El valor de mi cruz

¿Quién de nosotros no lleva su propia cruz? Las hay grandes, públicas y notorias: el paro, la enfermedad grave de esa persona a quien tanto queremos, una muerte próxima, la separación matrimonial, esos dos hijos enganchados a la droga, la madre con alzheimer, el desahucio de la vivienda, una enfermedad prolongada…

Pero cuántas hay ocultas que sólo conocen quien las lleva y Dios, y en ocasiones un servidor que como sacerdote lleva escuchadas muchas cosas. Sonrisas que ocultan dramas ocultos que van minando la vida. Enfermedades “secretas”, familias aparentemente felices pero que esconden odio acumulado, dramas que nadie osaría imaginar. Cruces. Cada uno la nuestra. Lo sabemos.

La cruz de cada uno puede vivirse de muchas maneras. Algunos se rebelan dando coces contra el aguijón. Tiempo perdido por lo inútil que sólo sirve para destilar amargura. Los hay que optan por una postura de asumirlo con resignación. Es lo que hay, y a vivir con ello.

Pero también puede vivirse la cruz como don para los demás. Madre Teresa de Calcuta afirmaba siempre que el mayor tesoro de la congregación eran todos los enfermos que cada día ofrecían su sufrimiento por ellas. Estoy convencido de que el dolor de cada uno ofrecido al Señor se convierte en vida para la Iglesia y para el mundo.

Un sacerdote que conocí, a ratos capellán de una residencia de ancianos, explicaba un día a los mayores el sentido del sufrimiento, y les pidió que los momentos de dolor y desesperación se los regalaran a Dios por los demás, y que él mismo lo necesitaba para su labor como sacerdote.

Unos días después, al llegar a la residencia, fue abordado por una anciana que le dijo: “mucho trabajo tendría ayer, porque vaya tarde de dolores que pasé y todos ofrecidos por usted”. El sacerdote sintió cómo se le humedecían los ojos y respondió: “ayer pasé toda la tarde con una pareja que se estaba separando después de muchos insultos y faltas. Hemos conseguido que se lo repiensen y parece que están en buena disposición para ello”.

Lo digo en la parroquia y os lo digo a los lectores del blog. No tiréis las cruces que Dios os ha regalado. Ofrecedlas por la iglesia, por el mundo, por el papa, por vuestros sacerdotes. Quién sabe la vida que Dios sacará de vuestra ofrenda.

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8 respuestas a El valor de mi cruz

  1. Me viene como anillo al dedo. Gracias.

  2. Blanca dijo:

    Es una cruz en que no me deje insertar nada desde hace un par de días.

  3. Blanca dijo:

    “Lo digo en la parroquia y os lo digo a los lectores del blog. No tiréis las cruces que Dios os ha regalado. Ofrecedlas por la iglesia, por el mundo, por el papa, por vuestros sacerdotes. Quién sabe la vida que Dios sacará de vuestra ofrenda”.

    Esto sí que es una lección a a tener en cuenta….

    Por fin he podido ponerte un comentario. Entré en mi Espacio y desde allí vine al tuyo ,m e volvió a pedir la dirección y me lo ha admitido….
    Un abrazo

  4. pepa dijo:

    Lo peor del asunto es que cada uno de nosotros piensa que nuestra cruz es demasiado pesada. Y es necesario sólo mirar alrededor para notar que la nuestra no es para tanto. Y si lo es, con pedir ayuda Al que todo lo puede, la cosa mejora un montón.Un abrazo.

  5. Miguel Ángel dijo:

    Hay cruces que se eligen y cruces que te “tocan”.En mi vida no siempre he sido un católico convencido, es más, hubo un tiempo en que me daba igual el tema de la religión. Solo puedo decir que ahora veo que en aquellos tiempos en los que no creía en Jesús todo era más difícil, todo era más costoso y no encontraba la paz interior con nada. Ahora no es que sea diferente, los problemas continúan e incluso son peores o más dificiles de resolver, pero el desenlace, gracias a Dios, es otro muy distinto…

  6. Miguel Ángel dijo:

    Deja en manos de Dios todo lo que haces y tus proyectos se harán realidad (Salmos16:3)

  7. maribelad87 dijo:

    Que entrada tan real. del sufrimiento es dificil escapar y si encontramos su valor como oración y escuela de vida habremos entendido bastante de que va esto de vivir.
    Un abrazo
    Maribel

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