Qué es eso de amar… (y hay mucho truco)

Para empezar, cuidado con caer hoy en la cursilería. Esas frases de “amar es abrir el corazón a la inmensidad del mundo” o “amar es sentir en las entrañas el dolor de cada indigente” no valen ni para postal de quinceañero. Seamos más serios.

Cuidado también con lo que cada cual entiende por Amor. Lisa tiene quince años y está embarazada. La orientadora de su instituto le insiste en que aborte “por su bien”, y la trabajadora social de su zona, lo mismo. Una madre me contaba lo orgullosa que está de la humanidad de su hija: estaba embarazada y el niño venía mal, así que prefirió renunciar a su hijo antes de que el niño sufriera toda la vida; en otras palabras, que abortó. Antonio era incapaz de despertar a su hijo cada mañana de tanto como le quería; e sverdad que el niño se quedaba sin ir al colegio…

Recordemos aquello de “estos diez mandamientos se encierran en dos: amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”. Eso quiere decir que para aclararnos con lo que es amar de verdad hay que volver a los mandamientos.

Amar es tener a Dios en el centro y origen de todo. Es tomarle enserio, es vivir las fiestas como cristiano de verdad. Amar es honrar padre y madre, cuidarlos, preocuparse de ellos, obedecer, rezar por ellos cuando ya nos faltan. Amar es defender la vida desde la concepción hasta su fin natural, y trabajar para que todos puedan vivir con dignidad. Amar es vivr la sexualidad dentro del plan de Dios, el casado en entrega y fidelidad  ala pareja, el soltero, en castidad. Amar es ser honrado con el dinero, incluso en campaña del IRPF. Amar es ser sincero, fiel, de palabra.

Amar a la Iglesia es acudir a la celebración dominical con todos los hermanos. Es confesar y comulgar al menos de una vez al año. Es echar una mano en las necesidades de la comunidad. Es practicar la penitencia común.

Y amar al prójimo es algo tan simple como practicar las obras de misericordia. Tanto las materiales: dar de comer, de beber, acoger el peregrino… (¡viva caritas!) como las espirituales, desde dar buenos consejos, enseñar al que no sabe, corregir al que yerra… a rogar a dios por los vivos y difuntos.

Hoy está muy de moda eso de “respetar” y dar todo por bueno. Ese cada cual sabrá que tanto daño hace. Amar al prójimo no es eso. Es enseñar, es corregir, es aconsejar… aún a riesgo de que nos digan cualquier cosa.

Amar como Cristo nos enseña es amar según los mandamientos, es practicar las obras de misericordia.

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9 respuestas a Qué es eso de amar… (y hay mucho truco)

  1. Fernando dijo:

    Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado (Jn, 15, 12)

  2. Miguel Ángel dijo:

    En estos tiempos la gente confunde la velocidad con el tocino. Si ofreces tu amistad a una chica ella entiende que te quieres acostar con ella, si das de comer al hambriento este dice ; ¿Para que voy a trabajar si ya me dan de comer? Y como eso todo. Vivimos en un mundo falto de valores y es dificil llevar a cabo lo que nos dicta el evangelio sin llevarnos grandes decepciones.

  3. Blanca dijo:

    Saludos, Jorge….Ayer inserté la letra de esta canción, que me gusta mucho y por cierto la cantaron en Misa y no ha salido….La vuelvo a copiar porque viene bien en esta entrada…Si has de autorizar la otra, no lo hagas para que no salga repetida. Y a ver qué pasa ahora….Si desaparece otra vez….Casi es una prueba.
    .

    AL ATARDECER DE LA VIDA

    Al atardecer de la vida
    me examinarán el amor.

    Si ofrecí mi pan al hambriento,
    si al sediento dí de beber,
    si mis manos fueron sus manos,
    si en mi hogar lo quise acoger.

    Si ayudé a los necesitados,
    si en el pobre he visto al Señor,
    si los tristes y los enfermos
    me encontraron en su dolor.

    Aunque hablara miles de lenguas,
    si no tengo amor nada soy,
    aunque realizara milagros,
    si no tengo amor nada soy.

    Feliz semana. Un abrazo
    http://www.isladesentimientos.es/

  4. Alvaro dijo:

    ¡Ay, el Amor! Pocas palabras han sido manipuladas tanto como esta.

    Personalmente, creo que una forma bastante fiable de distinguir el Amor verdadero del Amor falso (me refiero a basándonos en sus efectos y no en sus orígenes) es que el primero es generoso y el segundo egoísta. Con esto hay que tener cuidado porque el buenismo de algunos hace que a veces se vean como generosas actitudes que son egoístas, ya que van encaminadas a la propia autocomplacencia, a la que puede llegarse mediante una cierta generosidad (sería el caso de quien se ufana por lo bueno que es, de modo que su generosidad se reduce a un “pago” a cambio del que se obtiene ese sentimiento de superioridad).

    En este sentido, es muy recomendable la lectura del libro de C.S. Lewis “Los Cuatro Amores”, donde se analizan y diseccionan los cuatro tipos básicos del amor humano, sus orígenes, apariencias y efectos, avisando también de los peligros que entraña su mala interpretación y mal ejercicio. Esos cuatro amores son:
    – el afecto
    – la amistad
    – el eros
    – la caridad

    Puede buscarse en Internet, ya que hay sitios donde se ofrece para descarga.

    Un saludo.

  5. José Ronaldo de la Roca dijo:

    Si, el amor. Hay que entender que se puede (y es necesario) tocar el tópico desde distintos ángulos: el psicológico (con sus varias derivaciones), el literario, el antropológico…y por supuesto, el sentido cristiano del amor que nos invita a trascender desde el “eros” hasta el “ágape”. Lo importante quizás es entender (que no necesariamente aceptar) estos otros puntos de vista, para así acercarnos – sin prejuicios aunque sí con una clara concepción – a la complejidad absoluta del ser humano.

  6. Maria dijo:

    http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=36934 Te pongo el enlace al llamamiento que hace el famoso exorcista P. Fortea sobre el peligro de profanación que puede tener en un futuro próximo el pago del IBI por parte de la Iglesia, ya sé que trataste el tema hace días pero tenía miedo de que allí no lo vieras y es muy interesante y aporta un peligro nada desdeñable.

  7. Dicen que cuando se ama de veras a Dios en Jesucristo, hasta el pecado y las caídas más o menos importantes cobran un nuevo aspecto. Estamos tratando con nuestro Padre Celestial, y nuestras estupideces (el pecado al fin y al cabo, es una gruesa estupidez), quedan relegadas a una incidencia normal entre el Padre u sus hijos. Bueno; es una forma de pensar pero no está descaminada del todo.

    Nunca el padre levantará la mano para destruirnos sino que sabiamente aprovechará estas caídas para levantarnos con todo su amor (¿y quién mide el amor de Dios?) y nos volverá pacienzudamente (como hacemos nosotros con nuestros hijos) a nuestro lugar. Nadie mejor que él conoce nuestras peculiaridades, nuestras debilidades, inclinaciones y toda la tropa de flaquezas que nos acompañan en el diario vivir.

    Quien le ama de veras sabe agradecer una mañana de aire puro, unos pájaros volando raudos o una nubes preñadas de agua dispuesta a bajar de su altura para llenarnos de fruto y de gozo para la tierra. En ese estado de comunión y confianza con el padre eterno y bueno, ya no hay miedo sino el consabido temor, a que frunza las cejas por nuestros desvíos.

    La letra de la ley ya solo sirve para guiarnos por el camino ETERNO de salvación y comunión directa y viva con nuestro Padre, y para vivir para siempre en las moradas que Cristo, según su palabra, preparó para los que le aman. La Ley ya no es para mostrarnos el pecado de forma acusadora, sino para con una dulzura que no acabamos de entender ni disfrutar, señalarnos en donde hemos caído y en que hemos errado.

    Cuando vemos a nuestros hijitos hacer algo alocado, casi ya sabemos lo que van a hacer con ser ellos tan imprevisibles. Y al reñirles sabemos que de forma ineluctable, era aquello lo que harían porque conocemos su temperamento impulsivo, en su carácter ante las cosas. Y si no hay ningún desacato gordo nos reímos mientras les reñimos, porque sabemos que “son las cosas de Pepito” aunque con ceño severo; y a veces tenemos que volver la cara para que no nos vean reír de sus conocidas cosas.

    Pues amigos y hermanos que tan rigurosamente consideramos el amor de Dios ¿porqué no nos acercamos a nuestro Abba, es decir a nuestro Papá, para recibir de él las caricias y los mimos que el muy “blanducho” para nosotros, no es capaz de reprimir? Dios nos ama, como no podemos imaginar. El amor de un padre-madre terrenal, es paja comparado con el de Dios que hizo el Cielos, la Tierra y sus criaturas, para darles un fin indescriptible y dichoso.
    Eso es amor y de é provienen todos los amores habidos y por haber.

  8. Ana azul dijo:

    Es que a veces confundimos la palabra amar con la palabra comodidad,. Tenemos miedo de tomar decisiones que puedan afectarnos, y tiramos por el camino mas fácil.
    Saludos
    Ana

  9. Alvaro dijo:

    Recuerdo que hace varias semanas se mencionó en Radio María una cosa que me resultó de lo más interesante, ya que se hablaba de cómo hace Dios para que sepamos cuál es Su voluntad, de modo que podamos cumplirla. Lo traigo a colación porque, aunque no se refiera estrictamente al Amor, que es el tema del que se habla, sí se refiere a una manifestación de Su Amor, de la que podemos aprender para cuando sea nuestro amor el que debamos manifestar a otros.

    Era un programa sobre las vocaciones, y hablaban de las distintas actitudes que las personas podían mostrar respecto a la voluntad de Dios, desde la voluntad de pecado hasta la de perfección, pasando por la indiferencia y alguna más. El caso es que la mayoría requerían una búsqueda activa de la voluntad de dios, sea para cumplirla, para sólo no vulnerarla o para contrariarla directamente, pero eso no sucedía con la indiferencia, que simplemente ignoraba a Dios. Y claro, surgía la pregunta: ¿Cómo hace Dios para que el indiferente sepa cuál es Su voluntad, toda vez que éste no se preocupa de averiguar cuál es?

    La respuesta que daban era “Dios nos habla por medio de los remordimientos”, pero no de cualesquiera remordimientos. En este sentido, distinguían tres tipos de remordimientos:

    – Unos remordimientos son humanos, surgen de nosotros mismos y suelen causarnos preocupación por causa de nuestra imagen ante los demás (por ejemplo, después de decir algo inconveniente en una reunión: ¿Cómo se lo habrá tomado el jefe? Igual se molesta y me sacan del proyecto)

    – Otros remordimientos son instigados por el demonio, y siempre son agresivos y destructivos, sin ofrecer ninguna salida. Hacen que la persona se odie a sí misma, se considere indigna y caiga en una espiral de desesperación que puede terminar destruyéndola por completo.

    Citaban un ejemplo concreto leído en un libro, de unas declaraciones de una chica que había abortado: antes de abortar había como una vocecita en su cabeza que le decía “no te preocupes, que no pasa nada; si son sólo una cuantas células; mira si no en qué follón te metes…” y, tras abortar y ante el espectáculo de su hijo ensangrentado, la MISMA vocecita le decía “no mereces ser madre; ese era tu hijo y le has matado; eres una asesina; esta carga te perseguirá toda tu vida; nadie querrá jamás estar con alguien así…”. La chica subrayaba que era la misma voz la que primero inducía a pecar y después le machacaba usando para ello ese mismo pecado que antes había instigado.

    – Pero había un tercer tipo de remordimiento, inspirado por Dios, que es un remordimiento amoroso, siempre positivo, en plan “es verdad, la has hecho buena; pero ánimo, que vamos a ver cómo lo arreglamos y seguro que la próxima vez lo hacemos bien”. No niega la realidad de los actos, pero sí ofrece una salida, una alternativa que permita a la persona recuperarse y seguir adelante, aparte de que el dolor por esos pecados no es lacerante y destructivo, sino suave y amoroso.

    Así, Dios nos habla amorosamente aunque no le hagamos caso, y para ello emplea ese tercer tipo de remordimiento cada vez que hacemos algo que no Le gusta, animándonos con ello a cambiar de actitud y empezar a actuar como Dios manda (literalmente).

    Aquel programa de radio me resultó de lo más instructivo, ya que enseñaba de una forma clara y práctica a estar atento y a distinguir la voz de Dios en tu propio corazón.

    Pero no sólo eso, ya que también se aprendía un poco de cómo se debe amar. No con reproches por las apariencias (ya que eso es seguir el criterio humano), ni de forma que se destruya a la otra persona (ya que eso más parece inducido por el demonio), sino tratando a las personas a las que de ama con paciencia y tacto, tratando de ser respetuoso con cada persona pero sin dejar por ello de ser constructivo, tratando de enseñar convenciendo, ni simplemente imponiendo ni abandonando al otro en un falso “respeto”.

    Y no es nada fácil, ya que nuestra paciencia dista mucho de ser la debida, nuestro orgullo nos juega malas pasadas y nuestras entendederas son las que son, pero siempre es útil tener en mente ese suave toque de remordimiento en las conciencias, fruto del Amor de Dios, imaginar lo que puede sentir Dios al decirnos “por ahí no, es por aquí” (sé que la imagen es muy limitada) con tan infinito tacto, e, imaginado ésto, tratar de amar a nuestro prójimo así.

    Un saludo.

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