Un trapense apoyando y organizando las estrategias de “Podemos”

 En este mundo “hay gente pa tó” y vida cual se monta su vida como mejor quiere o puede. Vivimos en un país de libertades y a partir de ahí uno puede decidir ser monje, banderillero, vendedor de castañas, cultivador de champiñones, soltero, casado, político ejerciente, vendedor de sueños o controlador de nubes. El matiz está en que no todas las opciones son posibles a la vez, simplemente por una cosa llamada incompatibilidad de vida.
En la Iglesia siempre se ha tenido en gran veneración la vida de monjes y monjas contemplativos. Hombres y mujeres que salen del mundo, voluntariamente entran en el claustro –clausura- y dedican toda su vida a la contemplación y a la oración por el mundo y sus necesidades. Naturalmente si los monasterios son lo que se supone que deben ser, y los monjes y monjas comprenden qué sentido tiene lo de encerrarse voluntariamente alejados de la vida mundana para dedicarse a la contemplación, pues todo resuelto.

El problema es que de repente han comenzado a aparecer monjes y monjas contemplativos que han decidido que lo suyo no es el claustro, sino el andar de la ceca a la meca, en un culeo de por aquí asomo y por allá traspongo, organizando ONGs, colectivos, luchas ciudadanas, movimientos sociales, participando en spots televisivos o moviéndose por ese mundo que se había abandonado más que el baúl de la Piquer.

Conocidas son en esta forma de entender el claustro la benedictina Teresa Forcades y el dominica Lucía Caram, que parece ser que no encuentran sentido a lo de la clausura y juegan la primera a pontificar de lo humano y lo divino y a predicar a tiempo y a destiempo, especialmente esto último, y la segunda a ser Hija de la Caridad pero a lo benedictino contemplativo que es un sancocho de no fácil digestión.

Nos ha salido ahora un monje cisterciense de la estrecha observancia de Santa María de Huerta, José Antonio Vázquez, al que por lo visto también le parece poco lo de abrazar la clausura, el silencio interior, la oración por el mundo, y miren por dónde ha descubierto que su vocación de trapense encuentra su mejor expresión en organizar la rama “espiritual” de “Podemos”, “lo más democrático que hay en España” –que sí, que eso dice el monje-, y de paso conseguir una espiritualidad “abierta” donde quepa todo lo que sea menester.

El primer cachondeo es llamar a esto “espiritualidad progresista”, porque ya se sabe que si algo no es progresista es un fracaso total. De momento mañana sábado tienen una reunión en Madrid, en Vallecas, a la que asistirá el monje que, por cierto, aún no ha tenido tiempo de hablar de esta movida con el superior. Lo comprendo, ya dice él mismo que “hablar de la Jerarquía Católica es hablar de una abstracción…”

Las cabezas se vuelven tontas. Parece ser, según lo que nos cuenta este monje –porque con los papeles en la mano debe serlo- que los trapenses de toda la vida, sí, esos callados, que apenas hablaban más que lo indispensable e incluso empleaban el lenguaje de signos, sí, esos de clausura rigurosísima, esos mismos que han dado a la iglesia española un santazo de la talla de fray Rafael María Arnáiz, eran gente alejada del mundo, ajena a las realidades de la gente, insolidarios y cerrados, que se dedicaban a la contemplación y el silencio en lugar de montar sus grupos efectivos de apoyo a partidos políticos y pasarse el día viajando para pedir el voto para un grupo político partidario del aborto, anticlerical, que tiene como modelo la Venezuela de Chávez y Maduro, apoya a los presos etarras, justifica el terrorismo y defiende el marxismo radical como vía de convivencia.

Por si nos quedaba duda de por dónde anda el monje, no se pierdan esta perla: “Sor Lucía Caram calificó a Pablo Iglesias como un verdadero contemplativo… lo cual es un buen aval…”.

Me hago una pregunta: san María Rafael Arnáiz, cisterciense, hermano de hábito de José Antonio Vázquez, ¿qué pensaría de la aventura de este hermano? Pues eso.

O mejor dos preguntas… ¿dónde anda el padre abad? Porque algo podría decir, aunque fuese por señas…

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6 respuestas a Un trapense apoyando y organizando las estrategias de “Podemos”

  1. Blanca dijo:

    Saludos Jorge,
    COPIO PORQUE NO PUEDO APORTAR NADA:

    ►¿Qué hace un monje como usted en un círculo como éste?
    Me hago una pregunta: san María Rafael Arnáiz, cisterciense, hermano de hábito de José Antonio Vázquez, ¿qué pensaría de la aventura de este hermano? Pues eso.

    O mejor dos preguntas… ¿dónde anda el padre abad? Porque algo podría decir, aunque fuese por señas…◄
    NO COMPRENDO TODA ESTA GENTE QUE CITAS, Y TODOS CONOCEMOS….QUÉ FUE LO QUE LES LLEVÓ AL MONASTERIO Y SI ENSU NOVICIADO….FUERNOS NOVICIOS NORMALES O…..se veía ya por donde iban a tirar……
    Y me pregunto plagiando tu anterior pregunta:” ¿dónde anda el padre abad?”…
    Esto es como una telenovela….A ver qué sigue pasando …
    Un abrazo

  2. Myrian dijo:

    Sin lugar a dudas yo creo que los humanos hemos perdido el norte y con la mal llamada democracia todo es muy válido, no importa que. Y si los Religiosos que, se supone son los que tienen más obligación de dar y predicar con el ejemplo, andan con estas salidas fuera de lugar y lejos de lo que son sus obligaciones pues…apaga y vamonos, que nos queda ya…ay mi madre, el día menos pensao me encuentro con Pablito en los altares…que yo no se si es merecedor o no y Dios me libre de juzgarle, pero hablamos de un político y con todos mis respetos yo estoy en que no es creyente, pues nada, a ver si encontramos al Abad y nos explica algo!

  3. Pilar dijo:

    Me he carcajeado y he sentido pena a la vez. Tenemos que rezar mas unos por otros .

  4. carolgar dijo:

    En vez de” Buscar a Wily ” habrá que ” Buscar al padre abad y a la madre abadesa”……Verdaderamente, algunos, más que conventos, parecen” La Casa de la Troya “……

  5. Carmen Lopez dijo:

    A mi, personalmente, me gusta que el padre abad y la madre abadesa guarden silencio. Me gustan los modos de nuestra Iglesia. Echarlos sería un testimonio mucho mas triste aún, porque se les regalaría un victimismo que es lo que están deseando. Nuestra Iglesia acoge, espera, respeta. Es madre y es humilde.
    Menuda penitencia tienen todos los religiosos que soportan a personas así en sus conventos. Por ellos también habrá que rezar.
    Son para vomitar, desde luego.

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