La señora Rafaela, por alusiones

No fue fácil dar con ella. Los domingos por la tarde si el tiempo anda revuelto se echan su partidita de bingo o de julepe. Pasadas las nueve pudimos hablar por teléfono, en casa. Porque tiene móvil, pero sólo lo enciende si va de viaje. Total, como ella dice, en el pueblo se la encuentra fácil.

¿Cómo estáis? Como siempre… ¿y tú, qué tal la parroquia, y la capilla? Pues de eso quería hablarte. Porque yo creo que hay que arreglarla un poco, comprar una custodia, candelabros, manteles, pero hay gente que dice que no, que nos apañemos con lo que tenemos y que lo que hay que hacer es ayudar a los pobres. Algunos me han pedido tu opinión, así que de paso aprovecho para saludarte y que me digas qué te parece.

Qué me va a parecer…

Mira, mi marido y yo, ya sabes que vivimos solos, comemos y cenamos en la cocina, en unos platos de esos de duralex que tendrán treinta o cuarenta años. Nos va bien y no necesitamos más. No pongo ni mantel. Total, la mesa es de esas de formica o como se llame y cuando acabamos paso un paño.

Otra cosa es cuando viene gente o es fiesta. Porque yo tengo los manteles de cuando me casé, de hilo, y una vajilla que fue de mi madre. Si tengo invitados saco el mantel bueno, la vajilla de mi madre y unos cubiertos de plata que mi marido se empeñó en comprar en una oferta de esas de un banco. No es por ostentación ni por nada, que todos nos conocemos, pero me parece que es una forma de agradar al que viene a verte y decirle que es importante para ti recibirle en tu casa. ¿O es que si entrara el rey le ibas a poner un café en una taza desportillada con una cucharilla vieja de latón?

En la iglesia del pueblo nunca hemos tenido cosa que valiera mucho, y lo poco que había lo destrozaron en la guerra. Con esfuerzo nos hemos hecho con algunas cosas medio decentes, pensando que el gran invitado es Jesucristo. El copón ese bueno, lo regaló D. Antonio, un veraneante, a poco de acabar la guerra, que por cierto cuánto ayudó ese hombre a matar el hambre del pueblo en esos años, a mi familia misma nos dio para comer más de una vez.

¿Cómo no vais a poner bien la capilla? De manera que para los invitados sacamos el mantel bueno y la vajilla mejor, ¿y vamos a tener a Jesucristo poco menos que en un plato de duralex? Ni que estuviéramos tontos.

Y no hagas caso de que si los pobres. Mira D. Antonio. El que da para el Señor, da siempre para los pobres.

¿Cuándo vas a venir por el pueblo? A ver si saco un rato… Es que quiero darte algo para que esa capilla tenga algo nuestro. ¿Quieres el mantel de la abuela para hacer una sabanilla?

P.D.: Ayer expliqué en misa lo de arreglar la capilla. Pues bien, fue acabar y un señor nos ha dado un muy buen donativo para la custodia, una familia se hace cargo de los candelabros y una buena amiga de mi pueblo, aquí mismo en Infocatólica, me dejó su oferta de bordar un buen mantel. Me llegan más ofertas de vela ante el Santïsimo: padre, de momento una hora, y si hace falta más, lo que sea. Finalmente anoche tuve la llamada de un obispo felicitándonos por la iniciativa y diciéndonos que se pasará por la capilla… y no sólo una vez. Bendito sea Dios.

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2 respuestas a La señora Rafaela, por alusiones

  1. Comenzar a funcionar, es tener las cosas medio acabadas
    Ánimo

  2. Ana azul dijo:

    La señora Rafaela, siempre tan sabia.
    Enhorabuena por lo bien que te están saliendo las cosas.
    Ana

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