No se conformen con ir hacia la frontera: ¡SALTEN!

Nunca me gustaron los chantajes. Por eso cada vez que alguien amenaza con irse de algún sitio si no se le hace caso mi respuesta es la misma: corre, que para luego es tarde. Adiós.

Esta mañana, uno más que viene amenazando con que son no sé cuántos los cristianos que se están yendo hacia la frontera. Se llama Víctor López y no sé quién es y para lo que nos ocupa me importa bien poco, ya que el problema es el chantaje de toda la vida: oigan, que como nos parece que la jerarquía no hace ni dice lo que mis coleguis y yo creemos que debe hacer y decir, pues que lo mismo nos empezamos a deslizar hacia la frontera.


Aquí hay unos cuantos iluminados que han recibido el Espíritu Santo de forma peculiar y han sido los destinatarios de esa verdad recibida de lo alto que no les fue dada a conocer a gente tan curiosa como Juan Pablo II, Teresa de Calcuta o Benedicto XVI. Tampoco llegaron a vislumbrarla grandes teólogos, eminentes obispos o cardenales, ejemplares religiosos y religiosas, laicos comprometidos por todo el orbe que viven en perfecta comunión con la Iglesia. Nada. Tuvo que ser el tal señor López el que por encima de cualquier otro mortal ha recibido la gran revelación sobre la realidad de la iglesia actual y en consecuencia “profetiza” llamando de todo menos bonitos a los obispos. Bueno, no solo el tal López, porque el tal Tamayo también ha recibido un oráculo según el cual Juan Pablo II, por ejemplo, era enemigo de Jesús y del evangelio. Pues si lo dicen Tamayo y López qué más podemos añadir.

Lo que no me casa es la consecuencia. Lutero selló sus disquisiciones con las tesis y la ruptura. Enrique VIII auto nombrándose jefe. Al menos echaron dos narices. Estos no. López confiesa que escribió el libro por cabreo. Hace bien. Cada cual tiene sus motivos. ¿El motivo? Pues que según él, ya saben, el último profeta, los obispos hablan de moral sexual y de aborto, pero no de justicia social. Mala memoria, señor López, muy mala. Otra cosa es que no digan exactamente lo que usted quiere que digan, pero así son las reglas de juego.

Es muy viejo eso de la Iglesia conservadora que no quiere saber nada con los pobres, y que mucho hablar de aborto pero mudos ante la injusticia social. Madre Teresa es el gran ejemplo. No hace falta ir lejos. Ahora mismo le podría citar montones de parroquias de Madrid, de las que ustedes llamarán “muy conservadoras” con un trabajo social y unos proyectos de Cáritas que ya los quisieran los tan liberales.

La mayor verdad que dice es que “Por suerte dentro de la Iglesia nos queda esa libertad: la de podernos ir si queremos. Aunque sea muy triste”. Esa es la gran diferencia entre la Iglesia y países como Cuba o Corea, que aquí se puede entrar y salir con total libertad. Pero permítame un consejo, hermano López, si esta Iglesia le aleja de Cristo y de los hombres no se conforme con ir hacia la frontera: SALTE. En el mundo encontrarán mil iglesias mucho más acordes con su forma de pensar y de vivir el evangelio. No tenga miedo.

Pero sobre todo no se quede en la frontera, que ya saben los amantes de los pobres que son mal lugar para sobrevivir. Ni se conformen con estar entre Pinto y Valdemoro, como aquel pobre borracho que puso en remojo su trasero en el arroyo que deslindaba sus términos. Tomen una opción. Y sean valientes. Den ejemplo de coherencia, de libertad evangélica, de arrojo, de entusiasmo. Salten.

Déjennos a los pobres carcas cavernícolas en esta Iglesia retrógrada, carca, conservadora y rancia, en la de Francisco, Benedito, Juan Pablo II, en la de Rouco, Suquia, Tarancón y Morcillo, en la del obispo que nos llegará cuando el santo padre quiera.

Nosotros somos conservadores, timoratos, moralistas y básicamente antievangélicos. Ustedes no. SALTEN de una vez la frontera. Sean libres. Y cuando estén al otro lado nos mandan una postal y nos cuentan si hace frío. Nosotros se lo agradeceremos mucho.

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2 respuestas a No se conformen con ir hacia la frontera: ¡SALTEN!

  1. José Ronaldo dijo:

    De acuerdo totalmente con usted.
    Los curas, obispos y demás, pueden y deben hablar de justicia social (y vaya si no lo han hecho enfáticamente en épocas recientes), pero ése es un ámbito de discusión y acción que nos corresponde más directamente a los laicos: ¿dónde están los dirigentes sindicales católicos que hablen de ello? los empresarios católicos que promuevan justicia social en sus empresas? los rectores, profesores y estudiantes universitarios católicos que se pronuncien al respecto? los artistas (escritores, cineastas, pintores, músicos…) que aborden en su trabajo estos tópicos? los articulistas, locutores, presentadores y ejecutivos de medios de información diversa que promuevan debates y orienten al respecto? los dirigentes políticos católicos que hagan de la justicia social su discurso y afán parlamentario primordial?
    Es a nosotros (y con nosotros también a nuestra jerarquía) a quienes corresponde hablar de estas cosas, en los distintos ámbitos de vida en donde nos desenvolvamos.
    Lo que sucede es que a una gran cantidad de fieles nos faltan argumentos (formación) y cojones (carácter) para hacer de nuestra vida una praxis diaria de evangelio y profetismo.
    Y claro, irresponsablemente esperamos que la jerarquía haga nuestro trabajo y cubra nuestro compromiso.

  2. Blanca dijo:

    Saludos, Jorge,
    Hay un monumento en León, donde nací, de Guzmán el Bueno. Es una estatua grande de bronce sobre una columna y está apuntando con un dedo a la Estación de Renfe… Siempre contaban, recuerdo, que quería decir.” Si no te gusta León, ahí tienes la estación”….Es decir “:¡¡Márchate!!”.
    Esto lo aplico yo a esos eternos descontentos de la Iglesia…
    ¡¡Que se vayan pero que no traten de descalificarla desde dentro, que es una acción muy traidora!!…
    Un abrazo y FELIZ NAVIDAD!!

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