Anécdotas de la semana santa

Sucedidos reales. Algunos propios, otros, de varios compañeros. Pero cosas que te saltan en estas especialísimas celebraciones del triduo pascual:

– Mañana de jueves santo. Repaso total en la iglesia a todos los detalles de la celebración. Delante del monumento un enorme centro de flores que hace inútil toda posibilidad de poder dejar el Santísimo en su lugar. Lo cojo y lo coloco a un lado. Marcho al pueblo vecino a celebrar el jueves santo y al volver a la siguiente celebración, de nuevo el enorme centro tapando el paso. Lo digo: no puede estar ahí, mejor al lado, y lo vuelvo a colocar en un lateral. Y según acabo la misa y me dispongo a dirigirme al monumento ¡el centro en el medio y además con dos macetas al lado! Imposible dejar el Santísimo. Así que salté por encima de las flores, me tropecé, no se cayó el Santísimo de casualidad y conseguí dejarlo en su sitio sin más bajas que las flores por el suelo, la casulla manchada, una maceta caída y servidor que no acababa de reponerse del susto. Aún me dijeron al acabar: pero qué bruto, pero no respondí porque era jueves santo.

Viernes Santo. Un compañero exquisitamente puntilloso con la liturgia. Cada cosa perfectamente en su lugar. Los monaguillos ensayados, ni un detalle que reprochar. Una liturgia más cuidada que en manos de Marini. Todo atado y bien atado. Los lectores, de confianza. Lo que nunca pudo imaginarse es que justo después de la segunda lectura una espontánea se arrancara con el canto de un solemne aleluya. A punto de soponcio el buen cura. ¡Pero mujer, qué hace! Cantar… el evangelio y sin aleluya, qué soso…

– Otro compañero. Viernes Santo. La cruz preparada al fondo de la Iglesia, tapada con un paño morado para la entrada solemne antes de la adoración. Acaba la liturgia de la palabra y cuando llega al fondo de la iglesia la cruz no está. Horror, terror y pavor. Una señora mayor le pregunta: ¿qué busca? Pero bueno, ¿y la cruz? Ah… ¿Qué la había dejado usted ahí? Pues dije aquí a mi vecina, la cruz aquí al fondo, tapada… a ver si alguien viene y se la lleva… así que la hemos guardado en el cuartito.

Vigilia Pascual. Todo a oscuras. Una persona perfectamente instruida sobre el progresivo encendido de luces: estas en el tercer luz de Cristo, estas en el gloria… Justo cuando estamos saliendo para encender el cirio en la puerta veo que se encienden absolutamente todas las luces de la iglesia. Ataque de nervios como es natural. ¿Pero qué pasa? Y me dice un monaguillo: la señora Juana, que dice que a oscuras se van a matar y que total para andar encendiendo poco a poco mejor ahora y menos peligro. ¿Qué haces, matas a la Juana?

– Volvemos a la Vigilia Pascual. Tras la bendición del agua llega el momento de la aspersión por el templo. A la segunda, la bola del hisopo sale despedida, afortunadamente sin dar a nadie. ¿La razón? Un monaguillo molesto con el sacerdote que decidió desenroscarla prácticamente del todo. A punto de una desgracia.

– Más vigilia pascual. Bendición del agua. Me dirijo a la pila bautismal, que por la mañana había quedado llena de agua. ¡Pero si no hay agua! ¿Y el agua? –pregunto-. La he quitado yo, me responde el bueno de Antonio. ¿Y eso? Para que no jueguen los chicos, ya sabe como son… Y ahí te ves pidiendo agua como sea.

– Vigilia Pascual, hace años. Me tocó una parroquia en la que me pidieron el favor. Sin problemas. Llego con tiempo, reviso todo: cirio, velitas, agua… me entero de luces, busco alguna persona para estas cosas. Y cuando me voy a revestir… ¿y la casulla blanca? Está en el tinte… ¿Cómo que en el tinte? Sí, es que las comuniones son dentro de dos semanas. ¿Y no hay otra? Pues la verdad es que no… ¿Y qué me pongo yo para la vigilia? Pues como vea, porque de otros colores sí que hay. Pues de rojo. Y que no se entere nadie…

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11 respuestas a Anécdotas de la semana santa

  1. Maria Lopez Sanchez dijo:

    A mí me enseñaron que para Jesucristo cada uno de nosotros era “unico”, que hubiera muerto por cada uno de nosotros si hubiese sido necesario. Y me siento triste y decepcionada porque las personas que no toleramos el incienso nos vemos excluídas de las celebraciones de Semana Santa y del Domingo de Resurrección por culpa de un poco de incienso, se ve que para Jesucristo somos importantes, pero para la Iglesia es más importante un poco de incienso que un alma o unos pocos “enfermos” con problemas respiratorios que no toleramos los olores fuertes, como el incienso. Siento si no viene al tema, pero comprendan mi profunda tristeza y la de otras personas con las que he hablado, en mi caso soy de Misa diaria pero en Semana Santa me veo excluída y relegada por el incienso. Pues bueno…. disfrutarlo vosotros que podéis, a lo mejor vuelve un día en que ” el sábado está hecho para el hombre ( como en tiempos de Jesucristo ) y no el hombre paa el sábado). Lo siento pero siento un gran dolor por este tema.

    • Jorge Luis dijo:

      “excluída y relegada por el incienso”… ahora, tenemos tambíén la dictadura de las minorias en contra el incienso… pero por favor…

    • carolgar dijo:

      A uno le molesta el incienso… a otra el olor a cera de las velitas…. y un tercero tiene miedo a resfriarse con el agua del hisopo….¡ vamos, que con tanto tiquismiquis podemos acabar con la liturgia ! .La solución es buscar un lugar apropiado en la iglesia donde esas “molestias” se sufran menos, y respetar elegantemente lo que es aceptado la mayoria

  2. Los jueves Santos… ejem…. no se pueden decir algunas cosas que quisiéramos decir, aunque sea en alemán. ¡Que cosas, caballeros!
    A mí también me molesta el incienso por el asma. Me pongo de los últimos… y a tirar palante.
    Por lo demás comprendo a los que tienen la enfermedad más sensible.
    Yo tengo mis mascarillas para entrar siempre, porque siempre huele … a Templo.
    Los hermanos ya están acostumbrados a verme. ¡No passa ná!
    Por lo demás el monaguillo tenía que hacer “vengación” por algunas palabrejas que le habría soltado alguien, por un desacato del chiquillo. Lo perdonamos y yastá.
    Feliz y recogida semana para todos
    En dos días, Cristo resucita, y todos podemos regocijarnos de ello y de nuestra salvación eterna.
    En Cristo

  3. Dolega dijo:

    ¡jaajajaj Me ha encantado lo del Cristo en el cuarito!
    Preciosas anécdotas de la vida cotidiana dela iglesia.
    Besazo
    PD: Y no, no puedes matar a la Juana 😛

  4. Asun Balonga dijo:

    Padre Jorge:
    Hace unos días que sigo su blog y me gusta mucho…a veces me conmueve, otras me divierte…como la entrada de hoy con la que he podido reírme de verdad.
    Creo que tener sentido del humor es muy importante y para un sacerdote, con todo lo que tienen que aguantar ¡más!.
    Muchas gracias.
    Sólouna pequeña matización esperando que no le moleste : eso de “profesión” me chirría un poco, ¿no sería más ejemplar hablar de “vocación” ?, no sé, digo yo, para que no le confundan con un bombero :-)))
    Amablemente
    Asun

  5. Blanca dijo:

    Es gracioso, se podía hacer un anecdotario de cosas así…. Que se nos escapan de las manos….
    http://www.isladesentimientos.es/

  6. José Ronaldo dijo:

    Gajes del “oficio” de cura. Claro, los fieles con enorme frecuencia no reparamos en estas cosas; muy graciosas anécdotas. De lo que sí estoy seguro es que Dios ve estas cosas con “ojos de Padre y no de liturgista”. La idea de Blanca es buena: publicar un anecdotario…un pequeño y simpático aporte al Año de la Fe; seguro que más de alguna editorial y librería católica daría su visto bueno.

  7. Ana azul dijo:

    Hoy me reído contigo Jorge. Al fin y al cabo son anécdotas de personas que querían ayudar. Buenos cristianos con demasiada predisposición. Feliz domingo de resurrección. Besos
    Ana

  8. Pilar Ochoa dijo:

    Buenos cristianos, sí, pero creo que falta que los sacerdotes expliquen más y mejor, con cierta frecuencia, el lenguaje de los gestos, el significado de las acciones, el porqué de las palabras y los ritos… Porque, en general, los fieles echamos mano de la rutina y, lo que es peor, de la imitación de quienes nos rodean. De pena.

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