Un documento que hay que leer

La Conferencia episcopal española presentó ayer el documento “La verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar”. Creo sinceramente que es un documento para leer y repensar.

Estamos siendo educados por los medios de comunicación, por televisiones de la más variada calaña, los personajes más pintorescos, menos cultos y más atrevidos parece que son los que tienen que marcar el ritmo de la sociedad y de la vida.

Pero merece la pena repensar cosas como las que trata el documento: qué es el amor, cuál es la verdad del amor, la esencia del amor conyugal y sus características. Habla también de cómo se puede distorsionar la imagen del hombre, entrando en cuestiones tan serias como la ideología de género. Sigue tratando el tema de “Amor conyugal, institución y bien común”, donde reflexiona sobre matrimonio y legislación entre otras cosas, continúa con un planteamiento de futuro que titula “Hacia una cultura del matrimonio y de la familia” para terminar recordando cuáles deben ser la misón y el testimonio de la familia.

Ya han aparecido las primeras voces críticas, como era de esperar. Ante esta cultura tan de todo vale, y donde lo único que importa el es yo, como fuente suprema del egoísmo más feroz, la voz de los obispos molesta. Se siente, qué le vamos a hacer.

Os invito encarecidamente a leer este documento. Que nadie nos dé gato por liebre y menos en estas cosas.

Supongo que escucharemos esas voces de siempre de que los obispos están obsesionados con el sexo, y que lo que hay que hacer es estar con los pobres y que… bla, bla y bla. Lo que hay que hacer es hablar clarito y exponer sin temor la doctrina de la iglesia. Precisamente porque hoy las cosas de la familia están como están hay que hablar de ello. A los católicos nos viene bien escuchar a nuestros obispos. Pues nada, a leerse el documento y ya hablaremos de qué nos ha parecido.

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12 respuestas a Un documento que hay que leer

  1. Alvaro dijo:

    No estoy de acuerdo: dice vd que estamos en una “cultura tan de todo vale”, cuando ni es cultura ni es del “todo vale”.

    No es cultura porque se basa en la ignorancia y la mentira.

    Y no es del “todo vale” porque en ella “no vale” el hacer las cosas bien: si no fuera así, los obispos sólo serían una voz más dentro del maremágnum de lo universalmente válido, y sus palabras no escocerían a tantos que opinan que lo que digan los obispos “no vale”.

    Por lo demás, veré cuándo puedo sacar un rato para leer el documento, que a buen seguro será de lo más interesante.

    Y a seguir cabalgando, puesto que tanto ladran.

    Un saludo.

  2. Alvaro dijo:

    A lo dicho antes, agregaría una pequeña reflexión sobre un término al que a menudo no se da la importancia que merece: “perspectiva”.

    El documento de la CEE que nos enlaza hoy D. Jorge responde a lo que se denomina “perspectiva de género”.

    Desde luego, no quiero dejar de mencionar que eso del “género” es algo a medio camino entre la barbaridad inculta (el término “gender” inglés se traduce por “sexo”, ya que el “género” lo tienen las palabras o las artes, pero no las personas) y el atentado ideológico (recordemos que se empezó a imponer como sinónimo de “sexo” pero, ya aceptado, se cambió su significado por el de “rol social independiente del sexo”, cambiando el sentido de todo lo dicho hasta la fecha). De todos modos, dicho ésto, en lo que quiero centrarme es en eso de la “perspectiva”.

    ¿Por qué “perspectiva”? ¿Por qué no “políticas”, “atención a”, 2protección de” o tantas otras cosas que se podrían decir?

    La clave radica en que la “perspectiva” hace referencia al punto de vista del observador, y a menudo ese punto de vista determina lo que ese observador puede o no puede ver, y cómo lo ve. Al imponer la “perspectiva de género” en prácticamente todos los ámbitos de la vida, se obliga a todo el mundo a ver siempre las cosas desde un mismo punto de vista o, como decía Ramón de Campoamor, a través de un cristal de un color determinado (“En este mundo traidor / nada es verdad ni mentira / todo es según el color / del cristal con que se mira”).

    Cuando se quiere examinar algo para conocerlo con seguridad y precisión, es importante mirarlo desde todos los ángulos posibles, de modo que no se nos pierda ningún detalle por oculto que pueda estar. Por eso, si se impone una única perspectiva, resulta imposible conocer la realidad tal y como es, quedando limitados a conocer sólo lo que quiera mostrarnos quien impone esa “perspectiva”.

    Así pues, es digno de celebrarse que haya instituciones como la Iglesia que aporten una perspectiva realista y no artificiosa (o, en todo caso, distinta al tiempo que profusamente argumentada) de algo tan importante como es la relación conyugal. Esta perspectiva sana que aporta la CEE rompe con ese enfermizo pensamiento único, abre las mentes y enriquece la visión de una importantísima parte de la vida que, si por los progres fuera, quedaría reducida al sexo promiscuo con condón, y si te he visto no me acuerdo.

    Un saludo.

    • Miguel Ángel dijo:

      Pues le diré una cosa Don Álvaro el uso del condón en según que situaciones y lugares salvarían muchas vidas por la terrible enfermedad del sida. No voy a entrar en la utilización que le puedan dar los progres porque no es mi tema pero reflexione si prefiere salvar una vida o condenar a muchas a morir por el simple hecho de no protegerse ante una relación sexual…Espero que salvar vidas le motive tanto como los boicots a las marcas que nos ofenden, no me defraude. Un saludo

      • Alvaro dijo:

        Naturalmente que creo que se deben salvar vidas, ¿de dónde ha sacado vd lo contrario?

        Al mismo tiempo, naturalmente que creo que la postura de la Iglesia sobre el sexo es la adecuada, ¿de dónde ha sacado vd lo contrario?

        Y, naturalmente, estoy completamente en contra de que se agreda y se ofenda pública e impunemente a la Iglesia, al catolicismo y a los católicos, ¿de dónde ha sacado vd lo contrario?

        Pero le recuerdo que yo dije “sexo promiscuo con condón”, no de “el uso del condón en según que situaciones y lugares” (lo que da a entender un uso excepcional y justificado).

        La cuestión radica en que la Iglesia no se opone al uso del condón de la forma en que vd parece creer, es decir, sin admitir su uso “en según que situaciones y lugares” (ojo a eso, que es una forma habitual de manipulación: no es lo mismo el caso general que la excepción particular, y muchos juegan demasiado a menudo a confundir entre ambos).

        Le recuerdo las palabras del propio Benedicto XVI:
        “Puede haber casos justificados singulares, por ejemplo, cuando una prostituta utiliza un preservativo, y éste puede ser el primer paso hacia una moralización, un primer acto de responsabilidad para desarrollar de nuevo la conciencia sobre el hecho de que no todo está permitido y de que no se puede hacer todo lo que se quiere”.

        Lógicamente, el Papa sólo habla de algunos casos singulares justificados (es decir, excepciones a la regla), ya que agrega :
        “Sin embargo, este no es el verdadero modo para vencer la infección del VIH. Es verdaderamente necesaria una humanización de la sexualidad”.

        Por cierto, tengo leído que el Papa habló de los “prostitutos” y no de las “prostitutas”, pero que se tradujo mal al español (eso ha traído polémica, como no podía ser menos).

        El caso es que la Iglesia siempre ha defendido que la sexualidad forma parte integral de la persona y de su relación con los demás. Esa sexualidad humanizada es justo lo contrario de lo que se predica desde las ideologías que protagonizaron la “revolución sexual”, para las que el sexo (biológico), la sexualidad (entendido como comportamiento sexual) y lo que llaman impropiamente el “género” (el rol social propio de cada sexo) son tres realidades independientes y desconectadas unas de otras. Así, mientras la Iglesia pugna por humanizar la sexualidad, las “ideologías de género” pugnan por deshumanizarla, con los desastrosos efectos por todos conocidos.

        Huelga decir que parte de esa humanización de la sexualidad consiste, precisamente, en la práctica del “sexo responsable”, pero del responsable de verdad, no la irresponsabilidad de la promiscuidad con condón, que es la salvajada a la que los progres llaman engañosamente “sexo responsable” (bien pensado, es posible que el sexo promiscuo sea realmente “una forma de sexo responsable” pero sólo en el sentido de que es “responsable de la inmensa extensión actual del SIDA y de la aterradora sangría del aborto”).

        Es decir: lo responsable en materia sexual radica en que sea la persona quien controle a sus pasiones y no que sean las pasiones las que controlen a la persona, limitándose ésta a aportar la gomita. Una analogía muy gráfica es compararlo con la conducción y, así, plantearse si la responsabilidad al volante consiste en respetar los límites de velocidad o en ponerse el cinturón: el sexo irresponsable con condón equivale a conducir a lo loco, pero con el cinturón puesto (y no pretendamos llevar la analogía más allá de sus límites, ya que la fecundidad del amor conyugal no es moralmente comparable a las consecuencias de un accidente a velocidad legal pero sin cinturón).

        A lo dicho agrego otro dato que demuestra la inmensa falacia en la que tanta gente cree a pies juntillas: es un hecho que la Iglesia se ha mostrado en general a favor de una política concreta de prevención del SIDA denominada “ABC”, que ha producido excelentes resultados en los pocos sitios que, apartándose de los dogmas progres, la han aplicado. En este sentido, es paradigmático el caso de Uganda, que en unos 15 años ha bajado de más de un 20% a alrededor de un 5% de incidencia del SIDA:
        http://www.fluvium.org/textos/sexualidad/sex122.htm

        En esta política ABC, la “A” significa “Abstention” (abstención), la “B” significa “Be Faithful” (sé fiel) y la “C” significa “Condom” (condón), y su aplicación es de lo más sencilla:
        – Lo mejor es que hagas A (que te abstengas de tener sexo)
        – Si no haces A entonces haz B (ten sexo, pero no de forma promiscua sino siendo fiel a una única pareja)
        – Finalmente, si no haces ni A ni B, entonces haz al menos C (ya que prefieres la promiscuidad, al menos ponte condón).

        Este ABC es de aplicación universal, aunque con matices:
        – Como caso general, constituye un eficacísimo freno a la extensión del SIDA (como digo, está más que demostrado donde se ha aplicado).
        – En el caso particular de los católicos practicantes y consecuentes, en cambio, sólo son admisibles la A y la B (la A para solteros y la B para casados), ya que la C aplicaría de forma general sólo a los casos que son pecaminosos de por sí, como son las relaciones prematrimoniales o el adulterio (imagino que siempre cabe la dispensa a la excepción, por ejemplo cuando un cónyuge ha contraído la enfermedad, para que no contagie al otro, pero en general la bondad moral del amor conyugal incluye la fecundidad a la que lo cierra el condón).

        Como puede imaginar, es absurdo pretender que quien está incurriendo en un pecado mayor como el adulterio vaya a dejar de usar condón precisamente por exhibir una elevada moralidad (aunque reconozco que ese absurdo se ve a menudo en quienes acusan a la Iglesia del SIDA en África: pretenden que los no católicos van a seguir con su tradicional promiscuidad, pero haciendo caso a la Iglesia sólo en lo del condón; por cierto, es un hecho la correlación entre el porcentaje de católicos de un país y la incidencia del SIDA en él: a mayor catolicidad, menor SIDA).

        Como le digo, la postura de la Iglesia respecto al condón es muchísimo más compleja, profunda y sensata que como muchos anticatólicos se empeñan en transmitir a sus crédulas audiencias, y además esa postura funciona y muy bien (si nos va como nosva es, precisamente, porque demasiada gente no hace caso).

        Así pues, espero que hacer honor a la verdad y poner bajo la lupa las falacias progres le motive tanto como otras posturas que con toda legitimidad defiende por estos foros, no me defraude.

        Un saludo.

    • Alvaro dijo:

      Una pequeña aclaración:

      Donde digo “(o, en todo caso, distinta al tiempo que profusamente argumentada)” creo que queda más claro si agrego una pequeña coma: “(o, en todo caso, distinta, al tiempo que profusamente argumentada)”.

      Lo que quería transmitir es que la postura aportada por la Iglesia era distinta a la que impone la “perspectiva de género” y que, al mismo tiempo, la Iglesia la argumenta profusamente (y muy sólidamente, si se me permite).

      Un saludo.

      • Miguel Ángel dijo:

        Estimado señor Álvaro; No valoro a las personas por sus ideas, lo hago por sus actos y por lo tanto no le prometo ningún comportamiento anti ningún colectivo gratuitamente. Seré breve, dicen que lo breve si es bueno es bueno dos veces. Y no todo el mundo puede decir lo mismo. “Progre” puede ser el Obispo del Matogrosso o el tristemente asesinado Monseñor Romero y forman parte de la iglesia por más que se trate de ocultar. Este blog sale citado en Intereconomia y sigo participando en él, aunque esa cadena, al igual que la Sexta, no sea frecuentada por estos ojos que Dios me ha dado. Si odiamos un extremo nos convertimos en el otro y eso no es lícito en un blog de religión y creo que tampoco en la vida. Siento haberle defraudado….

  3. Miguel Ángel dijo:

    Hay cosas que dicen los miembros de la iglesia que no comparto, pero las guardo en secreto, las omito, las hago y cuando deba dar cuentas a Dios ya las daré, eso y esas cosas quedan entre él (Dios)y yo.

    • Alvaro dijo:

      Creo que se le entiende lo que quiere decir, pero me temo que lo he dicho de un modo algo farragoso en el que primero dice que guarda lo que no comparte, luego que omite y hace una misma cosa y finalmente que responde ante Dios por algo que no queda claro si hace, omite, comparte o rechaza… (uf, qué lío)

      A ver, que creo que le he entendido perfectamente: su postura es la de no ir exteriorizando su oposición a lo que no comparte y, en lugar de eso, prefiere simplemente actuar según su criterio. Puesto que vd opina que lo que hace es correcto, no cree que haya razón para confesarse por ello (y puede que tenga razón, faltaría más), de modo que pospone al momento postrero el rendir cuentas ante Dios por esos actos y esas decisiones, de modo que sea Él Quien decida.

      Lo que pasa es que le quedó un párrafo que recuerda al “Como alcalde vuestro que soy os debo una explicación, y esa explicación que os debo os la voy a dar porque os la debo”, del inolvidable “Bienvenido Mr. Marshall” y, con lo guasón que soy, no he podido evitar entrar al trapo… 🙂

      Un saludo.

  4. Miguel Ángel dijo:

    Mi relación primera es con Dios, luego lo que venga y digo esto porque hay gente que no lo hace así y confunde a Dios con la institución y la antepone a todo y vive en un sin vivir que no lo cura ni con vitamina C y las cabezas se van y luego se mezclan temas y vienen los malos entendidos y los problemas. Primero y ante todo, me reitero, creo en Dios y luego lo que venga.

  5. silver price dijo:

    La Conferencia Episcopal Española presenta esta mañana en rueda de prensa el documento titulado “La Verdad del amor humano. Orientaciones sobre el amor conyugal, la ideología de género y la legislación familiar”, aprobado por la plenaria de la CEE en su última reunión, el pasado 26 de abril. El documento, dividido en seis partes, pone las bases de la concepción cristiana del matrimonio y de la familia, fundamentada en la naturaleza humana y en el bien común de la sociedad. Las partes del documento son: La verdad del amor, un anuncio de esperanza; La verdad del amor, inscrita en el lenguaje del cuerpo; El amor conyugal: «Como Cristo amó a su Iglesia» (Ef 5, 25); La disolución de la imagen del hombre; Amor conyugal, institución y bien común; y Hacia una cultura del matrimonio y de la familia. El texto concluye señalando la misión y el testimonio del matrimonio y de la familia.

  6. Alvaro dijo:

    Estimado Miguel Ángel:

    Suponía que el tema de los anunciantes de La Sexta había quedado zanjado en la entrada correspondiente. Es por ello que sólo le contesté sobre la cuestión de la Iglesia, el condón y el SIDA, respecto a la cual vd había citado el falso mantra progre de la Iglesia como culpable de la extensión del SIDA por razón de su oposición al uso del condón (lo cual hace al contestar a mi comentario sobre lo oportuno del documento de la CEE con un “Pues le diré una cosa Don Álvaro el uso del condón en según que situaciones y lugares salvarían muchas vidas por la terrible enfermedad del sida”).

    En ese sentido, le aporté sobrada información relativa a que la oposición de la Iglesia al uso del condón no es como la pintan (frontal, dogmática, simplista e irracional; es una imagen que sólo se sostiene aceptando que la Iglesia es el vejatorio estereotipo caricaturizado que los progres hacen de ella) sino que se trata de una postura razonada, informada, matizada, lógica, coherente y sobre todo humanizadora y sana.

    En esta línea, agregué la información sobre la política ABC de prevención del SIDA, coherente con la postura de la Iglesia y que sí incluye el uso del condón: la diferencia con el enfoque progre radica en que no se basa exclusivamente en el condón como patente de corso para el sexo irresponsable, sino que se basa en el fomento y la educación en la responsabilidad y en la humanización de la sexualidad como elemento fundamental de la personalidad (y el condón, para quien rechace actuar con sensatez).

    A todo esto debería añadir que es la Iglesia la que, a través de numerosas organizaciones, cuida a la mayor cantidad de enfermos de SIDA en todo el mundo, de modo que su implicación con la resolución del problema es indiscutible y su conocimiento de esta lacra y de sus consecuencias es absoluto y de primera mano.

    Dice vd que “No valoro a las personas por sus ideas, lo hago por sus actos”, pero en cambio ignora tanto las ideas como los actos de la Iglesia y cae en el simplismo de la soflama progre que falsamente acusa a la Iglesia de la extensión del SIDA.

    Así pues, dije que vd me defraudaría si no hacía honor a la verdad, y vd mismo reconoce que opta por defraudarme, es decir, por abrazar la falacia para rechazar los hechos. Es su libre decisión, como es al mía el poner los hechos ante sus ojos por si quisiera verlos (ya que poder, puede).

    Más cosas: su afirmación “Si odiamos un extremo nos convertimos en el otro y eso no es lícito en un blog de religión y creo que tampoco en la vida” es sencillamente falsa.

    Por una parte, porque no todo son dicotomías: si odiamos a los que circulan a 200 km/h en la autovía por lo peligrosos que son, no nos convertimos en vehículos agrícolas que circulen a 30km/h, igualmente peligrosos; si odiamos la enfermedad por lo peligrosa que es, no nos convertimos en hipocondríacos, lo cual es una enfermedad más; si odiamos unos determinados comportamientos por lo perniciosos que son, no nos convertimos en furiosos represores de ellos, igualmente perniciosos, etc. Recuerde que “los extremos se tocan”, de modo que a menudo lo opuesto a un extremo no es el otro extremo sino el medio.

    Por otra, porque hay cuestiones que sí son dicotómicas, y en ellas no sólo es lícito sino que es obligado el posicionarse a un lado o al otro de la frontera que las separa: si odiamos la mentira nos situamos en la Verdad (y viceversa), si odiamos el pecado nos situamos en la virtud (y viceversa), etc. En estos casos, es precisamente la indefinición de querer ser una cosa y su contraria la que no es lícita.

    Finalmente, habla vd de la gente que “confunde a Dios con la institución y la antepone a todo” (etc, etc). Desde luego, Dios y la Iglesia no SON lo mismo, ya que el primero es un ser divino y la segunda es una institución humana, y en ese sentido no creo que nadie los confunda.

    El problema es que Dios está en la Iglesia y la Iglesia participa de Dios, como el propio Cristo dejó dicho en (Mt 16, 18): “Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella”, cosa que no podría garantizar si no la hubiera hecho partícipe de Su divinidad.

    Así pues, aunque la Iglesia como institución humana pueda equivocarse (y de hecho no son pocas las ocasiones en que lo ha hecho a lo largo de su historia), eso no es razón para rechazarla, como no se puede rechazar a una madre alegando que se haya equivocado al poner la sal en la tortilla. La Iglesia administra la Palabra de Dios, Cristo designó a la Iglesia para anunciarla al Mundo y es por tanto en ella donde se encuentra el camino para llegar a Dios.

    Dice vd que “luego se mezclan temas y vienen los malos entendidos y los problemas”, pero tan problemático es el mezclar temas que no tienen relación centre sí como el tratar independientemente temas que existen unidos: al concebir a la Iglesia como algo netamente humano y desconectado de Dios es precisamente cuando no se entiende nada, como queda patente.

    Así, acepta vd esta falacia cuando dice que vd se relaciona con Dios en solitario e ignorando todo lo demás (lo que incluye a toda Su Obra, a la Iglesia a quien describió como Su Esposa y a Sus ministros a quienes designó para que actuasen en Su nombre). En definitiva, que puede vd ignorar el camino que Él mismo estableció, lo que es como decir que vd puede viajar de A a B sin pasar por la ruta que los comunica ¿Teletransporte, tal vez?.

    En fin, es su elección. De todos modos, reflexione sobre sus propias palabras: ya que vd ha elegido “odiar” (entiéndase “rechazar”) a ese “extremo” en el que se sitúa la Iglesia de Cristo… ¿imagina en qué extremo ha decidido vd posicionarse?

    Un saludo.

    • Alvaro dijo:

      Reflexionando sobre ellas, matizo si me permite mis palabras del comentario anterior, en el que finalizo concluyendo que vd “rechaza” a la Iglesia (lo que deduzco de su “Mi relación primera es con Dios, luego lo que venga” y de sus críticas a “la institución” y a las “cosas que dicen los miembros de la iglesia que no comparto”).

      El caso es que en otros comentarios no me ha parecido vd persona que rechace a la Iglesia como tal (por ejemplo cuando dijo “La pregunta más acertada sería; ¿Qué haces por tu parroquía en tiempo de verano?”), sino más bien alguien que la acepta sólo en parte (en ese sentido hay que tener mucho cuidado para distinguir entre la fe con criterio formado propio de las creencias “a la carta”).

      Así pues, me quedo en la duda de hasta qué punto es o no acertada la imagen que me he formado de su postura y, por consiguiente, de hasta qué punto lo son las conclusiones que he sacado de sus palabras.

      Tome, pues, mi comentario como algo condicionado a su ajuste a su realidad personal y que yo no tendría el menor problema en retirar si sus circunstancias fuesen diferentes a las que yo he deducido (como sin duda en mayor o menor medida lo serán) y, en consecuencia, extraiga del mismo lo que crea que pueda aportarle algo constructivo, si lo hay.

      Y, naturalmente, si he errado el “diagnóstico”, le pido mil disculpas y retiro lo dicho, que la cuestión no es imponer ningún prejuicio o juicio sino buscar la verdad.

      Un saludo.

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