Examen de conciencia para sacerdotes

El pasado miércoles de ceniza la congregación para el clero nos ofreció a los sacerdotes un precioso texto titulado “El sacerdote confesor y director espiritual, ministro de la misericordia divina”. Tengo que reconocer que me ha cuestionado en profundidad.

Al final, como apéndice, ofrece un examen de conciencia para sacerdotes que me ha hecho pensar mucho. Os lo copio para que comprendáis mejor qué es lo que nos pide la iglesia, a qué vida estamos llamados, y para que recéis especialmente hoy, domingo del buen pastor, por los sacerdotes, para que sepamos ser los pastores que Cristo quiere y la iglesia necesita.

EXAMEN DE CONCIENCIA PARA LOS SACERDOTES

1. «Por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad » (Jn 17, 19)
¿Me propongo seriamente la santidad en mi sacerdocio? ¿Estoy convencido de que la fecundidad de mi ministerio sacerdotal viene de Dios y que, con la gracia del Espíritu Santo, debo identificarme con Cristo y dar mi vida por la salvación del mundo?

2. «Este es mi cuerpo» (Mt 26, 26)
¿El santo sacrificio de la Misa es el centro de mi vida interior? ¿Me preparo bien, celebro devotamente y después, me recojo en acción de gracias? ¿Constituye la Misa el punto de referencia habitual de mi jornada para alabar a Dios, darle gracias por sus beneficios, recurrir a su benevolencia y reparar mis pecados y los de todos los hombres?

3. «El celo por tu casa me devora» (Jn 2, 17)
¿Celebro la Misa según los ritos y las normas establec idas, con auténtica motivación, con los libros litúrgicos aprobados? ¿Estoy atento a las sagradas especies conservadas en el tabernáculo, renovándolas periódicamente? ¿Conservo con cuidado los vasos sagrados? ¿Llevo con dignidad todos las vestidos sagrados prescritos por la Iglesia, teniendo presente que actúo in persona Christi Capitis?

4. «Permaneced en mi amor» (Jn 15, 9)
¿Me produce alegría permanecer ante Jesucristo presente en el Santísimo Sacramento, en mi meditación y silenciosa adoración? ¿Soy fiel a la visita cotidiana al Santísimo Sacramento? ¿Mi tesoro está en el Tabernáculo?

5. «Explícanos la parábola» (Mt 13, 36)
¿Realizo todos los días mi meditación con atención, tratando de superar cualquier tipo distracción que me separe de Dios, buscando la luz del Señor que sirvo? ¿Medito asiduamente la Sagrada Escritura? ¿Rezo con atención mis oraciones habituales?

6. Es preciso «orar siempre sin desfallecer» (Lc 18, 1)
¿Celebro cotidianamente la Liturgia de las Horas integralmente, digna, atenta y devotamente? ¿Soy fiel a mi compromiso con Cristo en esta dimensión importante de mi ministerio, rezando en nombre de toda la Iglesia?

7. «Ven y sígueme» (Mt 19, 21)
¿Es, nuestro Señor Jesucristo, el verdadero amor de mi vida? ¿Observo con alegría el compromiso de mi amor hacia Dios en la continencia del celibato? ¿Me he detenido conscientemente en pensamientos, deseos o actos impuros; he mantenido conversaciones inconvenientes? ¿Me he puesto en la ocasión próxima de pecar contra la castidad? ¿He custodiado mi mirada? ¿He sido prudente al tratar con las diversas categorías de personas? ¿Representa mi vida, para los fieles, un testimonio del hecho de que la pureza es algo posible, fecundo y alegre?

8. «¿Quién eres Tú?» (Jn 1, 20)
En mi conducta habitual, ¿encuentro elementos de debilidad, de pereza, de flojedad? ¿Son conformes mis conversaciones al sentido humano y sobrenatural que un sacerdote debe tener? ¿Estoy atento a actuar de tal manera que en mi vida no se introduzcan particulares superficiales o frívolos? ¿Soy coherente en todas mis acciones con mi condición de sacerdote?

9. «El Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Mt 8, 20)
¿Amo la pobreza cristiana? ¿Pongo mi corazón en Dios y estoy desapegado, interiormente, de todo lo demás? ¿Estoy dispuesto a renunciar, para servir mejor a Dios, a mis comodidades actuales, a mis proyectos personales, a mis legítimos afectos? ¿Poseo cosas superfluas, realizo gastos no necesarios o me dejo conquistar por el ansia del consumismo? ¿Hago lo posible para vivir los momentos de descanso y de vacaciones en la presencia de Dios, recordando que soy siempre y en todo lugar sacerdote, también en aquellos momentos?

10. «Has ocultado estas cosas a sabios y inteligentes, y se las has revelado a los pequeños » (Mt 11, 25)
¿Hay en mi vida pecados de soberbia: dificultades interiores, susceptibilidad, irritación, resistencia a perdonar, tendencia al desánimo, etc.? ¿Pido a Dios la virtud de la humildad?

11. «Al instante salió sangre y agua» (Jn 19, 34)
¿Tengo la convicción de que, al actuar “en la persona de Cristo” estoy directamente comprometido con el mismo cuerpo de Cristo, la Iglesia? ¿Puedo afirmar sinceramente que amo a la Iglesia y que sirvo con alegría su crecimiento, sus causas, cada uno de sus miembros, toda la humanidad?

12. «Tú eres Pedro» (Mt 16, 18)
Nihil sine Episcopo —nada sin el Obispo— decía San Ignacio de Antioquía: ¿están estas palabras en la base de mi ministerio sacerdotal? ¿He recibido dócilmente órdenes, consejos o correcciones de mi Ordinario? ¿Rezo especialmente por el Santo Padre, en plena unión con sus enseñanzas e intenciones?

13. «Que os améis los unos a los otros» (Jn 13, 34)
¿He vivido con diligencia la caridad al tratar con mis hermanos sacerdotes o, al contrario, me he desinteresado de ellos por egoísmo, apatía o indiferencia? ¿He criticado a mis hermanos en el sacerdocio? ¿He estado al lado de los que sufren por enfermedad física o dolor moral? ¿Vivo la fraternidad con el fin de que nadie esté solo? ¿Trato a todos mis hermanos sacerdotes y también a los fieles laicos con la misma caridad y paciencia de Cristo?

14. «Yo soy el camino, la verdad y la vida » (Jn 14, 6)
¿Conozco en profundidad las enseñanzas de la Iglesia? ¿Las asimilo y las transmito fielmente? ¿Soy consciente del hecho de que enseñar lo que no corresponde al Magisterio, tanto solemne como ordinario, constituye un grave abuso, que causa daño a las almas?

15. «Vete, y en adelante, no peques más» (Jn 8, 11)
El anuncio de la Palabra de Dios ¿conduce a los fieles a los sacramentos? ¿Me confieso con regularidad y con frecuencia, conforme a mi estado y a las cosas santas que trato? ¿Celebro con generosidad el Sacramento de la Reconciliación? ¿Estoy ampliamente disponible a la dirección espiritual de los fieles dedicándoles un tiempo específico? ¿Preparo con cuidado la predicación y la catequesis? ¿Predico con celo y con amor de Dios?

16. «Llamó a los que él quiso y vinieron junto a él » (Mc 3, 13)
¿Estoy atento a descubrir los gérmenes de vocación al sacerdocio y a la vida consagrada? ¿Me preocupo de difundir entre todos los fieles una mayor conciencia de la llamada universal a la santidad? ¿Pido a los fieles rezar por las vocaciones y por la santificación del clero?

17. «El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir» (Mt 20, 28)
¿He tratado de donarme a los otros en la vida cotidiana, sirviendo evangélicamente? ¿Manifiesto la caridad del Señor también a través de las obras? ¿Veo en la Cruz la presencia de Jesucristo y el triunfo del amor? ¿Imprimo a mi cotidianidad el espíritu de servicio? ¿Considero también el ejercicio de la autoridad vinculada al oficio una forma imprescindible de servicio?

18. «Tengo sed» (Jn 19, 28)
¿He rezado y me he sacrificado verdaderamente y con generosidad por las almas que Dios me ha confiado? ¿Cumplo con mis deberes pastorales? ¿Tengo también solicitud de las almas de los fieles difuntos?

19. «¡Ahí tienes a tu hijo! ¡Ahí tienes a tu madre!» (Jn 19, 26-27)
¿Recurro lleno de esperanza a la Santa Virgen, Madre de los sacerdotes, para amar y hacer amar más a su Hijo Jesús? ¿Cultivo la piedad mariana? ¿Reservo un espacio en cada jornada al Santo Rosario? ¿Recurro a su materna intercesión en la lucha contra el demonio, la concupiscencia y la mundanidad?

20. «Padre, en tus manos pongo mi espíritu » (Lc 23, 44)
¿Soy solícito en asistir y administrar los sacramentos a los moribundos? ¿Considero en mi meditación personal, en la catequesis y en la ordinaria predicación la doctrina de la Iglesia sobre los Novísimos? ¿Pido la gracia de la perseverancia final y invito a los fieles a hacer lo mismo? ¿Ofrezco frecuentemente y con devoción los sufragios por las almas de los difuntos?

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8 respuestas a Examen de conciencia para sacerdotes

  1. Miguel Ángel dijo:

    Si le sirve de algo es un usted un buen sacerdote…Aunque no me ha recomendado ninguna novela todavía 🙂

  2. maribelad87 dijo:

    La del sacerdocio es una vocación muy grande. Que Dios derramé sus bendiciones sobre ti.
    Maribel

  3. Nada más que hacer la relación de las obligaciones (que son la alegría del que cumple) denota que se hace bien por su parte.
    De sus flaquezas hay quien se encarga y refuerza, como ud.sabe mejor que yo.
    Yo tengo la Iglesia a cuarenta metros, y un cura que es la soleá. Más serio que un burro cuando funciona en sus deberes, y cordial sin pasarse en su trato con todos.
    Ahí está el tipo (D. Juan) batiendose el cobre como un titán.
    Y todos le queremos, pero de verdad. Ni él mismo sabe cuanto
    Es que es formal, pero de entre los formales.
    Cura que cumple, es santo de verdad, aunque no le den el título
    Ya se lo dan donde es efectivo total
    Total… para decir lo que todos saben.
    Pero los tontos, también sabemos escribir y las cuentas de sumar, etc.
    Palante con Jesús.

  4. carolgar dijo:

    ¡ Que gusto da ver a esos dos hermanos !. Hace poco lei el libro ” Mi hermano , el Papa” donde George Ratzinger narraba recuerdos de la vida de ambos, una vida de hermanos muy unidos, hasta el punto de que fueron ordenados sacerdotes el mismo dia y se ayudaron mutuamente en sus primeras misas Os aseguro que fue una delicia de lectura.¡ Con que humildad y dulzura el hermano del Papa iba narrando anécdotas de su vida familiar ! .Un personaje simpatico, humilde y entrañable, cuya relacion con su Santidad la definió diciendo que ambos hermanos siempre habian sido ” una sóla alma y un sólo corazón”.¡ todo un ejemplo de amor fraterno!.Que Dios les deje disfrutar algunos años mas de su mutua compañia y nosotros que lo veamos.

  5. José Ronaldo de la Roca dijo:

    Este “examen de conciencia” se basa en un perfil específico de lo que es ser sacerdote.
    En América Latina – y más concretamente mi país – las preguntas irían en otra dirección, dado que el perfil de sacerdote es… “un tanto diferente”. Con frecuencia los sacerdotes de por acá dan la impresión de ser “trabajadores sociales” que adicionalmente celebran misa y dispensan otros sacramentos.
    ¿Será correcto hablar de “varios tipos/niveles de sacerdocio? ¿de distintos perfiles de sacerdocio? ¿qué quiere decirse con que la labor de un sacerdote tiene que ver con “cura de almas”?

    • Alvaro dijo:

      Me temo que lo que se acostumbra a ver por su tierra, más que ser “otro perfil de sacerdote” puede tener bastante de “perfil de otra cosa que no es sacerdote”.

      Desde luego, soy consciente de que hay enormes diferencias en cuanto a las realidades sociales, culturales y económicas en Europa (más concretamente España) y en hispanoamérica (donde también por fuerza debe haber grandes diferencias entre unos sitios y otros, dada su extensión).

      Aun así, un sacerdote es un sacerdote, esté donde esté, y como tal debe poner en primer lugar a Dios, y después todo lo demás. Así, si el sacerdote se convierte en una especie de ONG que, ejerce su ministerio sólo como cuestión accesoria, entonces es que no es buen sacerdote porque ha apeado a Dios de ese primer lugar que le corresponde por derecho.

      Y con ello no quiero decir que su labor social no pueda ser buena, ni mucho menos. Lo que digo es que su loable actividad habrá dejado de ser la de un sacerdote para convertirse en la de un filántropo cualquiera, con mucha solidaridad humana y poca caridad cristiana.

      Por cierto, aunque la labor de ese sacerdote desnortado puede ser buena, también puede suceder que no lo sea. Por ejemplo, en hispanoamérica ha sucedido con cierta frecuencia que algunos sacerdotes han acabado confundiendo la “labor social” con la “lucha social” y, en consecuencia, han acabado uniéndose a alguna guerrilla para luchar junto a ellos. Eso ha venido de la mano, sobre todo, de la Teología de la Liberación, doctrina marxista pseudocristiana que llama a la lucha social marxista pretextando que ese odio de clase es, en realidad, amor de Cristo (al que describen como el primer revolucionario de la historia).

      En definitiva, entre los sacerdotes hay muchos perfiles válidos distintos, pero también muchos que no lo son, y hay que saber distinguir los unos de los otros (y veo que el examen de conciencia que publica D. Jorge no es mala guía), y el que un sacerdote tenga un perfil válido o uno inválido será lo que le califique o no como “buen pastor”.

      Ya se sabe: Cristo es el Buen Pastor y los sacerdotes también lo son en tanto hablan con Su voz, que los fieles reconocemos. Por eso mismo, los fieles no reconocemos como verdaderos ministros de Cristo a los malos sacerdotes, que hablan con otra voz que no es la de Cristo, predicando otra cosa que no es Su doctrina.

      Y está escrito que las ovejas lo sabremos:

      Juan 10
      1 «En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador;
      2 pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas.
      3 A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera.
      4 Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.
      5 Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»
      6 Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba.
      7 Entonces Jesús les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas.
      8 Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon.
      9 Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto.
      10 El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.
      11 Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas.
      12 Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa,
      13 porque es asalariado y no le importan nada las ovejas.
      14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí,
      15 como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.
      16 También tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño, un solo pastor.
      17 Por eso me ama el Padre, porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo.
      18 Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla y poder para recobrarla de nuevo; esa es la orden que he recibido de mi Padre.»

      Un saludo.

  6. Blanca dijo:

    Saludos, Jorge, como era tan largo el texto que nos ofrecías, y mi tiempo es un bien escaso, lo he ido retrasando para otro momento el añadir un comentario.
    Me ha encantado el texto de esta Entrada,.
    Según mi humilde pensar, el sacerdote es un hombre en medio de la sociedad que un día en su juventud, después de un largo periodo de formación, tomó una decisión de por vida que le imprimió carácter. Pero está a mereced de todos los vientos que soplan y el entusiasmo juvenil pude irse apagando. Desgraciadamente a algunos les ha ocurrido…
    Para mantener la ilusión del AMOR PRIMERO, ha de guardarse el corazón de muchos peligros que atentarían contra su vocación, y el examen que he leído me parece una maravilla para hacerlo con frecuencia, siempre que se pueda para mantener viva la ilusión del principio y hasta llegar a reconocer que ha sabido elegir la vida que le ha hecho ser plenamente feliz….
    Que Dios te bendiga, y te haga más feliz cada día que pasa al servicio de tu Parroquia y de tus hermanos de la vida real y virtual.
    Un abrazo
    http://www.isladesentimientos.es/

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