      3.- Que, además, debemos tener cuidado no sea que la impregnación opere en sentido contrario, que no sólo nosotros no les evangelicemos a ellos sino que sean ellos quienes nos “apeen” a nosotros de la Virtud y la Gracia con que hayamos llegado, cosa que sucede cuando, por unas mal entendidas “educación” y “tolerancia”, nos dedicamos en acompañarles en el pecado en lugar de ser nosotros quienes les instemos a que sean ellos quienes nos acompañen a nosotros en Cristo.

      De todo ello saco varias conclusiones:

      1.- Si queremos transmitir Virtud y Gracia, debemos por fuerza VIVIR en Virtud y en Gracia, ya que de otro modo “impregnaremos” a los demás de esos pecado y desgracia en los que vivimos (al final, son las obras y no las palabras lo que cuenta a la hora de dar ejemplo y testimonio).

      2.- Somos humanos, imperfectos y pecadores. Eso significa que tenemos la innata tendencia (derivada del pecado original) a impregnarnos de Pecado fácilmente, mientras que sólo mediante un gran esfuerzo de la voluntad podemos impregnarnos de Virtud (entiendo, no sé si correctamente, que se puede tener una vida virtuosa a base de voluntad mientras que la Gracia se nos concede; aun así, es nuestra voluntad la que busca y acepta la Gracia, haciendo fecunda esa Virtud y ayudando a mantenerla): Pecado y Virtud son respectivamente el camino “fácil” y el camino “difícil”, y los hombres tenemos querencia hacia lo fácil.

      3.- Así pues, necesitamos recorrer el arduo camino interior hacia la Virtud y la Gracia por nosotros mismos, y debemos recorrerlo a base de Penitencia, término comúnmente malinterpretado. Esta mañana oía en Radio María el programa del Padre Orta, en el que nos decía que siempre se suele asociar la penitencia con algo desagradable, cuando el objetivo y la utilidad de la penitencia no es causar dolor sino causar sanación espiritual (es como una medicina, que no es medicina por saber mal sino por sanarnos; de hecho, hay medicinas que no saben mal ni duelen, pero sanan igualmente). Ahora es tiempo de cuaresma, que suele describirse como “tiempo de penitencia” (preparatoria para la Semana Santa). En esta descripción, el término “penitencia” se usa en el mencionado sentido salvífico: es penitencia, por ejemplo, la lectura y reflexión sobre las Escrituras ya que gracias a ella nos acercamos a Dios, nos limpiamos por dentro y crecemos y nos arraigamos en la Fe de Cristo.

      4.- ¿A qué viene todo esto? Dado que tenemos esa facilidad para caer en el pecado, tenemos que tener mucho cuidado y estar muy preparados a la hora de mezclarnos con el Pecado, sea con personas o situaciones que nos tienten para llevarnos a él. Por ello, debemos saber si nuestra Virtud y nuestra Gracia está arraigada con suficiente solidez como para que el mezclarnos con el Pecado no nos apee de ellas y que, al mismo tiempo, estas Virtud y Gracia sean suficientemente intensas, tengan suficiente “fuerza” como para impregnar a esos pecadores en medio de quienes nos hemos situado. Si no tenemos esa solidez, debemos por prudencia abstenernos de ponernos en peligro y, en lugar de eso, debemos redoblar nuestros esfuerzos por mejorarnos a nosotros mismos y alcanzar ese estado en el que sí podremos dar testimonio sin ponernos en peligro.

      Es muy habitual que se tache de creídos a quienes se esfuerzan por hacer una vida virtuosa, acusándoles de “creerse mejores que los demás”. Esta mentira es especialmente peligrosa porque tiene una pequeña mezcla de verdad, lo que dificulta la labor de demostrar su falsedad:

      – Tiene verdad porque quien es consciente de que vive una vida en Cristo no es que “se crea” mejor sino que sabe lo es (o, mejor dicho, que “actúa mejor”: la humildad no consiste en negar nuestras virtudes sino en reconocer nuestras debilidades y nuestra pequeñez, lo que nos lleva a reconocer que no “somos” mejores por nosotros mismos sino que sólo “actuamos” mejor gracias a que Dios actúa en nosotros). Consciente de su posición, el virtuoso sabe que debe ayudar a otros a caminar hacia Cristo, que debe hacer fecunda su virtud.

      – Pero es mentira porque la acusación niega que una vida en virtud sea mejor que una en pecado, porque niega a los virtuosos su derecho a servir de ejemplo a los demás, porque tergiversa la autoconciencia de la virtud convirtiéndola en unas inexistentes soberbia del virtuoso y desprecio hacia el pecador, y porque olvida interesadamente que el virtuoso sólo puede serlo humillándose a sí mismo, reconociendo humildemente su pequeñez, su imperfección y su calidad de pecador, para finalmente usar esa conciencia de su propia realidad para, en Cristo, catalizar una reacción purificadora. Finalmente, también es falsa la relación causal que se hace en la acusación: el virtuoso no lo es porque rece rosarios o practique la caridad, sino que reza el rosario y practica la caridad porque es virtuoso.

      Si creemos en Cristo y en Su Palabra, estamos obligados a actuar en consecuencia, y eso incluye identificar nuestros pecados para luchar contra ellos, identificar nuestras virtudes para trabajar sobre ellas y, cuando estemos preparados y sólo entonces, evangelizar nuestro entorno.

      Como decía Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvaré yo”.

      Curioso que de esta frase también se olvide siempre la segunda parte, que es donde está la “chicha”.

      Un saludo.

  6. Me encanta oír a un sacerdote hablar tan claro como tú lo haces.
    Se les olvida a muchos que Cristo es un interrogante para nuestras vidas. Siempre nos interperla, por el Amor no entregado, por las ocasiones de hacer el Bien y que hemos dejado pasar.
    Ya lo decía San Pablo….al final de nuestras vidas, seremos juzgados por el AMOR.

    Cristo vino a librarnos del PECADO. Y esa es la gran lacra social. La culpable de las guerras, de la prostitución, del aborto, de la injusticia social, de la división entre hombres pobres y “pobres” ricos.

    La Iglesia no divide, como dice la Bruja del comentario anterior en hombres buenos y malos. Somos nosotros, los que con nuestro libre albedrío elegimos hacer el mal o CREAR el BIEN. Esa libre elección, y ahora si estoy de acuerdo con ella, es la que puede poner en nuestros corazones un vacío profundo que es la falta de Bien, y como tal lleva no solo a un desorden emocional, sino a un trastocamiento completo de los valores morales. Por ejemplo confundir un derecho personal con uno universal (la defensa de la vida).
    No se es mejor persona por ir a Misa o por rezar el Rosario, pero igual que juzgamos que una casa está en perfecto estado si no hay señales de ruina en el exterior, la vida espiritual también se demuestra con signos externos. Ir a Misa y rezar el Rosario nos hará mejores si en nuestro interior hemos sentido ya esa llamada al CAMBIO.

    El mundo más que nunca, necesita ese CAMBIO, y como tú bien dices, cada vez hay más gente que desea que alguien les dé de beber de un agua que les calme la sed para siempre.

    Para mi, la Vida es Cristo. Es el Agua que sacía mi sed y que me impele a ser cada día menos malo. Me ha abierto los ojos a la misería de mis hermanos que sufren y me ha cambiado la vida para siempre.

    Por eso es un tesoro que me veo obligado a compartir. Pues se que no se acaba nunca. El ha sido mi principio….y espero que sea mi Fin.

    Un abrazo querido Jorge

  7. P. Omar dijo:

    Gracias…!!!!
    P. Omar
    Perú

  8. Jesús, en cada una de sus parábolas hace una invitación a la conversión; cuando Jesús dice “no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores” hace una clara alusión a una realidad tangible, el justo no es perfecto, pero está más cerca de Dios que el pecador a quién Jesús viene a redimir con su amor, por el cual se entregó para morir en la Cruz y salvarnos del pecado; ya el cuento del inocente no lo cree nadie, todos conocemos la dimensión del bien y el mal, en nosotros está escoger el camino correcto,porque Dios ha sido tan misericordioso que hasta nos ha dado la libertad de elegir. La Iglesia católica posee los mandamientos de la ley de Dios y quien los cumple es justo y no es que se consideren mejor que los demás. Los sacerdotes también son seres humanos y muchos ejercen su sacramento con verdadera devoción y santidad y por eso están expuestos a las tentaciones como sucedía con el Santo Padre Pío de Pietrilcina, no es que ellos se consideren perfectos, es que por convicción deben tratar de mantenerse en el camino correcto. Feliz día, Jorge, un abrazo fraterno.

  9. Blanca dijo:

    Gracias, Jorge, como siempre es muy interesante y como verás ha sido leída por muchos, de los que algunos te dejamos unas letras y otros pasan de hacerlo pero lo leen….Los comentarios enriquecen las entradas, proque unas veces tú y otras los demás enderezan las ideas de los que las tienen torcidas y nos beneficiamos todos.
    ¡¡¡ Adelante!!!…
    Un abrazo
    http://www.isladesentimientos.es/

  10. maribelad dijo:

    Una gran santa de nuestra tierra siempre se consideraba una gran pecadora y eso le sucedia porque estaba tan cerca de Dios que las pequeñas faltas que podía tener, para ella eran muy grandes ante tanta Luz y Belleza. Suele suceder que si nos apartamos de Dios el pecado y otras cosas no se ven. Jesús vino a llamar a los pecadores, es decir, a los que se consideran pecadores en su presencia (recordamos la parábola del fariseo y el publicano).
    Mi experiencia personal me dice que, cuando estoy con personas alejadas del Señor y no quieren ni oir hablar de Él, salgo de allí igual que entré y dando gracias por no salir peor, que puede ocurrir. Sin embargo, cuando estoy con quien si se considera pecador, pero busca y encuentra a Dios, yo me enriquezco en mi interior y me aportan ayudas en mi camino espiritual.
    Concretando: soy asidua de este blog y de otros con igual temática porque al final avanzo y me corrijo en mis muchas faltas y pecados. No se me ocurre visitar blogs de pecado como pornográficos, violentos…o simplemente de aficiones vacías.
    Un abrazo y gracias
    Maribel

  11. Ana Azul dijo:

    Totalmente de acuerdo, nada que ver unos pecados con otros. Pero a los`pecadores hay, como tú dices, que intentar que abracen la fe y el amor a Dios. Lo que pasa que a veces es muy dificil. Se me hace muy cuesta arriba, (por ello soy humana) el pensar en reconventir a los asesinos o violadores, o destructores.
    Saludos
    Ana

  12. luis garcia dijo:

    De un sacerdote que diga “Hartito estoy de escuchar que Jesús no condenaba. Hasta las narices de que se rodeaba de pecadores” mejor alejarse. Miedo me dan…

    • Alvaro dijo:

      Pues es todo lo contrario: un sacerdote que diga lo que se dice en el artículo y que lo diga en el sentido en que lo ha dicho D. Jorge es alguien que habla claramente, con fundamento y en cuyo criterio, a priori, se puede confiar. Esas palabras sólo pueden dar miedo a quien no ha entendido o no ha querido entender en qué sentido se han dicho.

      ¡Pues claro que Jesús no condenaba [ojo, a las personas: al pecado sí lo condena] y que se rodeaba de pecadores! Eso lo dice D. Jorge desde el segundo párrafo del artículo del blog: “Por ejemplo, en el pasaje de la adúltera. Todos sabemos que Jesús no condena a la mujer. (…) Todos sabemos que Jesús no tenía reparos en acercarse a los pecadores y a la gente de mala vida” (…).

      Pero en ese párrafo no dice sólo eso, del mismo modo que en el párrafo que vd cita tampoco dice sólo eso.

      Cuando tantas personas recuerdan a Jesucristo no juzgando o juntándose con pecadores, casi siempre lo hacen (bien por error o con mala voluntad, que de todo hay) o para silenciar a quienes tienen criterio y lo manifiestan, o para dar carta de naturaleza al pecado, que es precisamente lo que Jesucristo NO hacía.

      Y ahí viene el meollo del artículo de D. Jorge, que enuncia en la primera frase: “Observo que con una cierta frecuencia se nos olvidan fragmentos del evangelio”: para tergiversar estas acciones de Jesucristo, estas personas que censuran o defienden el pecado deben antes escamotear las partes que no “interesan” a su punto de vista (como digo, no necesariamente con mala voluntad).

      Así, en ese segundo párrafo del artículo que antes citaba yo, se “olvidarán” de citar: (…) “Pero se nos olvida la segunda parte: “en adelante, no peques más”. (…) Pero se nos puede olvidar el sentido de ese acercamiento: “No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan”.”.

      Siguiendo esta misma dinámica, vd cita las palabras de D. Jorge en las que dice “Hartito estoy de escuchar que Jesús no condenaba. Hasta las narices de que se rodeaba de pecadores”, pero escamotea el resto del párrafo, que contradice su interpretación de estas palabras: “Pero sobre todo estoy harto y muy harto de que se escamotee el sentido de sus palabras y de su estar con todos”.

      El copy&paste cuesta lo mismo cuando se copia medio párrafo que cuando se copia el párrafo entero. ¿Por qué no lo copió? ¿Es que no ha entendido esta última frase?

      ¿O más bien la escamotea porque sí la ha entendido pero no le conviene citarla ya que no encaja en su interpretación?Leyendo sus palabras, da la impresión de que fuese esto último, aunque si lo hace con mala intención o por simple desconocimiento es algo que sólo Dios y vd saben.

      Quiero pensar que su comentario es fruto simplemente de una lectura superficial de lo publicado, que sólo ha entresacado una frase que le ha sonado mal y que sobre ella ha juzgado (y aparentemente condenado) a D. Jorge por algo que no ha dicho.

      Pero para ser intelectualmente honrado se debe tratar de entender las palabras que se dicen en el sentido en el que se dicen, y en el caso de las que vd cita se dijeron justo en el sentido contrario al que vd interpretó. Entiendo que es fácil caer en el error de la lectura superficial, sobre todo si se va con prisas (aunque sí tuvo tiempo para responder, luego no iba tan justo), pero no es de recibo que se saque una frase aislada de su contexto y se ataque ese señuelo, ese falso muñeco de paja que dice lo que quien cita quiere interpretar y no lo que realmente se ha dicho.

      En cualquier caso, bienvenido al blog y que Dios le bendiga y le ilumine. Siga con nosotros, que aquí, con un poco de mente abierta y buena voluntad, se aprende mucho.

      Un saludo.

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