El plumero… y los entorchados

No soy muy partidario de dar demasiadas explicaciones de las cosas. Dicen que los amigos no las necesitan, y los que no lo son, no se las creen. Haremos hoy una excepción, y sin que sirva de precedente.

En la entrada del pasado día viernes, dos comentaristas dejaron sendas observaciones sobre mi supuesta “indiscreción” al exponer en el blog el contenido de una conversación privada en el despacho. Pero hombre, por Dios, no me tengan por tan ingenuo, que no es el caso.

Lo que cuento fue efectivamente una conversación, pero ya me cuido yo muy mucho de presentarla de forma que no sólo sea imposible identificar a mi interlocutora, sino que ni ella misma lo consiga. A lo mejor  la charla fue hace más tiempo, quizá no en el despacho, tal vez no fuera “ella” sino “él”. Lo que es cierto es la anécdota de fondo: “me gustan las eucaristías, no las misas”, y esa forma de entender la participación en plan festivalero. Evidentemente uno sabe contar el hecho, el caso, la anécdota, pero tengo mucha costumbre de salvaguardar la intimidad de cada cual.

Es curioso lo que se puede entender por misa “amena” y “participada”. ¿Quizá esto? ¿Esto sería el ideal?

Y otra cosa ya de paso. Una de mis amables comentaristas dice “que se me ve el plumero”. Perdone, pero no. A un servidor no se le ve el plumero. Un servidor muestra sin ningún tipo de rubor el plumero, el gorro de mariscal, los entorchados, la casaca y hasta la baticola del caballo. Eso de verse el plumero hace referencia a las personas que no son claras, que ocultan sus verdaderas ideas e intenciones, pero que, por fallo de estrategia, se le acaban descubriendo. No es mi caso. Soy claro como el agua clara y no tengo por costumbre hablar con medias palabras. Para bien y para mal, a mí se me entiende todo y se me nota todo.

En más de una ocasión ya he dicho que aquí hay poco morbo. Servidor intenta conformar su fe, su vida y su ministerio con el evangelio según nos lo ha transmitido la iglesia. Lo que la iglesia cree y da por bueno así lo entiendo yo, y lo que piensa que es otra cosa por bueno lo tengo. Ese es mi criterio como sacerdote. Otra cosa es que uno tenga fallos y se equivoque, como es natural. Pero las intenciones bien claras las muestro.

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11 respuestas a El plumero… y los entorchados

  1. Ana Azul dijo:

    Que susceptibles nos volvemos cuando queremos. Cada cual ve la feria según le va y vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el nuestro.
    ¿Se verá este comentario por fin? Espero que sí. Borra los repetidos de la entrada anterior. Gracias
    Ana

  2. JoseAntoniO dijo:

    Completamente de acuerdo. Nos gusta comentar, pero nos estamos volviendo muy sutiles.
    Gracias por decir las cosas claras.

  3. Juan orlando dijo:

    De acuerdo con mi hermano sacerdote. ademas, esas mentes que viven sospechando cosas de los demás, son enfermas!!!

  4. Arcipreste dijo:

    Si alguna vez consiento algo así en Misa, que un tío disfrazado de conejo haga las preces o cualquier otra cosa, que alguien me lleve al psiquiatra antes de que haga más daño, el vídeo es terrorífico…
    Este domingo mis monaguillos se lo han pasado en grande sin necesidad de esas tonterías. Y yo de paso, aunque tuve que atajar el conato de bailar la canción del coro, pero bueno. 🙂

  5. Alvaro dijo:

    Me temo que la corrección política ha metido miedo a demasiada gente a la hora de hablar claramente de demasiadas cosas, y eso acaba por acostumbrarles a creer que todo el mundo esconde sus ideas, que nadie habla francamente de las cosas.

    Y luego, claro, vienen las sorpresas:

    – “Mira, mira. Ese cura ha escrito un artículo que se titula ‘La osadía de los ignorantes’, en el que dice que algunos no se enteran y que no hay manera de que entren en razón por mucho que se les explique y se les argumente porque están convencidos de que saben más que nadie. Pero se le ve el plumero: aunque intente ocultarlo, lo que quiere en realidad es criticarles”.

    Epílogo:
    D. Jorge abre los ojos como platos y, tras unos instantes de duda, logra articular unas palabras:
    – “¡Anda! ¿Cómo te has dado cuenta?”

    Un saludo.

  6. Blanca dijo:

    Saludos, Jorge.
    Gracias, por las aclaraciones que nos das, pero creo que no eran necesarias.
    Yo cuando las leí, ya me di cuenta de que iban con lupa a ver qué podían encontrar para ….
    …. “rizar el rizo”, con pretextos….
    Un abrazo
    http://www.isladesentimientos.es/

  7. maribelad87 dijo:

    Que susto si voy a la misa y me aparece el conejo ese….
    Lo maravilloso que es Dios, lo cercano que es Jesus y que perdamos el tiempo y las energías haciendo circo.
    Maribel

  8. Miguel Ángel dijo:

    Con el video en alemán lo acusaran de ser pro Merkel, lo estoy viendo…

  9. José Ronaldo de la Roca dijo:

    Mi castellano “de américa latina” no me permite entender muchos de los pensamientos, frases, dichos y sentencias que aparecen en estos comentarios; ustedes me disculparán.
    ¿Qué rayos es lo que este video presenta? ¿Es una “misa de verdad”? ¿esto ocurre en la tierra de Ratzinger? ¡Por Dios santo! ¿La misa convertida en una payasada en aras de… la inculturación?
    Si estos “hermanos en la fe” le hacen esto a nuestra celebración eucarística…lo que digan/hagan los enemigos de la iglesia, palidece ante ello. Bueno, ya alguien lo había dicho: el enemigo está dentro de la misma Iglesia.

  10. Alvaro dijo:

    “Donde menos lo esperas, salta la liebre”, dice el refrán.

    Verdaderamente, resulta estupefaciente lo del conejo, dando saltitos por toda la iglesia con el beneplácito del sacerdote, que incluso corea sus gracietas.

    Pero claro, aquí en España hemos podido ver situaciones también vergonzosas, como por ejemplo la que se pudo asistir en la Iglesia de S. Carlos Borromeo, de Madrid, donde los sacerdotes consagraron bollos para darlos a comer a políticos y diversas figuras públicas anticatólicas, a cual más indigna, como parte de su defensa de la prédica anticatólica “desde dentro”.

    Por ejemplo, aquí se relata cómo hacían como que comulgaban, entre otros, el masón José Bono (siempre pretendiendo ser católico) o el homosexualista Pedro Zerolo. Digo que “hacen como que comulgan” porque no tengo nada claro que la celebración del sacramento produzca efecto alguno siendo celebrado usando especies completamente inadecuadas (bollos y rosquillas en lugar de pan ácimo), a lo que se suma que se “ofició” por sacerdotes indignos (no me extrañaría que hayan sufrido excomunión “latae sententiae”, ya que cabe pensar que hayan colaborado en algún aborto como el “pare Manel” catalán), con una finalidad claramente indigna (como es la reivindicación política) y quién sabe si también incumpliendo el rito (supongo que debe haber algún límite cambiando cosas que, sobrepasado, haga nulo el rito):

    http://www.madridiario.es/2007/Junio/madrid/madrid/24256/bono-zerolo-san-carlos-borromeo.html

    Afortunadamente, estos “sacerdotes” fueron ya apartados de su responsabilidad pastoral, pero el daño que hicieron hasta entonces fue mayúsculo.

    Por cierto, también hubo polémica en otra iglesia de S. Carlos Borromeo, aunque esta vez en Ohio, donde expusieron un cuadro de un Cristo crucificado, pintado imitando el estilo bizantino, pero con tan mala fortuna a la hora de pintar el abdomen, que la imagen resultaba obscena para muchos.

    Un saludo.

  11. Y le añadimos las monjas “sublevadas” de América y los curas que bailan en minifalda y ya no hay quien entienda este galimatías. Y es porque los mismos que deberían defender la fe con sus vidas, se dedican a poner en solfa y a desobedecer a quien corresponde la dirección.
    Eso anima a los otros, que se lucen con cualquier fallo que siempre tiene que haber donde hay hombres.
    Un poemilla de mi caletre
    To no ba a she achicharrarse

    TE AGUARDO MARÍA
    Te aguardo como a espléndida alborada
    Que desgarra a la infausta noche oscura,
    Y hace surgir colores y ventura
    Al corazón, y mente enamorada.

    Un alma que vivió seca y frustrada
    Hasta que de tu luz vivió la albura
    De la paz, y la viva luz tan pura
    Que pedí cuando ya desesperaba.

    Y te llegaste a mí cual bella hada,
    Sin ira ni reproche, tan cordial
    Que me abriste la claridad velada.

    ¡Que feliz me sentí con el cordero!
    Al que tú me llevaste, generosa,
    Y ya eres para mí sol y lucero.

    ¡Ea! toi echo un peaso poetón.

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